La Docencia y la palabra*

Filiberto Malagón Gutiérrez

 

  • Desde el punto de vista filosófico-religioso la palabra ocupa la esencia del origen del cosmos, la vida y el hombre
  • En el principio fue el verbo, en el principio fue la palabra y la palabra se volvió acción: el hombre fue creado

 

Filiberto Malagón Gutiérrez.

 

El verbo o sea la palabra, no es un don divino que acompañara al ser humano en su origen. El ser humano nació con el don de crear la palabra, pero su reto más grande fue encontrar la palabra. Sin la palabra el hombre no se habría distinguido del resto de las criaturas del reino animal.

El nacimiento de la palabra

 

En los principios del animal humano la palabra nació por la necesidad de perpetuar el conocimiento de todo aquello que permitía su sobrevivencia.

 

Como la vida es finita, la única manera de perpetuar el conocimiento aprendido es comunicarlo, pasarlo de un humano a otro y así, preservarlo del olvido.

 

Evolutivamente esta comunicación del conocimiento se dio en ausencia de la palabra. El ser humano aprendió primero a transformar el conocimiento en símbolos gestuales como muecas, señas y gestos, en movimientos del cuerpo, brincos, saltos, señales y en sonidos como gritos, gemidos, susurros, gruñidos u onomatopeyas del rugir de un león o el aullido de un lobo.

 

Sus iniciales gemidos, gritos, sollozos, gruñidos y aullidos, se fueron convirtiendo en sonidos vocalizados de fonemas que aprendió a articular en secuencias que formaron palabras y confirió a las palabras un significado referido al tamaño, el color, la textura, el sabor, el sonido y otras propiedades de los objetos o seres que la palabra identifica, según la percepción que tiene de la realidad de los objetos o seres. La palabra conlleva el conocimiento de objetos o seres. Las palabras nacen del conocimiento y cada conocimiento nuevo requiere de palabras que lo designen.

 

El hombre deambuló por sus espacios naturales por miles de años antes de inventar la palabra, así que cuando el lenguaje fue creado, cada objeto, y cada ser ya conocido fue bautizado con una palabra.

 

¿Pero qué es la palabra?, es sonido, es la secuencia de unidades sonoras o fonemas, que por sí mismas no significan nada, pero que al articularlas una detrás de otra construyen el lenguaje. La palabra es un constructo cerebral, es el individuo auxiliado por el cerebro el que diseña la secuencia que llevan los fonemas, formando un código de secuencias fonéticas que construyen la palabra, la cual se aplica a un objeto o ser y conlleva en el nombre, las propiedades de ese objeto o ser.

 

Por ejemplo, cuando quiso nombrar a un fruto, la naranja, el hombre inventó una secuencia de sonidos o fonemas que unidos entre sí formaron la palabra naranja. La palabra no es la fruta, sino un código fonético que identifica la fruta como un concepto, es decir, se asocia a la palabra una síntesis de lo que la naranja es como fruta, es un tamaño, una forma, un color, un olor, un sabor, es zumo, es jugo, es gajos. El nombre, es decir la palabra-código es la síntesis de todo lo que la fruta es, sin ser la fruta. Suponemos que en el cerebro una red de neuronas albergan la memoria de esas propiedades que acompañan el nombre.

 

Así, quien designa con ese nombre al fruto, enseña a los demás humanos de su grupo o comunidad, la asociación de la palabra naranja con lo que el fruto es. Esos cerebros enseñados, al percibir la secuencia de fonemas que forman la palabra naranja, pueden evocar las características físicas del fruto y con ello su identificación, en ausencia de fruto mismo.

 

Sin embargo, si el sujeto que escucha la palabra ha tenido experiencias previas con el fruto, junto con su identificación, la palabra puede evocar su sabor y con ello despertar efectos fisiológicos, como la secreción de las glándulas parótidas y de los jugos gástricos, al estilo de los actos reflejos pavlovianos, y además podría evocar el olor del perfume de la flor del naranjo, y con ello un estado emocional particular, según las experiencias de quien escuche la palabra y del contexto de la referencia al fruto, de esta manera la palabra puede incidir en el funcionamiento de los órganos y la psique del individuo.

