La UNAM en grave riesgo, vive el acoso de una escalada de violencia delictiva

  • Amenaza desestabilizarla. Rechaza Graue Wiechers armar y militarizar  a la Universidad.
  • La opción correcta es cuidar  la seguridad de las instalaciones universitarias, mejorar su capacidad de disuasión y vigilancia, “denunciando a los delincuentes y evitando, hasta donde sea posible, el ingreso de aquella violencia que pudiera acarrear más violencia”.

En un tono grave y hasta por momentos angustioso, el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers, llamó este último fin de semana  a la comunidad estudiantil y académica universitaria integrada por unos 350 mil alumnos y unos 40 mil académicos,  a enfrentar y estar unidos ante un proceso de acoso y escalada de violencia delictiva, principalmente proveniente del narcotráfico,  que amenaza desestabilizarla. Y rechazó como opciones armar o militarizar a la UNAM.

Dos últimos eventos delictivos, el asalto brutal a una académica y los crímenes de dos presuntos narcomenudistas en sus instalaciones,  despertaron a una silenciosa comunidad universitaria que parece haberse acostumbrado a robos, asaltos y a la impune venta de narcomenudeo en sus espacios de tránsito y escolares del sur de la capital mexicana, en una Ciudad Universitaria que tienen su origen en la década de los cincuenta, cuyo campus central en 2007 fue  declarado patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

Graue Wiechers manifestó la resistencia de la universidad mexicana más importante del país y de Latinoamérica, a que recurra a la violencia legítima del Estado,  al uso de las armas o militarizarla  para enfrentar a la delincuencia dedicada a la venta de drogas, que impunemente invade escuelas y facultades de esta institución de educación superior que mantiene como emblema a la educación pública y gratuita.

En su historia la UNAM ha sufrido intervenciones militares y policías. Entre ellas, la de 1968 en un movimiento estudiantil surgido de una represión policiaca. Paracaidistas mexicanos derribaron con el tiro de una bazuca, una histórica puerta de su Preparatoria de San Ildelfonso, en el centro de la capital,  y ocupó sus instalaciones de Ciudad Universitaria después de una persecución y encarcelamiento de líderes estudiantiles y maestros disidentes políticos.7

En 1976, después de un movimiento magisterial, policías y militares volvieron a ocupar los espacios de Ciudad Universitaria, varios de los líderes académicos fueron aprehendidos por la fuerza pública. En febrero del año 2000, elementos de la policía federal preventiva ingresaron nuevamente a los terrenos universitarios para sofocar una larga huelga estudiantil que se había prolongado por nueve meses, motivada por la iniciativa de un rector de elevar las cuotas. Decenas de estudiantes fueron detenidos por la policía.7

Graue Wiechers rechazó la opción armada en la Universidad. En sus meditaciones, el rector expuso que  “vivir constantemente en un estado de vigilancia armada nunca fue, ni será, una opción a ser considerada”.7

El rector de la UNAM decidió otra opción, la de, con estricto apego a la legalidad, cuidar  la seguridad de las instalaciones universitarias, mejorar su capacidad de disuasión y vigilancia, “denunciando a los delincuentes y evitando, hasta donde sea posible, el ingreso de aquella violencia que pudiera acarrear más violencia”.

“Por eso, el camino seleccionado es el correcto.  Es un camino complejo y difícil que indudablemente requiere mejorarse y reforzarse, pero ese es el mejor camino para nuestra Universidad”, expresó la máxima autoridad de la UNAM.

Grau Wiechers advirtió a la comunidad universitaria que en los días y semanas por venir, se escucharán “voces, internas y externas, que clamarán por otras alternativas más agresivas, algunas que quisieran vernos o armados o militarizados; y no pocas aprovecharán los momentos políticos electorales que vivimos en nuestra nación para internar desestabilizarnos”.

La mañana del sábado 24 de febrero, cuando se celebra el Día de la Bandera en México, en una cita puntual, a las 10:30 horas, el rector universitario advirtió en su mensaje del perturbador proceso de desestabilización de la UNAM  en los próximos meses, el cual se desarrolla   en el marco de las elecciones presidenciales y de la sucesión del poder ejecutivo, de los miembros del Congreso mexicano, de autoridades locales, entre ellas de la Ciudad de México,  en el próximo mes de julio.

