Llegar a viejo en México, el peor sueño para la gente joven, serán más pobres

 

  • Únicamente un 26.1 por ciento de la población de personas mayores actual tiene acceso al sistema de pensiones
  • La mayoría de los jóvenes actuales serán más pobres que sus padres
  • No sólo tendrán carencias de salud, de atención médica y hospitalaria, lo peor es que no tendrán acceso al sistema de pensiones
  • Prevalecen la exclusión, maltrato físico y psicológico y abandono
  • Prevalecen los esterotipos

 

 

Susana Sánchez.- La mayoría de las personas mayores en el país sufren pobreza, maltrato y exclusión social. Son prácticamente invisibles para el resto de la población. Hace unos días, en uno de los trenes ligeros que da servicio en el sur de la capital mexicana, una señora menudita, con el pelo cano, de más de setenta años suplicaba a una señora que su hija, una niña de unos diez años, le cediera el asiento.

 

La señora se negó rotundamente y otra señora, embarazada fue quien la cedió el asiento, mientras el resto de los pasajeros observó impasible la escena, ni se inmutaron por esa breve controversia por un asiento. La señora con un avanzado embarazo tuvo que hacer el recorrido parada, ningún hombre o mujer tomó en cuenta ese gesto de solidaridad con una persona mayor.

 

Esta escena ya es común en el transporte público de la capital mexicana. Los jóvenes o personas maduras en general se hacen los dormidos, ocupan los asientos reservados en el Metro para las personas mayores. En el resto del transporte capitalino las personas mayores remotamente encuentran un gesto similar a la de la señora embarazada del Tren Ligero. Es más, se enfrentan a jóvenes iracundos conductores de esos vehículos que no reparan en la edad de sus pasajeros.

 

Sin embargo, esta población joven o de personas maduras no es consciente de que para los años 2030 o 2050 serán personas mayores. La peor amenaza que pende sobre ellos no es solamente que luchen por un asiento en el transporte y realicen sus recorridos parados, la peor amenaza es que la mayoría serán más pobres que sus padres. No sólo tendrán carencias de salud, de atención médica y hospitalaria, lo peor es que no tendrán acceso al sistema de pensiones.

 

 

A la fecha, de acuerdo con las estadísticas de mortalidad del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 74 por ciento de la población adulta mayor que se acerca a los 13 millones de habitantes en la república, no tienen una pensión que les garantice un mínimo estado de seguridad social.

 

Conforme avanza el envejecimiento de la población en México, la pobreza y las condiciones de vulnerabilidad son extremas. En 2015, de las personas de 60 años y más que fallecieron en ese año un 16 por ciento no tuvo acceso a una atención médica institucional

 

La vida después de los sesenta años en México se vuelve una pesadilla, será cada vez más precaria.

 

Estos datos se pusieron en evidencia durante el Foro Internacional “Derechos humanos, género y envejecimiento: el papel de la sociedad civil”, donde Joaquín Narro Lobo, Secretario Técnico del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), señaló que la CNDH no es ajena a las realidades adversas que presentan los casi 13 millones de personas de 60 y más años que habitan en el país.

 

En México existen instituciones como el Instituto Nacional de Atención a las Personas Mayores o el Instituto de Atención a Personas Mayores de la Ciudad de México, organismos a los que se escapa que la realidad de las personas mayores es mucho más compleja y adversa para sus políticas públicas diseñadas desde el siglo pasado y sustentadas en la asistencia.

 

En el interior del país, no existen políticas públicas organizadas y con un enfoque que supere la ausencia de una claridad sobre el futuro que depara a las próximas generaciones de personas mayores. Las legislaciones sobre personas mayores es una red dispersa de legislaciones incompletas y desinformadas.

 

 

Durante un reciente acto de entrega de Tarjetas de Pensión Alimentaria, una política pública única en el país, para personas de más de 68 años, el secretario de Desarrollo Social, José Ramón Amieva Gálvez, recordaba que en 2030, el 65% de la población de la Ciudad de México estará conformada por personas mayores de 60 años y menores de 18.

 

Amieva Gálvez uno de los pocos servidores públicos conscientes de la dimensión del envejecimiento de la población en el país ha insistido en más acciones a favor de los derechos de las y los adultos mayores permiten prever que en el futuro habrá apoyos y espacios para ese grupo social.

 

A estas fechas en el país son más las personas mayores de 60 años que los infantes de cinco años.

 

Sin embargo, la dimensión del problema que acarreará el envejecimiento de la población hasta ahora supera la capacidad de políticas públicas como la del gobierno de la Ciudad de México, sobre todo porque la gran mayoría de las personas mayores en pésimas condiciones que solicitan dádivas en las calles de la capital o en el Sistema de Transporte Público, provienen de los municipios del Estado México, una entidad conurbada con la capital del país que multiplica los problemas de los avecindados en la Ciudad de México.

 

El abandono, la discriminación, la exclusión social se inicia en sus propias familias. Para contrarrestar el abandono o los malos tratos, en julio pasado la Asamblea Legislativa de la capital de México expidió un decreto que sanciona con cárcel el abandono, el terror psicológico o los golpes físicos que reciben los abuelos. Ya es una práctica común que las familias mexicanas lleven a sus abuelos y abuelas a casas de reposo o asilo, sin reconocimiento ni vigilancia oficial, que no reúnen ninguna condición de vida digna, ahí abandonan a sus personas mayores.

 

La diputada Elizabeth Mateos promovió esa iniciativa legal para “aplicar una sanción aquellas personas que aíslan, abandonan, expulsan y maltratan a las y los adultos mayores y personas con discapacidad, así como salvaguardar y garantizar la protección y el ejercicio de los derechos y la seguridad de las personas adultas mayores”.

 

 

La iniciativa aprobada por los diputados locales de la capital “prevé la pena privativa de la libertad a quien exponga en una institución o ante cualquier persona, a un incapaz de valerse por sí mismo, incluyendo a las personas adultas mayores y/o con discapacidad, respecto del cual tenga la obligación de cuidar o se encuentre legalmente a su cargo”.

 

En México, tres de cada cinco personas adultas mayores sufren violencia al interior de la familia y otro 16 por ciento es víctima de maltrato, como golpes, ataques psicológicos, insultos y robo de bienes, señaló la diputada Mateos.

 

Es una legislación avanzada, a pesar de sus buenas intenciones, pero inútil ya que la mayoría de las personas mayores que sufren maltrato no los denuncian porque son sus nietos o sus propias hijos o hijas quienes los maltratan o abandonan. Prefieren callar para no verse desalojados de sus propias viviendas.

 

En delegaciones como Iztapalapa se he llegado e conocer los casos de abuelos que van siendo arrinconados en sus propias viviendas e instalados en gallineros. Se he llegado al extremo de despojarlos de sus bienes patrimoniales.

 

Cuando los jóvenes de ahora y las personas maduras conozcan en carne propia a la vejez su visión de la vida habrá cambiado.

 

El otro gran problema que enfrentarán los jóvenes cuando sean personas mayores mexicana son los estereotipos, sobre todo en los medios de comunicación donde se les llega denominar “viejitos” “rucos”, “esperpentos”, “chochos” en forma despectiva.