Recuperan un símbolo emblemático de la Ciudad de México

 

  • La estatua ecuestre de Carlos IV, El Caballito fue restaurada integralmente
  • Fue creada por Manuel Tolsá en 1802
  • Por más de 200 años ha sido testigo de la historia, de la vida diaria y de los grandes acontecimientos que han transformado al país
  • Colaboraron en su recuperación 157 investigadores y técnicos de diversas disciplinas del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de la UNAM

 

 

Uno de los símbolos emblemáticos de la Ciudad de México recuperó su antiguo esplendor, el que tenía hace dos siglos. Se trata de la estatua ecuestre de Carlos IV, El Caballito, creada en 1803 por el arquitecto y escultor Manuel Tolsá.

 

Después de un exhaustivo proceso integral de restauración, que requirió el esfuerzo interdisciplinario de químicos, físicos, biólogos, geólogos, arquitectos, restauradores e historiadores, fue entregada por el Gobierno de la República a la Ciudad de México, después de haber sufrido graves daños por la imprudencia de funcionarios anteriores del Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México.

 

Liliana Giorguli, coordinadora nacional de Monumentos Históricos del INAH fue la encargada de la reparación de uno de los grandes símbolos de la Ciudad de México que hasta el siglo pasado se encontraba en la confluencia de importantes arterias de la capital mexicana, Paseo de la Reforma, Avenida Juárez y Bucareli.

 

Liliana Giorguli dio a conocer los detalles de la restauración que requirió la participación de 157 especialistas durante el proceso.

 

Giorguli recordó que la estatua se realizó con un positivo en cera y con la elaboración de un núcleo refractario para ser vaciado en una sola colada y a lo largo del siglo XIX El Caballito fue sometido a diversas restauraciones, primero en 1858, posteriormente en los años sesenta y setenta del siglo XX.

 

Al ser creada en 1802, dijo la restauradora mexicana, Manuel Tolsá dedicó más de un año para dar el bello acabado a la estatua con cincelado y la aplicación de injertos, parches y pernos.

 

 

Para realizar los estudios, mencionó Giorguli , se incorporó a especialistas de las facultades de Ingeniería y Química de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto de Física de la UNAM, así como la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, con asesoría de profesionales del grupo de trabajo de metales del Comité para la Conservación del Consejo Internacional de Museos.

 

La restauración requirió la más alta tecnología mediante ultrasonido y espectometría de difracción de rayos X y entre las metas se tuvo, el respetar los materiales constitutivos, además de realizar limpieza de corrosión, suciedad y estratos pictóricos, además de la desalinización, la inhibición de corrosión y la regeneración de óxidos de cobre para lograr la unidad visual, la estabilización material y la unificación de aspectos y acabados de la escultura.

 

En el proceso de restauración los especialistas lograron identificar que la escultura estaba recubierta con una capa de óleo aplicada por Manuel Tolsá.

 

Se resanaron grietas y espacios de filtración y se colocó un recubrimiento de protección para después recuperar su tono olivo parduzco, mismo que fue descrito en 1814 por Alexander von Humboldt.

 

Los estudios científicos realizados durante la restauración, confirmaron que recubría toda la pieza que mide casi cinco metros de altura, por cerca de cinco metros de largo, con un peso aproximado de 13 toneladas y que contiene cobre, plomo, estaño, así como una estructura interna de hierro forjado.

 

 

La secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, encabezaron, el miércoles 28 de junio, la ceremonia de develación del monumento emblemático que forma parte del patrimonio histórico cultural de México.

 

María Cristina García Cepeda afirmó, en la Plaza Tolsá del Centro Histórico, que “gracias a la colaboración entre instituciones y la dedicación de los especialistas del INAH, es posible apreciar nuevamente en todo su esplendor este monumento, emblema y orgullo de la Ciudad de México que por más de 200 años ha sido testigo de la historia, de la vida diaria y de los grandes acontecimientos que han transformado al país”.

 

La secretaria de Cultura recordó que la estatua de El Caballito ha sido considerada en múltiples registros pictóricos y fotográficos y está fuertemente arraigada a nuestra memoria e identidad desde 1803 cuando Alexander von Humboldt presenció su inauguración y la comparó con la de Marco Aurelio en la ciudad de Roma.

 

María Cristina García Cepeda reafirmó el compromiso del Gobierno de la República que con la investigación, la protección, custodia y difusión del patrimonio e identidad cultural del pueblo de México que “salvaguardan el legado de los mexicanos, lo que fortalece la memoria de la sociedad y nos ayuda a interpretar el presente y a construir el futuro”.

 

 

Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno de la CDMX, celebró que de nueva cuenta, en un trabajo coordinado, se enriquezca el patrimonio cultural de la ciudad y subrayó el trabajo que se realizó con el INAH y los profesionales que participaron en esta intervención.

 

El mandatario capitalino agradeció las técnicas científicas utilizadas para el rescate de la figura ecuestre que vuelve a mostrar el esplendor que tenía para el regocijo de los visitantes del Centro Histórico y de la Plaza Tolsá, donde se encuentran el Museo Nacional de Arte y el Palacio de Minería.

 

Finalmente, Arturo Balandrano, coordinador nacional de Monumentos Históricos del INAH, dijo que al estudiar el núcleo de la base de la estatua se confirmó que tiene un buen estado general y que en sus soportes metálicos no hay oxidación.

 

Durante los trabajos se preservó la cápsula del tiempo que contiene monedas y documentos introducidos durante el traslado de la pieza de la glorieta de El Caballito a la Plaza Tolsá en la calle de Tacuba, citó finalmente Balandrano.