Fue un héroe no escuchado de la salud en México

 

  • Homenaje póstumo al doctor Jesús Kumate, tras su fallecimiento el pasado 7 de mayo
  • Reprochó en el Senado en 2006 la ausencia de una política de Estado hacia la infancia mexicana
  • Su gran preocupación, la niñez
  • Hizo frente a importantes retos, como la reaparición del cólera y la última epidemia de sarampión
  • Reconocieron sus aportaciones y trayectoria de un médico egresado de la Escuela Médico Militar

 

 

José Luis Camacho López. Conocí como muchos otros periodistas al doctor Jesús Kumate, un incansable luchador por la salud en México. La última ocasión que tuve la oportunidad de verlo fue en las reuniones del Consejo de la Unicef en México. Siempre un personaje discreto y modesto. La noticia de su fallecimiento a los 93 años de este médico pediatra casi pasó desapercibida por el agitado proceso de las campañas presidenciales.

 

Uno de sus importantes aportes de este médico mexicano nacido en el puerto de Mazatlán en 1924 fue ver la medicina pública en su sentido universal. Sin embargo, a pesar de su intensa trayectoria, este médico mexicano no fue escuchado por el Congreso al prevenirlos en 2006 sobre el enorme desafío que representaba atender a la niñez mexicana.

 

El 10 de octubre de 2006 al recibir la Medalla Belisario Domínguez en el Senado de la República, el doctor Kumate habló de su gran preocupación, de los niños mexicanos maltratados por la marginación y amenazados por un futuro cada vez más incierto, que hoy vemos en las calles con menores atrapados en el círculo de la miseria y cada vez más amenazados con ser capturados por el crimen organizado como se ha advertido en la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México.

 

A los senadores de la República de ese momento de 2006, el doctor Kaumate les advertía sobre la responsabilidad de los legisladores para acordar una política de Estado dirigida a poner interés a los niños en primer lugar, sin las demagogias de cada 30 de abril.

 

En el homenaje que recibió a propósito de ser el destinatario de la Medalla Belisario Domínguez, el doctor Kumate, advirtió sobre la amenaza de convertirse la sociedad mexicana en una sociedad enferma, porque el remedio a la atención a la niñez mexicana no se encontraba en el médico, sino en la mala pésima distribución del ingreso. Kumate decía que un ingreso distribuido razonablemente tendría como resultado la paz social.

 

 

“Si las habitaciones no estuvieran hacinadas las infecciones de las vías respiratorias bajarían a la mitad; si se contara con agua potable no hablaríamos de diarreas, si se prohibiera la promoción publicitaria del tabaquismo los cánceres disminuirían en un 35%, si en los días festivos hubiera control del consumo de alcohol los accidentes y la violencia pasarían a los últimos lugares en lugar de ser los primeros”.

 

A nivel de las familias, decía Kumate, “si las madres dieran el pecho en lugar del biberón, si a los hijos que van a la escuela les prepararan una colación saludable por parte de sus madres, en lugar de dinero para emplearlo en comida chatarra y refrescos, si los padres cuidaran a sus hijos como cuidan sus automóviles y si en lugar de una pantalla de televisión, internet o nintendo, platicaran y salieran a pasear con ellos, y los padres no fueran los últimos en saber que sus hijos son drogadictos los médicos de los niños mexicanos seríamos puericultores con la tarea agradable de orientar a la nutrición, aplicar las vacunas y vigilar el crecimiento y desarrollo”.

 

México tiene muchos niños, decía Kumate en la tribuna del viejo albergue del Senado de la República, “más del 30% de la población es menor de 15 años, no somos un país pobre, por el contrario seremos ricos si damos valor agregado a nuestro tesoro demográfico mediante educación, nutrición, salud y un ambiente que haga de la niñez una edad de alegría y paz, juegos, aprendizaje y crecimiento, un futuro forjado con el espíritu de armonía y cooperación”.

 

“Si el asunto y bienestar de los niños no se ubica en ningún sector del espectro político, ¿qué obstáculos puede haber para invertir en este capital humano? ¿Qué puede impedir que los legisladores aquí presentes, elegidos por el pueblo de México, acordaran una política de Estado dirigida a poner el interés de los niños en primer lugar? ¿Vamos a defraudarlos? En gran parte la respuesta a esta pregunta la dará el Senado de México”.

