Como en 1846-1848, México tiene un presidente que responde con balbuceos ante las amenazas

 

  • Presidentes como Miguel Lerdo de Tejada o Benito Juárez sabían negociar con Estados Unidos. El gobierno mexicano causó la miseria de 40 millones de mexicanos en extrema pobreza, no Trump. Nuestro país debe resolver primero lo que ocurre adentro, su corrupción y desigualdad social, advierten investigadores mexicanos

Antonio López de Santa Anna.

 

El presidente actual de Estados Unidos no fue quien colocó en peligro a 40 millones de mexicanos en extrema pobreza ni quien estableció los salarios mínimos, ni es el causante de la corrupción, sino el gobierno mexicano, dijo Luis Alberto de la Garza, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

 

Además, dijo De la Garza se necesita un gobierno de unidad nacional que encabece la política de defensa de nuestros intereses. Sin embargo, añadió, como durante la guerra de 1846-1848 contra Estados Unidos, cuando nuestro país perdió gran parte de su territorio, hoy tenemos un presidente en el que desconfiamos, y que responde con balbuceos ante las amenazas, subrayó.

 

México, prosiguió De la Garza, nació con perspectivas de ser una nación importante, pero enfrentó una serie de problemas que hasta ahora no han sido resueltos: no hay un espíritu nacional, el federalismo es “poco federal” y no ha funcionado, y existe una sociedad marcada por desavenencias.

 

La popularidad del Presidente es la más baja de los últimos mandatarios y cabe preguntarse si así se puede responder a los ataques.

 

Por su parte, Silvestre Villegas Revueltas, del Instituto de Investigaciones Históricas, recordó que la relación con EU nos define como país desde finales del siglo XVIII en tres aspectos: desprecio, admiración y asimetría

 

Para tener una política en el exterior efectiva y enfrentar las amenazas que vienen de fuera, una nación debe resolver sus problemas internos. De ese modo, México debe resolver primero lo que ocurre adentro, coincidieron ambos académicos de la Universidad Nacional.

 

En tanto, Silvestre Villegas Revueltas, del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH), ejemplificó que si un integrista islámico cruzara la frontera entre México y la Unión Americana y pusiera una bomba en Los Ángeles, y los servicios de inteligencia estadounidenses dijeran que llegó desde nuestro territorio, y aquí no fuimos capaces de detectarlo ni detenerlo, sería una razón para una invasión, como ya ha ocurrido en el pasado.

 

Por eso es tan importante, dijo Villegas Revueltas, asegurar lo que ocurre dentro y desde esa posición de fuerza decir que es mentira; además, brindar evidencia de que efectivamente hay un bloqueo, aunque eso implicaría ponerse en un plano policiaco persecutorio.

 

Ambos especialistas hablaron durante la conferencia de medios efectuada en Ciudad Universitaria, titulada “A 169 años de que México cediera más de la mitad de su territorio a EU ¿estamos nuevamente en peligro?”.

 

De la Garza explicó que no hemos aprendido de nuestra vecindad con EU y repetimos una serie de torpezas: la idea de ser “buenos”, portarnos “bien”, atender recomendaciones, y no pensar en lo que somos y deberíamos hacer frente a la mayor potencia del mundo.

 

Desde sus inicios, el país vecino del norte ha tenido una voracidad territorial expansionista y ha sido consecuente. Hoy no nos enfrentamos a nada nuevo: a una política de presión, agresiva, de amenaza, que si no encuentra resistencia sigue adelante, y si la encuentra, es capaz de negociar, consideró el académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

 

La guerra con Estados Unidos de 1846-48 estaba anunciada mucho tiempo antes de suceder, y la política mexicana se mostró incapaz de hacer frente al problema, indicó De la Garza al señalar que la inestabilidad política y los cambios de gobierno provocaron que México no se ocupara de los territorios que finalmente se perdieron.

 

Los diferentes grupos se atacaban entre ellos y el “conductor” de la guerra estaba deslegitimado. “¿Qué clase de país es éste en donde, incluso cuando estamos en peligro, nos pateamos entre nosotros antes que enfrentar al enemigo?”, cuestionó.

 

 

A su vez, Villegas Revueltas recordó que la relación con Estado Unidos nos define como país desde finales del siglo XVIII. Se trata de una especie de continuo que se concreta en tres aspectos: desprecio de ellos hacia nosotros, admiración de nosotros hacia ellos, y asimetría entre ambos en el comercio y el desarrollo, entre otros aspectos.

 

Lo más importante es ver hasta qué punto podemos convivir, opinó. Políticos como Miguel Lerdo de Tejada o Benito Juárez sabían negociar, incluso, este último escribió que México no debe esperar, ni conviene que espere, que otros estados o individuos hagan lo que el país debe hacer por sí mismo. Si permitimos que otros nos hagan un favor, lo cobrarán con intereses, y no hay duda de que las deudas con los estadounidenses salen extraordinariamente caras.

 

Se debe entender, puntualizó el historiador, que el origen del problema es que ni los gobiernos ni el empresariado mexicanos han sido suficientemente eficientes en la creación de empleos y en evitar que los connacionales crucen la frontera.

 

Hoy queda negociar y proteger la mano de obra mexicana aquí y allá, y los miles de millones de dólares producto de las remesas, casi equivalentes a la inversión extranjera directa en nuestro país. Asimismo, aprovechar la oportunidad que puede significar el retorno de trabajadores bien capacitados.

 

En otros momentos de la historia, en 1878, hubo un problema de robo de ganado e incursión de “indios bárbaros” en la frontera, y EU amenazó al presidente Díaz con invadir si no ponía orden; también lo hizo con Carranza.

 

Si Trump dice que el crimen organizado es un atentado para la soberanía de la Unión Americana y exige arreglarlo, si los problemas internos de México se convierten en un conflicto para los intereses del vecino, como ya ha ocurrido antes, habrá que lidiar con ello, finalizó Villegas Revueltas.