Falleció un gran patriota mexicano, el ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá

  • Gestionó el exilio de centenares de chilenos durante el golpe militar del once de septiembre de 1973 en Chile
  • Sus acciones fueron semejantes a las de otro brillante diplomático mexicano, Gilberto Bosques durante la guerra civil española
  • El embajador mexicano salvó la vida de ciudadanas y ciudadanos de Chile en uno de los más dramáticos episodios del rescate mexicano en ese país sudamericano
  • Cuando salió hacia México el primer grupo de asilados de la embajada y de la cancillería mexicana en Santiago hacia el aeropuerto,  Corbalá le pide a Rabasa que “cruce los dedos”, dada la crispante atmósfera y las amenazas de los militares chilenos

El Ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá, en un homenaje realizado por la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en 2016. Foto: T E

Con profunda pena damos a conocer el fallecimiento de un ilustre mexicano, el ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá, un honorable  diplomático mexicano fuera de serie, gestor social y político que realizó relevantes tareas para México. Gonzalo Martínez Corbalá murió a la edad de 89 años en la Ciudad de México la tarde del domingo 15 de octubre. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el 10 de marzo de 1928.

En  febrero pasado falleció su esposa María Teresa Ulloa. El ingeniero Martínez Corbalá escenificó uno de los pasajes más brillantes de la política exterior mexicana durante el golpe militar en Chile en septiembre de 1973. Evitó la captura de cientos de líderes políticos chilenos del gobierno de Salvador Allende que habían sido amenazados con ser ejecutados por la dictadura de Augusto Pinochet.

Las acciones de salvar vidas del embajador Martínez Corbalá fueron semejantes a las que realizó el embajador Gilberto Bosques durante la guerra civil en  la República Española.

Este brillante político mexicano fue diputado, senador, funcionario público en diversos gobiernos y un gran admirador del general Lázaro Cárdenas, a quien consideraba su padre político. Cuando el padre del ingeniero Martínez Corbalá falleció en 1946, fue el general Cárdenas quien lo incorporó como su colaborador. El papá del ingeniero Martínez Corbalá,  el cadete José de Jesús Martínez, fue uno de los cadetes que custodió al presidente Francisco I Madero, durante el golpe militar en febrero de 1910.

Martínez Corbalá salvó  la vida de 700 ciudadanas y ciudadanos de ese país durante los aciagos días que siguieron  al once  de septiembre de 1973,   tras el golpe castrense ejecutado por el general Augusto Pinochet, el  dictador militar que gobernó ese país austral hasta 1990. Entre las personas que Martínez Corbalá logró que salieran de Chile tras el golpe militar, se encontraba la familia del presidente Salvador Allende, la señora Hortensia Bussi de Allende, hijas y nietos,  y también intentó rescatar al poeta Pablo Neruda.

El 15 de septiembre de 1973  se registró uno de los más dramáticos episodios del rescate mexicano en Chile. En un telegrama enviado al entonces canciller Emilio Rabasa, el embajador mexicano en Chile Gonzalo  Martínez Corbalá le comunica la salida del primer grupo de asilados de la embajada y de la cancillería mexicana en Santiago hacia el aeropuerto. Corbalá le pide a Rabasa que “cruce los dedos”, dada la crispante atmósfera y las amenazas de los militares chilenos.

 

Foto: T E

En el aeropuerto, el embajador  Martínez Corbalá y personal mexicano libraron una desesperada odisea, forcejearon físicamente con los militares chilenos que intentaron arrebatarles a los ciudadanos chilenos a quienes el gobierno mexicano ya les había otorgado el asilo. Dos militares mexicanos impidieron con gallardía que los militares chilenos ingresaran  al avión XASOY  a detener a uno de los asilados. La ruta del avión de Aeroméxico tuvo  como escala las ciudades de Lima y Panamá pero antes tuvo que aterrizar en Antofogasta, donde los militares chilenos les advirtieron de mantener cerradas las ventanillas del avión  bajo  la amenaza de disparar si las abrían.

 

Al aeropuerto solamente acompañaron el convoy mexicano de dos autobuses con el grupo de asilados, los embajadores de Israel, la India, la entonces URSS  y Guatemala. El resto del cuerpo diplomático en Chile pareció avalar el golpe.

 

Cuando el piloto del avión de Aeroméxico comunica al primer grupo de chilenos que han dejado el territorio chileno e ingresan al espacio aéreo peruano, en el avión se suscitaron emocionadas escenas, unos lloraron, otros cantaron, celebraron haber logrado salvar sus vidas. En el avión, el embajador Martínez Corbalá aprovecha para dar el grito de la independencia mexicano que como cada 15 de septiembre se celebraba en la residencia mexicana en Santiago y había sido  frustrado por el golpe militar.

En la cancillería mexicana en Santiago encontraron refugio 39 personas; 60 en la residencia  y 225 en las oficinas de la embajada.

 

Gonzalo Martínez Corbalá abrió las puertas de los inmuebles de la cancillería y residencia de la embajada de México en Santiago de Chile, apenas minutos después del golpe militar, cuya junta de generales dirigida por Augusto Pinochet, de las fuerzas área, terrestre y marina junto con los carabineros organizó una despiadada  persecución  contra los integrantes del gobierno de Salvador Allende, sus colaboradores y dirigentes políticos.

