Va para largo, la lucha ahora es contra el olvido

 

  • La tragedia de los damnificados del sismo del 19 se multiplica
  • Los damnificados de Tlalpan, permanecen en improvisadas carpas o duermen en el piso del gimnasio de una escuela primaria
  • A todas las familias damnificadas las ahoga la angustia, la espera cada vez más larga a un mes del terremoto
  • La lluvia, los frentes fríos aumentan su desolación

 

 

José Luis Camacho López.-Nunca escuchó la alarma. No la hubo. La Contadora María Antonieta López, de 70 años, era una de las ocupantes del edificio 2B departamento 29 del Multifamiliar Tlalpan a la hora del sismo del 19 de septiembre a las 13:14 se encontraba en su vivienda. Jamás había sentido un sismo. Junto con su hijo Rodrigo, de 38 años, ingeniero industrial, vino a la capital acompañándolo porque le ofrecieron un puesto en una empresa. Es su único familiar más cercano. Aguantó el sismo, no podía salir de su departamento. Ahora se encuentra en el gimnasio de escuela primaria Fray Eusebio Kino, cercana al multifamiliar donde se desplomó uno de los diez edificios de ese conjunto habitacional.

 

“Toñita”, como le dicen sus vecinas alojadas en el mismo espacio, lleno de colchones, donde las familias comparten la comida, el sueño, la angustia, la incertidumbre, pasa la mayor tiempo entre dormida y despierta. Para ella el amanecer, la noche, el día es lo mismo: esperar. Originaria de Matamoros, Tamaulipas vivía con su hijo en Nuevo León, antes de viajar a la Ciudad de México. Aún lleva el espanto a cuestas. Vino a “México” siguiendo a su hijo. Quisiera regresar a su casa. La tragedia, para ella, continúa en ese gimnasio de la escuela primaria. “Aquí vivimos”, dice y en su rostro se dibuja la desesperanza. Un equipo de psicólogos trata de que sobrelleven su desgracia, de aminorar su pérdida ante un hecho que aún no comprende.

 

Otra sobreviviente, María del Carmen Domínguez fue a la tienda y cuando regresó ya no tenía casa. A sus 75 años vivía sola en el departamento del edificio 3B, el más dañado del Multifamiliar Tlalpan. También es una de las personas damnificadas que ocupan el gimnasio de la escuela primaria Fray Eusebio Kino. Están apuntalando el edificio, nos dice. Era trabajadora federal, secretaria, ahora pensionada, con tres hijos, pero independiente de ellos. Así le gusta.

 

 

El ISSSTE, un organismo público que da servicios de salud y vivienda a los trabajadores al servicio del Estado, les rentó primero los departamentos, después se los vendió a las familias ocupantes, de maestros, empleados federales, la mayoría pensionados. “Carmelita” es una de las propietarias de uno de los departamentos de ese condominio con sesenta años de antigüedad.

 

Ahora la lucha de “Carmelita” es contra el olvido. Unos rescatistas lograron salvar a “Coco”, su perrito. Su departamento está el tercer piso del 3B, probablemente condenado a la demolición por los daños que sufrió por el terremoto del 19 de septiembre. Sabe ahora que su la lucha va para largo, que es contra el olvido.

 

En el Conjunto habitacional llamado Multifamiliar Tlalpan, que fue un símbolo de la política social del gobierno priista hay 500 familias en la misma espera y en la misma lucha contra el olvido, el abandono, la costumbre de verlos en esas ya maltrechas carpas colocadas donde se encuentran unas canchas de básquet. La lluvia, los frentes fríos aumentan su desolación.

 

Adriana Ávila tiene 65 años, fue oficinista de la Comisión Federal de Electricidad, vivía en el tercer piso del 3-B. Su madre tiene 96 años y se encuentra en el campamento instalado a un lado de los edificios. Ha logrado entrar a su departamento y sacar algo de ropa, algunos documentos; una sobrina con “el corazón de oro”, vino por ella y le dio alojamiento.

 

La tragedia de las familias del Multifamiliar Tlalpan se multiplica con la incertidumbre. Hay cansancio, hartazgo en las familias damnificadas de Tlalpan.

 

 

Al cumplirse un mes del siniestro estas familias realizan una marcha hacia el Zócalo. Por la mañana recuerdan a sus víctimas. Sigue el luto, levantan el puño, el mismo que fue la expresión corporal durante los rescates del 19 de septiembre. En el edificio 1.C que se convirtió en pocos segundos en ruinas. Hay de nuevo coronas, flores, volvió un luto que nunca se les ha ido. Julián es uno de los niños que fallecieron en el terremoto. Lo recuerdan los sobrevivientes. En el Multifamiliar Tlalpan, en su edificio 1-C nueve de sus ocupantes fallecieron, entre ellos varios niños, y 18 personas lograron salvar sus vidas.