 

Para el humano el hallazgo del fruto representó una pieza de conocimiento de su entorno, el conocimiento de una parte de su realidad. En adelante el conocimiento del fruto a través de la palabra, podrá representar al fruto conocido incluso en su ausencia física, podemos inferir, entonces, que así como nos apropiamos del fruto, nos hemos apropiado de todo nuestro universo conocido, que lo llevamos en nosotros, pero en ausencia de él.

 

A la articulación de sonidos que forman la palabra le siguió la articulación de las palabras en secuencia que forman enunciados u oraciones que complementan el cómo, el cuándo, el dónde, y el porqué de los objetos o seres designados y así nace el lenguaje hecho de palabras.

 

De esta forma las palabras le sirven al hombre para expresar sus conocimientos, sus experiencias, sus observaciones, sus sentimientos. La palabra, por lo tanto es conocimiento, encierra el conocimiento. Toda palabra designa un objeto, un ser o un estado de ser. Toda palabra es conocimiento.

 

 

Por lo tanto si el conocimiento es palabra, cada pieza de conocimiento nuevo, requiere de una nueva secuencia de sonidos es decir un nuevo código-palabra o una secuencia de palabras, para identificar, registrar y mantener el nuevo conocimiento.

 

Ya que la palabra encierra el conocimiento, el conjunto de palabras que conforman una lengua encierra la riqueza de conocimientos generados y acumulados por los miembros de la sociedad humana que se expresan en esa lengua. Si la palabra es conocimiento, la expansión del conocimiento corresponde a la movilidad y expansión de la palabra, es decir, del lenguaje. De esta forma el lenguaje permanece en perpetuo cambio y la velocidad de cambio de la lengua estará dada por la velocidad en la generación de nuevos conocimientos, es decir, de nuevas palabras, por la sociedad que habla esa lengua.

 

Una vez que los humanos aprendieron a capturar su mundo transformándolo en palabras, el conocimiento y acervo intelectual se mantuvo vivo en la familia o la tribu a través de la palabra heredada de generación en generación.

 

Con el progreso evolutivo del hombre este registro del conocimiento resultó muy limitante para conservar los conocimientos producidos por comunidades humanas cada vez más complejas lo que obligó a los hombres a traducir los símbolos acústicos en símbolos o códigos escritos, para dejar los conocimientos en herencia a otros hombres que los sucedieran, de este modo el conocimiento y experiencias humanas se convirtieron en libros, primero manuscritos y después impresos: un código, la palabra, dio origen a otro código, los signos.

 

En este nuevo avance el ser humano, a través de su cerebro transformó los sonidos o fonemas en códigos o signos escritos, como ideogramas, jeroglíficos, signos o letras, que pueden ser transformados nuevamente en sonidos y palabras cuyo significado ya es conocido. Desde hace más de tres mil años, sabemos de escritos hechos por humanos para perpetuar sus conocimientos, como ocurrió en la cultura egipcia y mesopotámica. Pero la impresión de las palabras en texto empezó en china alrededor del año 700.

 

Tuvieron que pasar 700 años para que las experiencia chinas llegaran a Occidente y en el año de 1450 nació la primera imprenta en Alemania con la impresión de la Biblia de Gutemberg, que se imprimió en español 4 años más tarde en Maguncia, España.

 

Después de este comienzo, hoy a 567 años de distancia, casi todo el conocimiento humano está en palabras escritas e impresas, en la lengua de quien produjo el conocimiento, es decir, el conocimiento acumulado por el hombre está conservado en las palabras de todas las lenguas.

 

Los libros representan la memoria social del ser humano y nos percatamos que la palabra fue creada por él y a su vez, el ser humano ha sido creado por la palabra, es decir, el hombre animal ha creado al homo sapiens a través de la palabra.

 

La clave de ese cambio ha sido conocer los componentes de nuestro mundo, enseñar esos conocimientos y preservarlos.

 

Los maestros y los alumnos nacen en el momento en que nace la humanidad y desde entonces todos los hombres somos maestros y alumnos unos de otros, ése es nuestro signo, nuestro destino es nacer para conocer.

 

Sin embargo, en la historia se reconocieron como maestros, guías, mentores, a quienes fueron considerados los depositarios mayores del conocimiento, conocimientos muchas veces secretos conocidos solamente por ellos, éstos eran los magos, los jefes de la tribu, los líderes guerreros, los sacerdotes, los hechiceros, los brujos, los ancianos, los guías, los chamanes .

