María, la mexicana de 73 años que suplica “unas monedas” para mitigar su hambre

 

  • Es una condición que no se reconoce como un grave problema social entre las personas mayores, tampoco de su miseria que se encuentra en la frontera de la extrema marginación
  • Las líneas del Metro se han convertido en sus refugios de sobrevivencia
  • La Tarjeta de Pensión Alimentaria mitiga las carencias alimentarias de más de medio millón de personas mayores

 

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Susana Sánchez.-Tiene 73 años, a las puertas de la entrada de la Estación del Metro Insurgente, clama ayuda de los usuarios: “Regálenme una moneda para comer”. Su mayor padecimiento es el hambre. Pocos usuarios y usuarias la escuchan. El hambre en la Ciudad de México no se escucha ni se ve. Las miradas son rápidas, de reojo hacia María, esta mujer que ruega por unas monedas.

 

El hambre es una condición que no se reconoce como un grave problema social entre las personas mayores, tampoco de su miseria que se encuentra en la frontera de la extrema marginación. Diariamente en las entradas de las estaciones del Sistema de Transporte Colectivo o en los vagones de los trenes, personas mayores en altas condiciones de vulnerabilidad solicitan dádivas que les permitan mitigar sus necesidades básicas, el de la alimentación es la más básica.

 

No todas estas personas mayores habitan en la capital mexicana, la mayor parte proviene de los municipios conurbados a la Ciudad de México, donde no existen políticas públicas dirigidas a las poblaciones de más de 68 años. Las líneas del Metro se han convertido en sus refugios de sobrevivencia.

 

María es una migrante desplazada que llegó de Oaxaca hace ocho años y se encuentra en el rango de carencia alimentaria de ese grupo humano descrito en las tasas de hambre de la Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA) de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), que han alcanzado la cifra de 821 millones de personas en 2017 en el mundo.

 

Se encuentra ahora en la capital mexicana desde hace ocho años con su madre que ahora tiene 93 años. No le dan trabajo por su edad. En el Hospital General de la colonia Doctores, le atienden sus dolencias, del corazón, el dolor de sus huesos. Le han dicho que el gobierno de la capital tiene comedores comunitarios donde el precio de los menús le costaría diez pesos, pero María no sabe dónde se ubican y apenas puede caminar.

 

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María, en las estadísticas nacionales se encuentra en el rango de las más de 70 por ciento de los 15 millones de personas de más de 60 años que carecen de algún tipo de pensión. Ni siquiera está al tanto de la Tarjeta de Pensión Alimentaria que otorga el gobierno de la Ciudad de México a las personas mayores de más de 68 años.

 

Esta Tarjeta de mil 209 pesos mensuales le permitiría atenuar sus carencias alimentarias, ser parte de las 525 mil personas mayores que reciben ese beneficio del gobierno de la Ciudad de México, un tipo de pensión que se inició con el próximo presidente de la República cuando Manuel López Obrador era Jefe de Gobierno.

 

Personas mayores con hambre en el país no están en estadísticas precisas. María no se encuentra en ellas, pero cada día ella transparenta su condición de persona con hambre cuando acude a la ayuda de la gente que ingresa a la Estación del Metro Insurgentes recientemente remodelada.

 

La secretaría de Desarrollo Social del gobierno de la capital reconoce que unas 150 mil personas mayores de la Ciudad de México se encuentran fuera del apoyo de la Tarjeta de Pensión Alimentaria. En la Comisión de los Derechos Humanos de la Ciudad de México se han presentado, en la Cuarta Visitador General, a cargo del maestro Juan Carlos Arjona Estévez, 655 quejas en trámite al 23 de octubre de 2018, relacionadas con pensión alimentaria para personas mayores.

 

Este número de quejas en esa Comisión de Derechos Humanos son por retrasos para ser inscritos en el Padrón de beneficiarios o porque se les ha suspendido la Tarjeta de Pensión Alimentaria.

 

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En el Manual de Operaciones de este instrumento de pensión alimentaria de personas mayores se cita que en 2001 el Gobierno de la Ciudad de México inició la operación del Programa de Apoyo Alimentario, Atención Médica y Medicamentos Gratuitos para Adultos Mayores de 70 Años Residentes en el Distrito Federal.

 

Ese año y con el propósito de garantizar un ingreso mínimo a las personas adultas mayores, se benefició a 250 mil personas residentes en la Ciudad de México. La población objetivo de esta Pensión no contributiva,  fueron aquellas y aquellos que no contaban con ingresos o habían sufrido un deterioro en los mismos,  al no incrementarse su Pensión contributiva ni el salario mínimo.