La mayor universidad mexicana no ha sido ajena a una guerra contra las bandas del crimen organizado que dominan el narcotráfico. Desde 2006 la población mexicana vive diariamente una angustiosa incertidumbre en los escenarios de una sistemática violencia cotidiana de crímenes y desapariciones,  que ha escalado y ha llegado ahora hasta los ámbitos de la Universidad Nacional.

El actual rector de la UNAM, un médico oftalmólogo egresado de la Facultad de Medicina,  se le ha obligado a salir a denunciar un proceso de desestabilización de la mayor universidad pública mexicana,  que tiene su origen en el siglo XVI  en una institución pontificia,  como universidad nacional desde principios del siglo pasado y  desde 1929,  con una autonomía por la cual le permite la libre cátedra  y contar con su propia dirección de gobierno.

La penetración de bandas de narcotraficantes dedicadas al menudeo la ha puesto en jaque.  En los pasillos los “dealers” mexicanos ofrecen a estudiantes consumidores, desde  la marihuana hasta las llamadas piedras y cocaína.

El último evento que evidenció la fragilidad de la más importante Universidad pública mexicana fueron los asesinatos de esos dos presuntos narcos, de menos de 30 años, en un área deportiva entre dos de sus  facultades la de Contaduría y Administración e Ingeniería.

Las autoridades universitarias tuvieron hace unos meses que cerrar con una reja  un espacio verde, conocido como “los bigotes”,  ubicado en uno de sus paraderos de los autobuses que dan servicio a la comunidad universitaria, a la altura del Metro Universidad, que era el impune campo donde los narcomenudistas enganchaban a  estudiantes incautos.

En el tercer piso de la Torre de la Rectoría, el rector Graue Wiechers, en ese tenso discurso, acompañado por directivos universitarios,  pidió unidad y solidaridad a la comunidad universitaria, a sus funcionarios, académicos, administrativos y estudiantes. “Yo les pido a todos ustedes, cuerpo directivo de nuestra casa de estudios, que estemos atentos a los eventos que en los meses por venir puedan acontecer y que ante ellos actuemos con decisión, con prudencia y anteponiendo siempre los intereses de nuestra Universidad”.

A nuestra comunidad académica y administrativa, dijo Graue Wiechers,  les pido su solidaridad para denunciar todo evento que se presuma sospechoso o potencialmente peligroso para nuestra seguridad;   que estén cerca de los jóvenes y sirvan de ejemplo para su desarrollo social integral.

A  estudiantes, el rector universitario  les solicito que “se alejen de aquellos que distribuyen sustancias nocivas para su salud; que entiendan que ellos viven mundos ajenos a los nuestros, que no son sus amigos y que representan relaciones de peligro e inseguridad”.

A continuación publicamos el texto íntegro del mensaje del Rector de la UNAM.

MENSAJE DEL RECTOR ENRIQUE GRAUE WIECHERS A LA COMUNIDAD DE LA UNAM

En las últimas semanas la UNAM se ha visto acosada, en sus inmediaciones y aun dentro de sus instalaciones, por diversos actos de violencia.

Todos conocemos del incremento de la delincuencia en nuestro país, pero no por ello podemos aceptarla o dejar de indignarnos ante esta lacerante realidad.

Pero cuando ésta se presenta en espacios educativos donde converge una comunidad cuya esencia es la libertad, la superación, el estudio y el conocimiento, los hechos violentos se convierten en algo indignante, inadmisible y de necesaria y urgente atención.

En días recientes esta escalada de violencia alcanzó límites inaceptables.

Una funcionaria universitaria fue brutal y arteramente baleada dentro de su automóvil al abandonar el estacionamiento de uno de nuestros campo en el Estado de México.

El día de ayer, individuos ajenos a nuestra casa de estudios, presumiblemente narcomenudistas, escenificaron una riña y uno de ellos disparó contra dos sujetos hiriéndolos de gravedad, quienes fueron trasladados a un hospital de zona, en donde fallecieron horas después.

Los hoy occisos han sido plenamente identificados y no son parte de la comunidad universitaria.

Este último evento, de alguna forma, puede ser consecuencia de las medidas implantadas por la Rectoría a fin de combatir el narcomenudeo en nuestras instalaciones.

