Los programas de apoyo a las personas mayores no resuelven su empobrecimiento

 

  • En 2016, 56 por ciento de los mexicanos carecía de seguridad por accidentes profesionales, enfermedades, jubilación, invalidez, vejez
  • 19 millones de personas no contaban con acceso a servicios médicos

 

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Para Ana Patricia Sosa Ferreira, experta universitaria, los programas gubernamentales de apoyo a las personas mayores del país, de más de 68 años, no solucionan ni frenan el empobrecimiento de la mayoría de la población.

 

Los adultos mayores reciben un salario indirecto, pero las familias tienen que gastar en servicios que ya no son gratuitos o no son de buena calidad, como el médico dijo esta especialista del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM.

 

“Se trata de políticas de alivio a la pobreza, no de solución o de freno al empobrecimiento”, añadió al referirse a que en México unos cinco millones de la población de más edad reciben entre mil 200 pesos cada dos meses. La excepción son las personas mayores de 68 años de la Ciudad de México, unos 525 mil, que reciben esos mil 200 pesos pero cada mes.

 

Sosa Ferreira se refirió a los programas asistenciales (alrededor de 36) de empleo temporal, inversión y pequeñas empresas, entre otros, estimulan el consumo, pero no las actividades productivas.

 

Además, dijo, tenemos una política financiera, una fiscal, una cambiaria y una monetaria desarticuladas, cuando para resolver la pobreza se debe actuar de manera integral.

 

Por su parte, Andrés Blancas Neria, del mismo Instituto, señaló que en 2016, el 56 por ciento de los mexicanos no tenía acceso a la seguridad social (por accidentes profesionales, enfermedades, jubilación, invalidez o vejez) y 19 millones de personas carecían de acceso a servicios médicos.

 

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Desde hace 25 años, 62 millones de personas carecen del ingreso suficiente para adquirir la canasta básica, situación que no ha cambiado en nuestro país, dijo en una entrevista que compartió con Sosa Ferreira.

 

Blancas Neria presentó un panorama desalentador de la situación social de la población mexicana.

 

El empobrecimiento es permanente y en realidad “todos nos estamos defendiendo de no empobrecernos”, advirtió Blancas Neria.

 

A su vez, Sosa Ferreira señaló que al cierre del primer trimestre de 2018, el 16 por ciento de los hombres y 14 por ciento de mujeres se encontraban en condiciones críticas de empleo.

 

“Trabajan menos de 35 horas a la semana, o más de 35, pero con ingresos menores al salario mínimo; o más de 48 horas semanales, con ingresos de hasta dos salarios mínimos”, dijo esta experta universitaria tras señalar que “la gente acepta un trabajo en donde sea”.

 

La atención a la pobreza, aclaró la experta, no considera la desigualdad –que es estructural– ni a los procesos de empobrecimiento. Se requiere una política económica con perspectiva de crecimiento, no sólo de la macroeconomía.

 

En tanto, Blancas Neria opinó que el crecimiento económico debe crear empleos sostenibles, formales y bien remunerados.

 

Sosa Ferreira explicó también que detrás de la pobreza está la desigualdad. Muestra de ello es que hay municipios en donde entre 75 y 100 por ciento de la población vive en esta situación.

 

Blancas Neira consideró que el problema de la informalidad afecta la productividad de la economía en su conjunto.

 

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En México, la mayoría de las empresas son pequeñas e informales y absorben una gran parte del empleo.

 

En 2017, añadió, del total de personas jóvenes ocupadas, 59.9 por ciento tenía un empleo informal, con bajas expectativas para acceder a vivienda y educación. El problema fundamental que impide resolver la pobreza es el desempleo.

 

Con el neoliberalismo, México abandonó la idea de aumentar la productividad. Es necesaria una política explícita de industrialización y el aumento de la ciencia y tecnología aplicada a la producción, que genere crecimiento de la inversión productiva, pública y privada, y eso a su vez propicie ciclos que lleven a aumentar el empleo remunerativo.

 

“Se requiere una armonía entre las políticas monetaria, fiscal, industrial y exterior, y resolver las diferencias de desarrollo regional”, afirmó Blancas Neira.