 

 

Sin embargo hasta ahora las palabras de Kumate no han tenido respuesta en el Congreso, que sigue divagando en las cuotas de poder.

 

El homenaje que el secretario de Salud, Jesús Narro le hizo, era más que oportuno indispensable para reconocer a un servidor público que llevó a cabo sus tareas sin el protagonismo personal ni estridencias en el que regularmente caen los servidores públicos al colocar su imagen por encima de las instituciones.

 

Jesús Kumate Rodríguez, Secretario de Salud en el periodo 1988-1994 y presidente de la Academia Nacional de Medicina en 1975, efectivamente como lo dijo Narro Robles “fue un héroe de la salud en México, ya que hizo frente a importantes retos, como la reaparición del cólera y la última epidemia de sarampión”.

 

Narro Robles resaltó que sus contribuciones a la medicina mexicana, sobre todo en el campo de la pediatría, han permitido contar con mejores condiciones de vida y beneficiar a las actuales y futuras generaciones, entre ellas resalta la puesta en marcha de las semanas nacionales de vacunación, la lucha contra el paludismo y las enfermedades transmitidas por vector.

 

El doctor Jesús Kumate, subrayó José Narro, fue un médico brillante, especialista destacado, maestro distinguido e investigador excepcional, reconocido nacional e internacionalmente con múltiples condecoraciones por sus aportaciones a la medicina.

 

Además Kumate fue un catedrático de excelencia en la Escuela Médico Militar, en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en la Escuela de Medicina del Instituto Politécnico Nacional. Pero además investigador médico.

 

Poco se ha destacado que el doctor Kumate fue un médico cirujano egresado de la Escuela Médico Militar en 1946. Es autor de Manual de Infectología (1973-2001), La salud de los mexicanos y la medicina en México (1977), Salud para todos. ¿Utopía o realidad? (1989), La ciencia en la Revolución francesa (1991); Investigación clínica, Cenicienta y Ave Fénix (1987, 1995), El cólera (1993), Sistemas Nacionales de Salud en las Américas (1994) e Italia en la Medicina (1997), entre otros libros y artículos científicos.

 

 

En la escueta nota informativa que difundió la secretaría de Salud, dos médicos hablaron de la personalidad de este médico mexicano. El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Enrique Graue Weichers, Guillermo Soberón Acevedo, ex secretario de Salud y ex rector de la UNAM; y Patricia Guerra, la Directora de Fundación IMSS.

 

Graue Weichers destacó los reconocimientos que recibió el doctor Kumate entre los que se encuentran los doctorados Honoris Causa que le otorgaron las universidades Autónoma de Nuevo León, Sinaloa, Estado de México y de la UNAM.

 

Asimismo, dijo Graue, el doctor Kumate fue distinguido por sus acciones en el servicio público nacional, como la Medalla Belisario Domínguez que otorga el Senado de la República, entre muchos otros. “Que en México siga prevaleciendo el espíritu del doctor Kumate”, subrayó el rector de la UNAM.

 

En su intervención el ex Secretario de Salud, Guillermo Soberón Acevedo reconoció que el compromiso y dedicación del doctor Jesús Kumate lo perfilaron para ser el primer Coordinador de los Institutos Nacionales de Salud en 1982 y posteriormente encabezar la entonces Subsecretaría de Salud Pública.

 

Un hecho sobresaliente destacó Soberón en su intervención: desde su trayectoria de servidor público de la salud se encargó de hacer frente a problemas de salud pública como el paludismo y el VIH/Sida, así como la suspensión de compra de leche radioactiva a Irlanda.

 

Narro Robles, en la ceremonia,  entregó la medalla IN MEMORIAM a su sobrina Katya Kumate Rogers.

 

Por su lado, con la representación del Director General del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Tuffic Miguel, la Directora de Fundación IMSS, Patricia Guerra, destacó que el doctor Kumate Rodríguez fue el creador de diversas estrategias nacionales.