Para el efecto, como ustedes saben, determinamos acciones disuasivas y preventivas: aislamos los espacios en que los narcomenudistas se habían asentado; iluminamos zonas, cambiamos y multiplicamos luminarias; ampliamos vigilancia y sistemas de seguimiento y estrechamos la colaboración con las autoridades competentes de la Ciudad de México.

Fruto de esta permanente colaboración ha sido la detención, en las afueras de Ciudad Universitaria, de alrededor de 30 individuos que fueron ya consignados a las autoridades ministeriales.

Y se han presentado también las denuncias correspondientes de distintos actos ilícitos cometidos dentro de nuestras instalaciones.

Pero todo ello, no ha sido suficiente.

Si bien es cierto que los narcomenudistas se han fragmentado, también lo es, que se han dispersado distribuyéndose en otras zonas del campus central.

La Universidad, desde hace ya años, no había sufrido actos de violencia entre grupos del narcomenudeo y es muy doloroso que los hayamos vuelto a experimentar.

Como Rector, asumo toda la responsabilidad por el efecto colateral de las medidas adoptadas, como también lamento el fallecimiento de estos sujetos pues, a fin de cuentas, su muerte es el producto de la desesperanza en la que está envuelta una parte de nuestra juventud.

He meditado largamente las medidas que fueron implementadas; he compartido dudas y explorado nuevos derroteros para mejorar las condiciones de seguridad. Y a pesar de estos muy lamentables acontecimientos, estoy seguro que el camino que nos hemos trazado es el correcto y en ello, mi administración, se seguirá empeñando.

Haber ignorado la inseguridad y el narcomenudeo no era una opción en una comunidad como la nuestra; solicitar su desalojo por las fuerzas policiales, representa un riesgo de violencia armada en donde pueden salir lesionados inocentes y no por ello se podría garantizar la ausencia permanente de los narcomenudistas.

Y vivir constantemente en un estado de vigilancia armada nunca fue, ni será, una opción a ser considerada.

Por eso, el camino seleccionado es el correcto.  Es un camino complejo y difícil que indudablemente requiere mejorarse y reforzarse, pero ese es el mejor camino para nuestra Universidad.

En los días y semanas por venir, escucharemos voces, internas y externas, que clamarán por otras alternativas más agresivas, algunas que quisieran vernos o armados o militarizados; y no pocas aprovecharán los momentos políticos electorales que vivimos en nuestra nación para internar desestabilizarnos.

Pero no lo lograrán si trabajamos en unidad.

A ellos habrá que decirles que estamos conscientes de la fragilidad de la seguridad en nuestra Universidad como espacio plural, abierto y democrático; pero que nuestra fortaleza está en el saber, en la libertad, en la autoridad moral, en la autonomía y en el respeto a la normatividad universitaria.

Continuaremos actuando con estricto apego a la legalidad, cuidando de la seguridad de nuestras instalaciones, mejorando nuestra capacidad de disuasión y vigilancia, denunciando a los delincuentes y evitando, hasta donde sea posible, el ingreso de aquella violencia que pudiera acarrear más violencia.

La Universidad está lastimada e indignada por estos lamentables sucesos y exige se lleve a fondo una exhaustiva investigación que conduzca al esclarecimiento de los hechos y a la detención de los responsables y, para ello, la Abogada General de la UNAM tiene instrucciones de acompañar a las instancias procuradoras de justicia, poniendo a su disposición todos los elementos a nuestro alcance para que así se logre.

Yo les pido a todos ustedes, cuerpo directivo de nuestra casa de estudios, que estemos atentos a los eventos que en los meses por venir puedan acontecer y que ante ellos actuemos con decisión, con prudencia y anteponiendo siempre los intereses de nuestra Universidad.

A nuestra comunidad académica y administrativa les pido su solidaridad para denunciar todo evento que se presuma sospechoso o potencialmente peligroso para nuestra seguridad;   que estén cerca de los jóvenes y sirvan de ejemplo para su desarrollo social integral.

A nuestros estudiantes les solicito que se alejen de aquellos que distribuyen sustancias nocivas para su salud; que entiendan que ellos viven mundos ajenos a los nuestros, que no son sus amigos y que representan relaciones de peligro e inseguridad.

Les confirmo que el Rector estará de la mano con ustedes y con los altos intereses de la Universidad Nacional Autónoma de México.

POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU.

Muchas gracias.