 

Por el sangriento golpe militar, salieron del país hacia México alrededor de 12 mil nacionales de ese país perseguidos por la dictadura militar de Augusto Pinochet, quien murió en 2006 sin ser procesado por sus crímenes y flagrantes violaciones a los derechos humanos.

 

En un acto efectuado en el salón Morelos de la Cancillería mexicana, el once de septiembre de 2016, para reconocer el papel del embajador  Martínez Corbalá, el embajador chileno en México, Ricardo Núñez señaló que el golpe militar de 1973 es una herida  que permanece abierta en la memoria del pueblo chileno, que provocó una inmensa ola de solidaridad en el mundo y que se levantara  una voz  en países como México, que condenó las atrocidades cometidas por los militares chilenos.

 

El golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende, en medio de la confrontación de la llamada “guerra fría” entre los Estados Unidos y la desaparecida Unión Soviética, a la que aludió el embajador Núñez, fue fraguado en una operación encubierta por el gobierno estadunidense, a  través de su secretario de Estado Henry Kissinger, avalado por el presidente Richard Nixon,  y las empresas trasnacionales norteamericanas en Chile.

 

Mil 500 asesinatos cometieron los militares durante el golpe militar y  alrededor de tres mil personas fueron desaparecidas o asesinadas en los días siguientes al golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

 

Foto: T E

El gobierno del presidente Echeverría fue el único de los gobiernos latinoamericanos que abrieron sus puertas a los perseguidos del gobierno de facto chileno, por gestión del ingeniero Martínez Corbalá  en una etapa de América Latina donde prevalecían las dictaduras militares en la región.

 

Las decenas de residentes chilenos en nuestro país celebraron los reconocimientos hechos por el gobierno de la presidenta Bachelet al presidente Luis Echeverría, su fallecida esposa María Esther Zuno de Echeverría, y al entonces embajador en Chile, el ingeniero Gonzalo Martínez Corbalá en la ceremonia efectuada en las instalaciones de la cancillería mexicana.

 

De acuerdo con una información de la BBC de Londres sobre el  golpe militar, Alejandro Solís, un juez retirado de la Corte Suprema de Chile habría dicho que “el fallecido gobernante de facto Augusto Pinochet conoció los crímenes cometidos por la policía secreta (DINA) durante sus 17 años en el poder”.

 

Hasta ahora permanecen abiertos expedientes sobre los crímenes de los militares chilenos. Las violaciones a los derechos humanos fueron  sistemáticas.  A los 43 años del golpe que derrocó a Allende,  el National Security Archive mantiene su iniciativa de que se conozcan  los expedientes que vinculan  al gobierno de Richard Nixon, Henry Kissinger y  la CIA en el golpe contra el gobierno de Allende.

 

El embajador Núñez Muñoz se refirió a las atrocidades cometidas durante 17 años por la dictadura militar chilena al destacar que el gobierno del presidente Luis Echeverría abrió las puertas de México a los perseguidos chilenos y a sus familias que llegaron a nuestro país solamente con lo que “tenían puesto”.

 

El diplomático chileno,  en el emotivo acto donde se entregaron reconocimientos y diplomas al ingeniero Martínez Corbalá y a otros  y otras 17 ciudadanos y ciudadanas de nuestro país, Núñez Muñoz dijo que nuestro país  les entregó solidaridad al elogiar a México  como su “otra patria”.

 

Sonia Gaza, la última presidenta de la Casa de Chile en México, pronunció un “gracias a México” al leer un poema del poeta chileno Pablo Neruda.

 

Miembro del Partido Revolucionario Institucional del que fue presidente en el Distrito Federal,  Gonzalo Martínez Corbalá se desempeñó además como gobernador interino del estado de San Luis Potosí así como director general del Instituto De Seguridad Y Servicios Sociales De Los Trabajadores Del Estado (ISSSTE) en la década de los 90s.

 

El ingeniero civil por la Universidad Naiconal Autónoma de México fungió como senador y diputado federal.

En el año de 2014, la mandataria chilena, Michelle Bachelet rindió homenaje a Martínez Corbalá por el apoyo a cientos de chilenos tras el Golpe de Estado en 1973.

 

En aquella ceremonia, la presidenta chilena dijo  que: ‘‘El embajador Martínez Corbalá fue quien trajo a México a Hortensia Bussi viuda de Allende y a dos de sus hijas el 15 de septiembre de 1973. Quiso también traer a su amigo Pablo Neruda, pero éste murió antes de la fecha fijada para su viaje.

 

‘‘Además, personalmente, se encargó de acoger en la sede de la embajada de México a cientos de chilenos’’, recordó la presidenta Bachelet en medio de un prolongado y nutrido aplauso de la comunidad chilena en México, que llenó el salón José María Morelos de la cancillería donde el embajador Martínez Corbalá fue reconocido por su valioso papel de un embajador que abrió las puertas para que cientos de chilenos salvaran su vida en esos momentos aciagos de la república de Pablo Neruda.