El escritor que ama los gatos recibió la Medalla Bellas Artes

 

  • “La valoro más por quienes la han recibido”, dijo Hugo Hiriart, dramaturgo, narrador, ensayista, académico y director de escena
  • “A mí lo que me gusta es hacer nada y luego leer, y luego dar clases y en modesto cuarto lugar, escribir algo”

 

 

A los 75 años, Hugo Hiriart Urdanivia, un amante de los gatos, un escritor modesto, huraño, introvertido, ajeno a los homenajes, esta vez aceptó recibir del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) por sus tareas de dramaturgo, narrador, ensayista, académico y director de escena, la Medalla Bellas Artes.

 

Hugo Hiriart Urdanivia nació en la Ciudad de México el 28 de abril de 1942. Realizó estudios de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde tuvo como maestros a Ramón Xirau, Alejandro Rossi, José Gaos y Luis Villoro, entre otros, y de pintura en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda del INBA.

 

En una entrevista Hugo Hiriart, previa a recibir esa Medalla, habló de lo que le gusta hacer… del alma de los gatos.

 

Mientras contestó las preguntas en una entrevista, acaricia a un gato. “Tengo cuatro gatos cuyos nombres varían de acuerdo a su estado de ánimo. Uno de ellos es un ‘Einstein de los gatos’, muy asombroso, inteligente, curioso”.Y recordó: “Una vez hablé con Octavio Paz acerca de los gatos, de cómo percibe un gato, por ejemplo, una mesa. A lo único que llegamos fue a que eso es un límite humano, no se puede saber. Yo, por ejemplo, siempre he querido saber qué piensan los gatos, pero si lo hiciéramos, le estaríamos robando su alma”.

 

“A mí lo que me gusta es hacer nada y luego leer, y luego dar clases y en modesto cuarto lugar, escribir algo”, dijo en su característico tono desenfadado Hugo Hiriart en esa entrevista difundida por el INBA.

 

Renuente a recibir premios, no obstante, la Medalla Bellas Artes, afirmó, se valora por quien la da, pero más que nada, por quienes la han recibido. “No me voy a poner rejego, a decir no quiero nada; acepté porque he sido jurado en otras ocasiones”.

 

Reflexionó y dijo: “No he pensado en recibir premios ni medallas. Bastante tengo con vivir y escribir en un país como México donde se ve a jóvenes sanos y fuertes vendiendo chicles en la calle: eso que hace que me quiera morir. Eso me podría haber pasado a mí, pero no, pude vivir escribiendo, aunque pasé años en que no tenía dinero para nada, y ya estaba casado. Pero con el tiempo, las cosas mejoraron. Hoy yo les diría a los jóvenes que resistan, aunque estén malas las cosas, que resistan y avancen, que no se dejen vencer por la adversidad”.

 

Hugo Hiriart, en un rápido recuento, recuerda con gusto el éxito que tuvo su obra teatral Intimidad en el Cervantino y en el Teatro El Granero: “Un éxito muy grande, de tal forma que nos vimos obligados a dar dos funciones diarias. Yo me subía a la parte alta del teatro (El Granero) y veían las reacciones del público. Hubo personas que se salieron del teatro, molestas con la obra, cuando se trataba de algo realmente muy divertido”.

 

Acerca de la cultura en México, Hugo Hiriart expresó no tener autoridad acerca de ello, porque, dice, “hay casos que constituyen gran parte de la cultura que no me gustan, por ejemplo, el rock, los tatuajes, los dj. Esas son cosas que a veces me hacen sentir un fantasma viviendo en tiempo ajeno”.

 

 

Y agregó: “Ya no leo mucho novela y he dejado pocas en el librero. La mayoría de los escritores hoy hacen novelas o poemas que nadie lee. En ese sentido, es extraordinario que aun así surjan grandes poetas y dramaturgos, y se conozcan”.

 

Pone el ejemplo de María Elena Moreno Márquez, autora de la obra de teatro Casa Calabaza, que vio en el teatro Carretera 45. La autora escribió la obra basada en el asesinato que cometió con su madre, y lo llevó al teatro. Me parece muy buena, y aunque he visto poco, creo que hay cosas muy buenas. “Es de lo mejor que he visto en mucho tiempo”.

 

Aunque Hugo Hiriart siente que el tiempo lo corretea, comentó que en la actualidad trabaja en dos novelas. “Una de ellas, sobre mi pasado y con base en la vida de mi abuelo que estuvo en la Revolución y llegó a Mayor del ejército. Hace poco vi un acta de eso y no me lo imagino a caballo y corriendo, porque era antideportista. Es algo sobre la Revolución mexicana apoyado en la vida de mi abuelo”.