 

Para el gobierno de la capital mexicana “históricamente, las mujeres han sido víctimas de segregación ocupacional, inequidad salarial y exclusión de los sistemas de pensiones. El Programa de Pensión Alimentaria se constituyó como el medio por el que cientos de mujeres tuvieron acceso a una vida digna, ya que desde sus inicios, el Programa buscó garantizar su acceso a una vida económica independiente; además, representó el, primer ingreso económico de muchas”.

 

En 2003 inicialmente el Programa se institucionaliza con la publicación de la Ley que Establece el Derecho a la Pensión Alimentaria para Adultos Mayores de 70 Años Residentes en el Distrito Federal. En octubre de 2008 se extiende como un derecho a las personas adultas mayores desde los 68 años.

 

El Instituto para la Atención de los Adultos Mayores se crea para encargarse como la instancia encargada de brindar atención integral y contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas adultas mayores residentes de la Ciudad de México. Unas mil 300 trabajadoras sociales se encargan de atender a las personas mayores que reciben esta Tarjeta.

 

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) recientemente volvió a develar la importancia de combatir la pobreza en que están más de 53.4 millones de mexicanas y mexicanos, de los cuales, 9 millones se encuentran en pobreza extrema y entre ellos se encuentran personas mayores.

 

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Un imperativo para esta Comisión mexicana de los derechos humanos es lograr la suficiencia alimentaria, lo que debe atenderse como causa y consecuencia de violaciones a los derechos humanos.

 

Luis Raúl González Pérez, presidente de esa Comisión de los Derechos Humanos, al hablar de no ser indiferentes ante el éxodo de personas migrantes que llegan a nuestro país, que más allá de las lecturas que se den a esa movilidad humana, citó el deber de atender el dolor de personas en enfrentan carencia alimentaria y violencia, como María la del Metro Insurgentes.

 

Este defensor nacional de los derechos humanos ha dicho que más allá de la regulación jurídica que cada país pueda dotarse, debe tenerse en cuenta la perspectiva humanitaria.

 

González Pérez, al inaugurar el Foro Internacional DESCA (Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales) y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, puso de manifiesto que sin el respeto y la realización efectiva de los derechos humanos es imposible lograr la meta propuesta por esa Agenda que guía y hace necesaria la articulación de políticas y actividades enfocadas a la protección de los derechos humanos.

 

En esa reunión para tratar entre los temas el de la carencia alimentaria, Soledad García Muñoz, Relatora Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCA) de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH), dijo que hoy en día los afectados por el hambre y la desnutrición enfrentan múltiples afectaciones para gozar de alimentos suficientes, nutritivos debido a que no cuentan con un ingreso adecuado para comprar los alimentos necesarios para alimentarse de manera digna.

 

El gobierno federal del presidente Enrique Peña Nieto al terminar su gobierno, se jacta de que cinco millones de personas mayores disfrutan de una pensión que alivie sus carencias, una pensión que es de unos mil 200 pesos cada dos meses. Su administración ha desplegado una profusa propaganda para justificar su atención a personas mayores en condiciones de alta vulnerabilidad, sin saberse si en efecto esa estrategia para las personas de 65 y más años ha sido efectiva con el caso como el de María.

 

En la capital, el secretario de Desarrollo Social del gobierno de la ciudad, Alejandro Piña Medina, al hablar ante los diputados de la Asamblea Legislativa, mencionó que en la Ciudad de México tenemos poco más de 700 mil personas adultas mayores de 68 años y reconoció que existe un porcentaje importante de personas que no han logrado ingresar.

 

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Se requieren más recursos para la Tarjeta de Pensión Alimentaria

 

Para poder atender toda la demanda de esta Tarjeta, el servidor público capitalino citó que “para poder ingresar a la totalidad de este universo se necesita algo así como mil 800 millones adicionales a los 7 mil 500 millones que ya se erogan en este sentido y de esa manera pudiéramos atender al universo completo de población adulta mayor”.

 

Pero este funcionario mira hacia el futuro: cada vez será más ancha la banda demográfica de las personas mayores en la capital mexicana y los recursos tienen que irse incrementando para atender la demanda de esa Tarjeta de Pensión Alimentaria que representa para la gran mayoría de sus beneficiarios, una forma de atenuar sus ingentes necesidades de alimentación o de medicamentos, hacia donde dirigen la mayor parte de ese gasto.

 

Ante los legisladores de todos los partidos políticos de la capital mexicana, Piña Medina les manifestó necesidad de reflexionar de otro tipo de estrategias para resolver las condiciones de vida de las personas mayores en 15 o 20 años.