 

Entre ellas, dijo, destacan Es tu vida, es tu futuro, hazlo seguro, para prevenir el embarazo en adolescentes; Mi lucha es rosa, dedicado a la prevención de cáncer de mama, así como el programa nacional Silla-cama; los sistemas de vigilancia epidemiológica y bancos de leche en los hospitales de gineco-obstetricia de esta institución pública.

 

El doctor Kumate es un ejemplo de devoción a la salud.

 

Por considerar de interés publicamos el texto íntegro del discurso del doctor Jesús Kumate al recibir la Medalla Belisario Domínguez el 10 de octubre de 2006.

 

Ciudadanas Senadoras, ciudadanos Senadores, señoras y señores: Escuchar la proclama del Doctor Belisario Domínguez es una experiencia única, sacúdela conciencia, emociona, enseña y enorgullece, transporta al senado de la república romana, cuando Mucio Scevola Caton, el Censor y Cicerón mostraron cuáles son los valores universales, irrenunciables de la dignidad humana y el interés supremo de la nación. Al ocupar la tribuna del Senado por decisión de sus miembros expreso mi más sentido agradecimiento por tan generoso acuerdo que la amistad personal/simpatía con que me distinguen Senadores de todos sus partidos aquí representados ciertamente sobrevaloró supuestos méritos y no tomó en cuenta evidentes limitaciones, solo acierto a declarar que, abrumado por tal distinción conferida, sabré portarla con dignidad. Con su permiso para hablar, pido su paciencia para que escuchen algunas reflexiones sobre experiencias personales en el ejercicio de la pediatría.

 

Los niños de México y de todo el mundo han recibido siempre menos atención a su salud y bienestar que los adultos, es hasta hace 30 años que han tenido mejor consideración, resultado del programa de la Organización Mundial de la Salud en 1978: “Salud para todos en el año 2000”, de la Primera Cumbre Mundial a favor de la Infancia en 1990 y de los compromisos de la Agenda de la Infancia para alcanzar las Metas del Milenio en el año 2015.

 

Hace difícil tratar de recuperar el rezago histórico; comparativamente el primer hospital para niños enfermos lo fundó Napoleón en París en 1802, los de adultos fueron creados desde la Edad Media; el primero en México en 1890 en San Luis Potosí. Los derechos naturales e imprescriptibles del hombre proclamados por la Asamblea Nacional de Francia en agosto de 1789, no hizo mención a los niños, fue hasta 1872 cuando se aprobó en el Parlamento inglés el Acta de Protección de la Vida. Un episodio que da idea de la situación de los niños todavía al final del siglo antepasado.

 

En la ciudad de Nueva York en 1874, una niña de 9 años era golpeada brutalmente por su madrastra,la denuncia de vecinas no fue atendida dado que no existían leyes que prohibieran el maltrato de los niños hasta que un procurador sensible e imaginativo invocó la ley, que ya existía, para evitar la crueldad con los animales y en base a que un niño era como un animal se pudo rescatar a la niña y condenar a la agresora. En otro campo, en una litografía mexicana del siglo pasado aparece un maestro de escuela con un padre y su hijo, se ve en la inscripción la petición del padre al maestro: “Padre rájelo usted vivo y me lo entrega muerto pero que sepa escribir”. Modernamente se dice: “La letra con sangre entra” y “quien bien te quiere te hará sufrir”.

 

Sin embargo, a pesar de retrasos centenarios, en México desde mediados del siglo pasado, hemos visto mejoramiento continuo en la salud de los niños: la mortalidad en los primeros 5 años de vida ha disminuido casi 90% respecto a 1930; las diarreas, antes la primera causa de muerte, en el 2005 ocupan el lugar 17; no hay casos de defunciones por viruela desde 1951; nadie ha muerto por paludismo desde 1965, comparativamente a la causa primera de muerte infantil en Sinaloa y Tamaulipas en 1922; no se registran casos de poliomielitis paralizante desde 1998, ni de difteria desde 1991; los niños mexicanos ya no mueren por sarampión desde 1995, y en este año hasta la semana 34 no había reportes de casos ni de tétanos en el recién nacido, ni de rabia. Sin embargo persisten diferencias inaceptables en muchos indicadores entre otros estados dela República. La diferencia de algunos casos hasta de 3, las desigualdades se manifiestan aún en el mismo estado, por ejemplo, la mortalidad infantil es tres veces menor si son derechohabientes del Seguro Social que si no lo tienen, y eso se extiende a los primeros cinco años de la vida. El tránsito desde la concepción hasta los cinco años se acompaña de inmadurez e incapacidades que determinan el mayor riesgo para enfermar o morir. Después del último día de vida, el máximo riesgo para morir es el día del nacimiento, y eso se extiende a la primera semana, al primer mes y a los primeros cinco años de vida. Era costumbre en las áreas rurales de México no dar nombre al niño hasta que cumpliera un año y se decía que “se lograba”, y otro dicho popular muy sabio: “Lo difícil no es llegar a viejo, sino llegar a niño” o sobrevivir hasta los primeros cinco años. El desconocimiento u olvido de estas realidades son responsables de la elevada mortalidad infantil: la del primer año de la vida.