 

También, “aunque estoy un poco atorado, trabajo en una novela policiaca, con un planteamiento tan bueno que luego no puedo descubrir quién fue el que cometió el crimen. Eso les ha pasado a varios escritores, se meten tanto, que después sucede eso”.

 

Por otro lado, confesó que quiere hacer un libro sobre la juventud de Santa Teresa, un personaje “que me parece extraordinario”, y luego, si me da tiempo, haré una cronología de mi vida, no biografía.

 

“Yo nací justo cuando se desarrollaba la batalla de Stalingrado. Era otro tiempo, casi otra era geológica. Tenía cinco tías muy bellas y alegres que me llevaban mucho al cine y veía cintas americanas y francesas. En esa época no había televisión, computadoras, no había tantos aviones y la vida pasaba así.

 

“Me gustaría recordar todo ello en una cronología de mi vida, pasando por el cine, el teatro, por los caminos recorridos en esos tiempos, que eran tiempos de guerra y aun así el mundo evolucionaba. Decían los griegos que la madre de la invención era la guerra, porque en el apuro de ganar, la gente inventa cosas. Estoy en eso, espero que me dé tiempo de hacerlo. Si no, pues, total…”.

 

En la ceremonia de entrega de la Medalla Bellas Artes a Hugo Hiriart, en la Sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, su directora general, Liudia Camacho dijo que Hugo Hiriart destacó que su genio reside en su capacidad para transformar, mediante el humor y la parodia, o el claro homenaje, los diferentes géneros que aborda.

 

“Gracias a su imaginación –dijo Lidia Camacho — la novela de caballerías es mucho más que una novela de caballerías, porque mezcla en un solo relato la historia, la política, la profecía y la ciencia ficción.

En la ceremonia, Hugo Hiriart fue parco al hablar y dio pie a que los actores Laura Almela, Germán Jaramillo y Muni Lubezki lo acompañaran en la lectura de fragmentos de sus numerosas obras literarias, siempre llenas de temáticas tan diversas como deslumbrantes.

 

Hugo Hiriart dijo al público –que lo recibió con prolongados aplausos–: “Nunca me ha gustado figurar, presidir, destacar, estar a la vista. No me gusta la blanca luz de la notoriedad. Y me gusta todavía menos cualquier ejercicio de poder mandón; prefiero la media luz, la reserva, pasar inadvertido, de incógnito, no en el escenario y a la vista de todos”.

 

 

Es por ello que, agregó, “no voy a hablar de mí, y por fortuna nadie va a hablar acerca de mí. Ahora, como algo hay que hacer en todo este rato que estaremos juntos, les he solicitado a Laura Almela, Germán Jaramillo y Muni Lubezki, tres actores amigos míos, que hagan el favor de dar lectura a algunos textos. No digamos que es un popurrí, palabra horrenda; tampoco apología, palabra académica y demasiado solemne. Digamos que es una comida a la carta o más fino: un modesto menú de degustación”.

 

Hugo obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores en 1972 por su novela Galaor; Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura 2009; Ariel al mejor guion por la película Novia que te vea (1994), de Guita Schyfter; Premio de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón 1999, Premio Mazatlán de Literatura en 2011 por El arte de perdurar y Premio Letras de Sinaloa 2015.

 

Es autor de obras de teatro como La ginecomaquia; Casandra; Minotastás y su familia; Hécuba, la perra; Intimidad; Las tandas del tinglado; Las palabras de la tribu, La noche del naufragio, La repugnante historia de Clotario Demoniax; Descripción de un animal dormido; La caja, y El caso de Caligari y el ostión chino, entre otras.

 

Sus novelas son: Galaor (1972), Cuadernos de Gofa (1981), La destrucción de todas las cosas (1992), El agua grande (2002), El actor se prepara (2004), El águila y el gusano (2014) y Capitán Nemo. Una introducción a la política (2014).

 

En ensayo: Disertación sobre las telarañas (1980), Estética de la obsolescencia. El universo de Posada (1982), Vivir y beber (1987), Sobre la naturaleza de los sueños (1995), Los dientes eran el piano: un estudio sobre arte e imaginación (1999), Discutibles fantasmas (2001), Cómo leer y escribir poesía. Primeros pasos (2003) y El arte de perdurar (2010).

 

Ha sido director del Teatro Santa Catarina y del Instituto Cultural Mexicano de Nueva York, así como profesor de literatura y teatro en la UNAM, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y la Universidad de Harvard. La Academia Mexicana de la Lengua lo eligió el 25 de octubre de 2012 para ser el séptimo ocupante de su silla XVIII y leyó su discurso de ingreso el 8 de mayo de 2014.

 

Además, Hugo ha recibido las becas Guggenheim, Woodrow Wilson y del Consejo Británico, y ha colaborado como articulista en diversas publicaciones, entre ellas Vuelta, Nexos, Excélsior, La Jornada y Letras Libres. Desde 1994 es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.