 

Las familias, unidas, ya no son desconocidas entre ellas. Se reúnen el 19 de octubre para recordar y también para exigir que no los cubra el olvido. La tragedia no ha terminado. Exigen cuenta de las donaciones internacionales.

 

En Pacífico 455, a una cuadra de División del Norte, a un costado del pueblo de la Candelaria, donde ni un rasguño asoma en los inmuebles de autoconstrucción, hay un edificio desocupado, inhabilitado, lleno de polines. Las 26 familias desalojadas no saben qué pasará con su edificio. No tienen el dictamen final. Hay rumores de que el edificio será salvado. El tránsito vehicular ha sido suspendido desde el sismo entre la calle de Candelaria y División del Norte debido a la fragilidad de ese inmueble.

 

Concepción García Lazo, de 65 años, habitaba el departamento 306 de ese edificio de condominios, a la hora del sismo se encontraba en la azotea. Está desolada, su voz se quiebra, está refugiada en Satélite, al norte de la capital; le cuesta venir todos los días al sur de la capital donde se encuentra ese edificio para saber qué pasará con una vivienda que habitó desde los setenta. Nadie sabe nada, son rumores.

 

 

Otro grupo de familias desconcertadas, inconsolables, son las de las torres de condominios de Escocia 29 en la colonia Parque San Andrés, de la misma delegación de Coyoacán donde se encuentran el Multifamiliar Tlalpan y el condominio de Pacífico 455. Una pareja asiste todos los días a esperar, solamente a esperar. Abelardo Estañol y su esposa Adriana Serrano, de 58 años, habitaban uno de los departamentos, en el primer piso, de la torre 3 de ese conjunto habitacional. Lo ocupan desde 1993 cuando lo adquirieron.

 

Una de esas torres de departamentos en condominio, la número 2 se desplomó y afectó dos casas de una privada de viviendas de Escocia 33. Una quedó completamente demolida por el impacto de esa torre dos, y la otra completamente dañada. Los departamentos de las tres torres y las 10 casas y dos departamentos vecina a ese conjunto habitacional se encuentran desocupados por el riesgo de más derrumbes junto con otros inmuebles aledaños.

 

Existe el riesgo de que la torre 3 que fue habitada por Abelardo y Adriana, está tan dañada que también fue declarada inhabitable. La torre 2 figura en la lista de demoliciones porque representa mayor riesgo, amenaza con desplomarse sobre otras viviendas y un estanquillo que dan a la calle de Dakota, a unos metros de la calzada de Tlalpan.

 

 

Abelardo y Adriana son una pareja resiliente. En un hotel cercano, el gerente les dio alojamiento y ellos les llevan alimentos todos los días a los policías que resguardan los inmuebles dañados, unos tacos, pizzas. Los policías viven agradecidos con esta pareja, la única que permanece por horas en espera de saber cuándo se realiza la demolición de la torre 2 para saber con precisión el destino de su departamento en la torre 3, también muy dañada.

 

En el sismo del 7 de septiembre, comentan, su departamento apenas sufrió pequeños daños, pero ahora Adriana recuerda que ese día, la habitación que ocupaba la señora Minerva, la conserje de los edificios, tuvo cuarteaduras, su cuarto tronaba, y a nadie del edificio se los dijo para prevenir a los condóminos e inquilinos del inmueble construido antes de septiembre de 1985 por la constructora Hanhi. Existe la versión que en esos sismos de hace 32 años, esas torres de condominios de 16 departamentos cada uno, ya habían sufrido daños.

 

Abelardo y Adriana se encontraban en su departamento a la hora del sismo. La torre 3 se encuentra al fondo del dañado inmueble. Adriana estudiaba su ruta de escape desde hace varios meses. La camioneta de Abelardo está en el estacionamiento de este conjunto habitacional colapsado. Y desde el 19 de septiembre esta pareja damnificada permanece frente al que fuera su hogar, desde las nueve de la mañana hasta ya noche, diariamente observan el ir y venir de personas de las oficinas públicas, de la delegación de Coyoacán, de la secretaría de Obras del gobierno central; todos toman fotografías de los edificios dañados al pasar por ahí, pero nadie les da respuestas.

 

En el conjunto de viviendas de Escocia 33, son diez las familias afectadas, la mayoría compuestas por personas mayores, como las del multifamiliar Tlalpan, las de Pacífico 455 y las de las tres torres de Escocia 29. A todas estas familias, las ahoga la angustia, la espera cada vez más larga, sin ninguna asistencia o certeza, a un mes del terremoto.