Envejecen al cerebro las experiencias traumáticas

Envejecen al cerebro las experiencias traumáticas

 

  • Un estudio descubrió 15 vivencias que envejecen al cerebro por lo menos cuatro años al generar un alto estrés y ponen en riesgo de demencia y alzhéimer a quienes las viven
  • Expertos de la Universidad de Wisconsin, responsables del estudio, señalan cómo evitar ese daño

 

 

En la vida ocurren incidentes inesperados que transforman negativamente el entorno de las personas generando gran estrés a quienes los sufren. Algunos tienen la suerte de vivirlos una sola vez y de viejos. Pero a otros les toca recibir varios de esos golpes a edades tempranas cuando se es más frágil. A pesar de que la mayoría se recupera y sigue adelante, a la luz de nuevas investigaciones esos eventos traumáticos dejarían secuelas en el cerebro que solo se manifestarán después.

 

Un estudio recientemente publicado por SEMANA Publicaciones encontró los 15 escenarios de la vida más estresantes que provocan el envejecimiento del cerebro por lo menos en cuatro años. En la infancia, repetir un año escolar, ser expulsado del colegio, la muerte de un progenitor o vivir con padres que abusan de drogas o alcohol serían algunas de esas vivencias extremas.

 

En los adultos las más impactantes son la muerte de la pareja, seguida del divorcio, ser despedido del trabajo y estar desempleado por mucho tiempo, así como las malas relaciones familiares y las rencillas laborales.

 

Los especialistas de la Universidad de Wisconsin, responsables del estudio, encontraron que vivir solo uno de estos eventos equivale a cuatro años de envejecimiento cerebral y a un aumento en el riesgo de demencia. Esto quiere decir que si una persona de 66 años ha pasado por alguna de estas experiencias tendrá un desempeño cognitivo similar al de una de 70.

 

Según los investigadores, el efecto se acumularía. “Encontramos que mientras más alto era el número de eventos más pobre era la salud cognitiva de los participantes”, dijo a SEMANA Megan Zuelsdorrf, experta en demografía en salud de esta universidad y autora del trabajo.

 

La investigadora reunió para su estudio a más de 1.300 personas de Estados Unidos entre 50 y 60 años, y les pidió realizar pruebas de memoria y de resolución de problemas con las cuales pretendía medir su habilidad cognitiva. Asimismo, les solicitó hacer un recuento de su vida en términos de eventos estresantes. Los resultados mostraron que mientras más experiencias traumáticas habían tenido, menor era la actividad cognitiva.

 

Este efecto fue mucho más claro en la población afroamericana, que tendió a sufrir más que los demás. Para ellos los eventos adversos predijeron con más fuerza la función cognitiva que otros factores de riesgo como la edad, la educación o la presencia del gen del alzhéimer, conocido como APOE-e4. “Esto demuestra que las experiencias tempranas en la vida determinan la salud futura del individuo”, dice Zuelsdorrf.

 

Por esa razón, expertos como María Carrillo, presidenta de la Asociación de Alzhéimer, un grupo en Estados Unidos comprometido para eliminar esta enfermedad, piensan que la salud cerebral debe ser tenida en cuenta desde la infancia y no sólo en la vejez.

 

La relación entre estrés y enfermedad física está demostrada. Según el psiquiatra y psicoanalista Ariel Alarcón, los infartos, los accidentes cardiovasculares, la hipertensión, la gastritis y otras dolencias físicas están estrechamente relacionadas con este estado. “Lo novedoso es que el estudio descubre un vínculo entre el estrés y los trastornos cognitivos, la demencia y el mal de Alzheimer”, dice el experto.

 

 

No es claro aún cómo el estrés afectaría el cerebro. Según Zuelsdorrf, investigaciones anteriores han mostrado que esta respuesta se asocia a la ansiedad y a sentimientos depresivos, así como a procesos inflamatorios en el cuerpo y disminución del volumen de la masa cerebral. Para Alarcón el daño se produciría por el cortisol circulante en el cerebro. “Esta hormona proinflamatoria que se libera en situaciones de estrés provocaría alteraciones en habilidades como la memoria, el cálculo, la abstracción, la comprensión y el análisis matemático”, dice.