 

El año pasado en México registramos 30 mil 754 defunciones de menores de un año, en Japón, 2 mil 852; al ajustar en número de nacimientos por ambos países resulta que si hubiéramos brindado a nuestros niños las atenciones y cuidados que recibieron los lactantes japoneses, las defunciones de nuestro país en lugar de 30 mil, hubieran sido 6 mil, o sea, 25 mil más innecesarias. ¿Cuáles son las causas de tal situación? De los dos y medio millones de recién nacidos en México cada año, por lo menos 150 mil nacen sin ayuda de médicos, enfermeras o parteras que tengan capacidad para conducir el trabajo de parto, para reconocer oportunamente las complicaciones que ameriten su traslado a hospitales con recursos para realizar una operación cesárea o la realización neonatal. Resultado, el año pasado murieron más de 6 mil recién nacidos el primer día de vida por asfixia, 60% en la Secretaría, 20 en el Seguro y 10% en el resto. De los 6 mil niños que murieron, 20% no eran salvables por malformaciones congénitas muy graves o bajo peso al nacer, sin embargo en el resto sí pudieron haberse diagnosticado durante el embarazo para anticipar y preparar personal e infraestructura en la atención del parto.

 

Se nos dice que la dispersión de la población, en poblados muy pequeños con menos de 500 habitantes, torna imposible el acceso expedito a instalaciones hospitalarias de segundo o tercer nivel. Sin embargo, desde hace 26 años el sistema IMSS-Oportunidades ha ofrecido este servicioa más de 10 millones de personas en los 17 estados donde vive 35% de la población rural. Este año el Consejo Técnico del Seguro acordó que se dará atención a todos los derechohabientes de IMSS-Oportunidades hasta el tercer nivel; de esta manera, se puede atender el problema integralmente. Otro sistema es el de parteras empíricas, algunas bilingües, con larga tradición. Sin embargo ambos sistemas no han crecido al mantener el primero con el mismo presupuesto. En el segundo no hay ninguna coordinación o acuerdo nacional, fuera de 10 mil coordinadoras con IMSS-Oportunidades.

 

Ante la realidad de más de 5 mil muertes que pudieran haberse evitado el primer día de vida, la inversión necesaria para atenuar la condición actual implica reforzar ambos sistemas con plazas e infraestructura que lleven servicio de consulta prenatal en todas las comunidades necesitadas, que determinen cuáles partos se pueden atender a domicilio y cuáles deben ser canalizados a hospitales. Salvar anualmente a más de 5 mil recién nacidos de morir asfixiados necesita un presupuesto, que es menor al que se ha autorizado aquí para el rescate cañero y el rescate de las carreteras, y sería una migaja comparado con el rescate autorizado para los bancos en 1995. (Aplausos)

 