 

Con el tiempo la diversificación del conocimiento trajo consigo la diversificación de la palabra y aparece el lenguaje especializado de una actividad. Ahora, además del lenguaje común van naciendo otros lenguajes dentro de la misma lengua, la del carpintero, del albañil, del herrero, cada una con su propio lenguaje que guarda los secretos del oficio.

 

En la actualidad hay tantas lenguas dentro de las lenguas como oficios, profesiones, especialidades y actividades técnicas que existen en las sociedades y también como ciudades distintas que hay dentro de un país, como barrios que hay en una ciudad.

 

Los maestros, profesionales en el arte de enseñar, funcionan como depositarios de los conocimientos que guarda una sublengua dentro de una lengua, es decir son los depositarios de la palabra, o del conocimiento que alberga la palabra especializada.

 

Los maestros por tanto están dedicados a enseñar el lenguaje de la disciplina en la que son expertos, dedicados a enseñar ese lenguaje no solo mostrando los fonemas de la palabra, sino demostrando el significado del conocimiento de la palabra en toda su extensión declarativa y práctica, así como las relaciones de ese conocimiento con otros conocimientos con los que está conectado. Enseñamos a construir redes de conocimiento, redes de palabras, de conceptos que construyen un mundo donde el aprendiz no se ha introducido.

 

En el acto de enseñar y aprender tanto el maestro como el aprendiz aprenden, éste aprende el mundo desconocido, aquél aprende nuevas facetas del conocimiento que enseña, cada vez que lo enseña.

 

 

El conocimiento que enseña un maestro en su mayor parte es la herencia de muchas generaciones que en distintas épocas encontraron, descubrieron y registraron nuevos conocimientos. Enseñar esos conocimientos es un acto de buena fe, tanto por parte del maestro como del aprendiz, con la aceptación tácita de que lo que esos hombres informaron es verdadero, hasta que demostremos lo contrario, mientras tanto demostrar que todo lo que enseñamos es verdad, nos llevaría toda una vida de experimentación y no terminaríamos de explorar ni una sola disciplina.

 

En nuestro empeño de enseñar el lenguaje del universo de la Microbiología y Parasitología, como parte del lenguaje de la Medicina humana o veterinaria, no debemos ignorar que junto con las palabras, querámoslo o no, estemos conscientes o no, estamos enseñando ideas, construyendo imágenes de la vida, sentimientos, interpretaciones, paradigmas, formas de pensar, formas de ser y formas de comportarse; en realidad, estamos formando mentes aptas para resolver los problemas que causan los parásitos pero junto con ello estamos agregando una parte importante a la formación humana de nuestros alumnos.

 

Filiberto Malagón, Ciudad Universitaria, Mayo de 2017

 

Profesor Titular “A” de T.C.. Master in Science, Medical Parasitology (London University)

Proyectos de investigación:

 

– Malaria murina experimental y desarrollo de neoplasias.

Publicaciones más recientes:

Malagon F, Gonzalez-Angulo J, Carrasco E. And Robert L. Etiopathogenessis of Burkitt’s lymphoma: a lesson from a BL-like in CD1 mouse immune to Plasmodium yoelii yoelii. Infectious Agents and Cancer, 2011;6:10.

Malagon F. Malaria eradication in Mexico. Some historic-parasitological views on Cold War, Deadly Fevers by Marcos Cueto Ph.D. Philosophy, Ethics, and Humanities in Medicine. 2008;3:15.

Malagon F. Latinoamérica: Malaria sin fin. National Geographic Society, julio 21 2007;1:38-39.

Sanchez JT, Tay J, Aguilar A, Ruiz D, Malagón F, Rodriguez JA, Ordoñez J, and Calderon L. Cryptosporidiosis and other intestinal protozoan infections in children less than one year of age in Mexico City. Am J Trop Med Hyg, 2006;75:1095-1098.

El origen del Paroxismo Malárico. Rev. Med. IMSS, 2004;43:83-88.

Además de los trabajos citados, sus muchos años como docente en la Universidad Nacional Autónoma de México, el Dr. Malagón es autor de numerosos capítulos de libros en el área de la Microbiología y la Parasitología y forma parte del Consejo Editorial de TE el diario de la Tercera Edad.

*El texto que ahora reproducimos, en ocasión de la celebración del Día del Maestro, es una Conferencia presentada en la  Reunión de la Asociación Mexicana de Profesores de Microbiología y Parasitología en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Marzo de 2017