 

Aunque para el estudio todos los eventos traumáticos tuvieron el mismo peso, algunos expertos sugieren que unos tienen mayor impacto que otros. La muerte de la pareja, el fallecimiento de un hijo, la pérdida de un progenitor en la infancia, el divorcio, la encarcelación, una enfermedad crónica y quedar sin trabajo son, en ese orden, los que ocuparían los primeros lugares. No es una sorpresa que la mayoría del listado tenga que ver con el duelo.

 

Para Elsa Lucía Arango, experta en medicina alternativa “los duelos enferman debido a que la pérdida es muy grande”. En el caso de la muerte de la pareja aclara que se pierde un pilar de la vida, y toca reemplazar esa función que la persona tenía. “Si me daba el sustento económico, me toca aprender a valerme por mí misma”, añade.

 

Repetir un año en el colegio también representa un duelo porque es una pérdida no solo de un logro académico, sino de las relaciones que el estudiante estableció con sus compañeros de clase. Algo similar sucede con quien es despedido de su trabajo. Según los expertos, no solo se trata de la humillación de ser retirado del grupo, algo que afecta la autoestima, sino también de la pérdida de un estado financiero y un estatus. Las calamidades como desastres naturales, en donde las personas quedan despojadas de sus bienes materiales y las guerras, también están en el listado.

 

Curiosamente entre este grupo de tragedias estresantes también se encuentran situaciones cotidianas como las relaciones difíciles con la familia política de la pareja. Aunque pelear con la suegra no parece estar al mismo nivel emocional de la pérdida de un hijo, recientes estudios señalan que este tipo de rencillas familiares y/o laborales pueden generar estrés crónico.

 

Terri Apter, una psicóloga del Newnham College de la Universidad de Cambridge, llevó a cabo una investigación para su libro What Do You Want from Me y encontró que estas tensiones se dan más entre mujeres. En una muestra de cientos de familias que se analizaron por más de dos décadas, 60 por ciento de las mujeres admitieron que su relación con la suegra y las cuñadas les había causado infelicidad y estrés crónicos.

 

Teniendo en cuenta que muchas de estas situaciones, en especial la muerte o una enfermedad, se salen del control de las personas, es importante que quienes las vivan tengan apoyo. Para Zuelsdorrf es importante reconocer que estos eventos de la vida inciden en la salud posteriormente, pero también tener conciencia de que en algunos casos como en el desempleo, las quiebras y otros momentos estresantes de la vida hay campo para la acción terapéutica y “si se interviene se podrían evitar las consecuencias”, dice.

 

Algunas terapias podrían prevenir este declive cognitivo, como la meditación tipo mindfulness, que ayuda a proteger el cerebro según han demostrado los estudios científicos. En una charla TED la psicóloga Sara Lazar, vinculada a la Universidad de Harvard, explica que el yoga y la meditación ayudan a disminuir los niveles de estrés y a reducir los síntomas de ansiedad, dolor e insomnio y mejoran la capacidad de atención. “Los resultados sugieren que podría disminuir el envejecimiento natural del cerebro”, dice.

 

También es relevante saber cuándo el estrés agudo, producto de una situación traumática, se convierte en crónico o patológico. “Si no se resuelve, enferma más”, dice Alarcón. En estos casos es necesario pedir ayuda profesional. Por eso es importante que en una sociedad como la colombiana, que además de las vicisitudes normales de la vida ha sufrido 50 años de guerra civil, exista apoyo psicológico para saber capotear estos golpes.

 

Estos son los eventos traumáticos que según los expertos de la Universidad de Wisconsin, afectan más la salud cognitiva:

  1. Repetir un año, ser expulsado o retirarse del colegio. Fracasar académicamente en el bachillerato o en la universidad o ser enviado lejos del hogar como castigo.
  2. El desempleo de alguno de los padres.
  3. Alcoholismo o abuso de drogas de uno o ambos padres.
  4. Ser despedido del trabajo y vivir desempleado por un periodo largo.
  5. La muerte de un padre en la infancia.
  6. La muerte de la pareja.
  7. El divorcio de los padres.
  8. La muerte o la enfermedad de un hijo.
  9. La infidelidad de la pareja.
  10. Problemas con la familia política.
  11. Pérdida de la vivienda por desastres naturales, fuego o inundación.
  12. Encarcelamiento o dificultades legales serias.
  13. Ser abusado sexual o físicamente.
  14. Ingresar a las Fuerzas Armadas y estar en combate.
  15. Quiebras, pérdidas financieras o quedar en la pobreza.
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