Otro problema preocupante son los accidentes, figuran en número creciente como causa de enfermedad y muerte. Desde 1932 son la primera causa de muerte de los niños entre el primero y el quinceavo año de vida, ocupan el cuarto lugar en los menores de un año. En casi todos los casos hay abandono o descuido, quemaduras, envenenamientos, ahogamientos, caídas, accidentes viales. El ingreso de la mujer al mercado del trabajo, el incremento del tránsito vehicular, el turismo de playa y los juguetes peligrosos propician el abandono del cuidado tradicional, como era de esperarse el máximo riesgo es en el primer año de vida, disminuye a 25% en la edad preescolar y llega a 13% durante el lapso escolar. El número de sitios disponibles en guarderías tiene relación inversa con los accidentes, así en el Seguro Social con casi 220 mil sitios la tasa de mortalidad por accidentes los primeros cinco años de vida, es una tercera parte de los que ocurren cuando no hay seguridad social, que sólo cuenta con 30 mil sitios. El que por cada fallecimiento por accidente haya 100 supervivientes lesionados con secuelas neuromotoras variadas, explica por qué las encuestas nacionales de incapacidad informan del 10% con alguna minusvalía y justificaron la creación del Instituto Nacional de Rehabilitación y de los servicios estatales de rehabilitación. En el 2005 se han presentado fenómenos muy agravantes.

 

Las agresiones llamadas homicidios en niños menores de 15 años como causa de muerte, son el vigésimo lugar en el primer año de vida, el décimo en la edad preescolar y en la edad escolar el sexto. En tasas por mil niños nacidos es al revés, máxima en lactancia y menores en las edades posteriores. Cuando el UNICEF publicó en 2003 los datos de mortalidad por maltrato a los niños menores de 15 años en 27 países, ocupamos el primer lugar por maltrato a menores de 15 años. Para México las cifras son 30 veces mayores que en Suecia y 30% superiores a Estados Unidos. Los niños mexicanos asesinados son 30% del total de las 26 naciones que tienen 800 millones contra 105 nuestros. ¿Por qué se puede asesinar a un niño? Los padres estaban alcoholizados, estaban bajo el efecto de las drogas, tenían problema mental, pero 330 niños menores de 15 años en México asesinados actualmente, es algo que no se puede tolerar. Otro aspecto del descuido y maltrato de los niños son los niños de la calle, tan solo en el Distrito Federal se estiman en más de 12,000. Nos hemos acostumbrado a ellos, los aceptamos como si fuera algo inevitable ¡qué le vamosa hacer!, ¡así es la vida! Los vemos sin mirarlos, para fines prácticos no existen, son invisibles. No parecen niños, porque no sonríen, están desaliñados, están tristes. Aunque su mirada nos dice en palabras de Emilio Gómez Abreu “quisiera ser el huésped de tus ojos”, no los miramos. Algunos tienen una familia que los manipula y explota, pero otros muchos no tienen un refugio hogareño, fueron expulsados o huyeron de él, viven en patios, instalaciones abandonadas, en el quicio de las puertas, en alcantarillas, si están de suerte tienen un refugio temporal muy transitorio.

 

Se les condena a vivir sin educación formal, en el desempleo, en la promiscuidad y en la drogadicción barata de los inhalantes como escape de la realidad que les privó de toda esperanza. Elena Poniatowska escribió de ellos: A los chavitos de menos de 14 años que pululan en las calles, ganándose, jodiéndose la vida, nada les parece una afrenta, los gritos, las patadas, la sangre, las groserías son parte de su vida. Van por la vida con los ojos hechos de pura interrogación, y así a pregunta y pregunta se les va la vida, se les va la infancia. A veces suplican, a veces también se vuelven mendigos, a veces la recochina vida los apachurran en una esquina.

 

Esto es folclor. ¿Por qué nos resignamos a ellos? ¿Por qué toleramos esta afrenta a la comunidad? ¿Por qué no nos avergonzamos y permitimos que esto permanezca? Recursos los hay, varias instituciones se han dedicado a ellos a base de darles un albergue, de proporcionarles un oficio, de darles una esperanza. Mientras esto permanezca, no tenemos derecho a ser civilizados, a llamarnos civilizados. Por si fuera poco, está en curso una epidemia de drogadicción ilícita que hasta hace 20 años era un problema incipiente en adolescentes y adultos jóvenes, desde finales del siglo XX afecta a medio millón de usuarios una vez al mes, millón y medio un año y 5 millones por lo menos una vez en la vida. Las autoridades han sido rebasadas y desbordadas por la cantidad y variedad de manifestaciones clínicas. El gobierno ha procurado más bien castigar el delito y el narcotráfico.

 

Las sociedades han respondido a través de organizaciones que han actuado con más buena voluntad que efectividad. En México los centros de integración juvenil fundados hace 37 años bajo la influencia de María Eugenia Moreno, tienen presencia nacional, en todos los estados, tiene más de 15 mil voluntarios y es una de las maneras de poder enfrentar este problema. ¿Qué puede hacerse ante panorama tan preocupante? Tenemos leyes admirables que de llevarse a la práctica, no tendríamos problemas serios en la salud de los niños.

 

En el Diario Oficial de la Federación se publicó el 19 de mayo del 2000 la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

 

Algunas joyas: “tendrán prioridad de protección y socorro en cualquier circunstancia”… atención antes que los adultos”. “tienen derecho al descanso y al juego…por ninguna razón ni circunstancia se les podrá imponer regímenes de estudio, trabajo o reglas de disciplina que impliquen renuncia o menoscabo a estos derechos”. “cuando se vean privados de su familia tendrán derecho a recibir la protección del Estado, quien se encargará de procurarles una familia sustituta”, la utopía de moro. “se evitará la difusión y publicación de información en horarios de clasificación A, con contenidos perjudiciales para su formación, que promuevan la violencia o hagan la apología del delito y la ausencia de valores”. Y finalmente, “las autoridades vigilarán que se clasifiquen los espectáculos públicos, las películas, los programas de radio y televisión, los videos, los impresos y cualquier otra forma de comunicación o información que sea perjudicial para su bienestar o que atente contra su dignidad”.

 

Como que es un mundo raro. A la larga enumeración de asuntos con alta prioridad para la salud de los niños mexicanos se pueden añadir otros de igual importancia; sin embargo, atenderlos o inclusive controlarlos no resolvería el problema; los determinantes sociales, económicos y culturales, responsables dela mala salud y sus diferencias inaceptables, vivían en gran parte de la asimétrica e injusta distribución de la riqueza. No es casual que las naciones con los mejores indicadores de salud en los niños, los países nórdicos y Japón, junto con la mayor escolaridad y el ingreso per cápita, los deciles más favorecidos no son más de 3 veces ricos que los menos afluentes; con contraste en México la diferencial es de 20.

 

Si el atraso y los problemas de la salud en esos niños apunta a una sociedad enferma, el remedio no es médico, si el ingreso familiar fuera la mitad del actual pero distribuido razonablemente tendríamos paz social, si las habitaciones no estuvieran hacinadas las infecciones de las vías respiratorias bajarían a la mitad; si se contara con agua potable no hablaríamos de diarreas, si se prohibiera la promoción publicitaria del tabaquismo los cánceres disminuirían en un 35%, si en los días festivos hubiera control del consumo de alcohol los accidentes y la violencia pasarían a los últimos lugares en lugar de ser los primeros. A nivel de las familias, si las madres dieran el pecho en lugar del biberón, si a los hijos que van a la escuela les prepararan una colación saludable por parte de sus madres, en lugar de dinero para emplearlo en comida chatarra y refrescos, si los padres cuidaran a sus hijos como cuidan sus automóviles y si en lugar de una pantalla de televisión, internet o nintendo, platicaran y salieran a pasear con ellos, y los padres no fueran los últimos en saber que sus hijos son drogadictos los médicos de los niños mexicanos seríamos puericultores con la tarea agradable de orientar a la nutrición, aplicar las vacunas y vigilar el crecimiento y desarrollo.

 

México tiene muchos niños, más del 30% de la población es menor de 15 años, no somos un país pobre, por el contrario seremos ricos si damos valor agregado a nuestro tesoro demográfico mediante educación, nutrición, salud y un ambiente que haga de la niñez una edad de alegría y paz, juegos, aprendizaje y crecimiento, un futuro forjado con el espíritu de armonía y cooperación.

 

Si el asunto y bienestar de los niños no se ubica en ningún sector del espectro político, ¿qué obstáculos puede haber para invertir en este capital humano? ¿Qué puede impedir que los legisladores aquí presentes, elegidos por el pueblo de México, acordaran una política de Estado dirigida a poner el interés de los niños en primer lugar? ¿Vamos a defraudarlos? En gran parte la respuesta a esta pregunta la dará el Senado de México. Gracias por su atención. (Aplausos)