“La heterofobia es una verdadera enfermedad moral”

 

  • Es un sentimiento que nos induce a sentir temor, antipatía y odio hacia los otros”, dijo Luis de la Barreda
  • “Nos impide ver al otro con realismo, porque no consideramos que sus sentimientos sean dignos, como lo son los nuestros
  • Esto da lugar a la discriminación, marginación y, en casos extremos, a la violencia”

 

 

Ante el surgimiento en países como México de expresiones racistas y discriminatorias por las caravanas migrantes que cruzan nuestro territorio, es importante reflexionar sobre la heterofobia, un sentimiento que nos induce a sentir temor, antipatía y odio hacia los otros, señaló Luis de la Barreda, coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos (PUDH) y quien fuera presidente de la Comisión de los Derechos Humanos de la capital mexicana en su primera etapa hace 25 años.

 

Ese comportamiento no es nuevo, dijo, pero en sus orígenes tenía un objetivo claro, pues servía para dar cohesión a la tribu al rechazar a los de grupos distintos; pero a medida que se desarrolló la civilización y la humanidad avanzó culturalmente, la pertenencia, las características físicas o el lugar de nacimiento se descartaron como factores que otorgan dignidad al ser humano.

 

“La heterofobia es una verdadera enfermedad moral que nos impide ver al otro con realismo, porque no consideramos que sus sentimientos sean dignos, como lo son los nuestros”, añadió.

 

“Esto da lugar a la discriminación, marginación y, en casos extremos, a la violencia”, advirtió De la Barreda ante académicos, estudiantes y público en general reunido en el Auditorio Héctor Fix-Zamudio.

 

Domingo Alberto Vital Díaz, coordinador de Humanidades, en la inauguración del primer coloquio Discriminación, Sesgos Cognitivos y Derechos Humanos, dijo por su parte que más allá de liderazgos carismáticos, con un culto a la personalidad y discursos fascistas, es necesario fomentar liderazgos compartidos mediante la reflexión,

 

Vital Díaz añadió que en la actualidad a los jóvenes les toca vivir una era multidisciplinaria para la solución de los problemas, y hay varias falacias, como aquella que afirma que no hay trabajo, pues cada persona es una posibilidad de construir una fuente laboral, siempre y cuando la sociedad se estructure adecuadamente.

 

“No podemos decirle a nadie que no entre a un país porque no hay trabajo; más bien, el cambio de perspectiva debe llevarnos a decir: construyamos con tu sola presencia una nueva posibilidad de empleo, más allá de las nacionalidades”, dijo.

 

Luis de la Barreda.

 

Al respecto, Alexandra Haas Paciuc, presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), se refirió a la relevancia de que este encuentro, que se realizó en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ), se dio en un contexto delicado, en el que surgen y crecen plataformas políticas abiertamente contrarias a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.

 

Alexandra Haas Paciuc enfatizó lo positivo de que disciplinas como la psicología y las ciencias del comportamiento se interesen y trabajen en la discriminación, que es un problema central para la vida de millones de personas en México.

 

En la primera conferencia magistral, Jacqueline Bhabha, profesora de Derechos Humanos y Salud Pública, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, comentó sobre los usos y abusos de la discriminación, una visión acerca de los sesgos cognitivos y las políticas migratorias en Estados Unidos.

 

Durante el encuentro se habló del racismo y discriminación en México y América; repensar la discriminación; el racismo y la violación a los derechos humanos desde la creación artística; reproducción de sesgos cognitivos en la educación, así como el impacto del cine en la sensibilización sobre este punto.

 

Siempre razonamos con sesgos, la mente es una máquina que detecta y busca patrones, la conducta de los seres humanos es así: aprendemos competencias y las vamos automatizando, explicó Germán Palafox , director de la Facultad de Psicología de la UNAM.

 

“Todos estereotipamos, y si ese estereotipo tiene una ‘actitud’, es decir conlleva a un componente cognitivo, afectivo o conativo (predisposición para actuar de acuerdo a una creencia), se convierte en prejuicio, el siguiente paso es una acción diferenciada con una valencia positiva o negativa por simple pertenencia a un grupo, y eso deriva en discriminación”, indicó.

 

 

En el primer módulo del coloquio realizado en el Auditorio Jorge Carpizo de la Coordinación de Humanidades, Palafox subrayó que las sociedades han aprendido a esconder sus patrones de discriminación, “hay personas que son hábiles para ocultarlos, pero eso no indica que no lo hagan, aun en silencio”.

 

En ese sentido, Alfonso Ayala Sánchez, maestro en Administración Pública por la Escuela de Gobierno de Harvard y fundador del Centro de Estudios Estratégicos y de Cognición Social Implícita, apuntó que la discriminación asociada a sesgos y prejuicios no es un fenómeno reciente.

 

Recordó lo sucedido desde la Edad Media, cuando se relacionaba a la otredad con la negrura, lo salvaje o monstruoso. O al periodo de la Ilustración, cuando se enalteció la razón y se practicaba el racismo científico. “Hoy, muchos se cuidan de no expresar el sentido de sus pensamientos discriminatorios, para no ser criticados”.

 

Para Rolando Díaz Loving, académico de la Facultad de Psicología, el ser humano siempre ha ido en búsqueda de certeza, explora múltiples maneras de tenerla con la creación de normas y reglas, y esto a su vez instaura estereotipos.

 

“Cuando nosotros acusamos a otros de discriminadores, los estamos discriminando. Porque esta acción proviene de cualquier generalización que busca certeza, y el mejor antídoto para ello es la flexibilidad e ir en búsqueda de la tolerancia, hay que hablar sólo de seres humanos, ese sería mi estereotipo ideal”, reflexionó.

 

La reunión fue organizada por la Secretaría de Desarrollo Institucional, la Coordinación de Humanidades, el IIJ, el PUDH, la Facultad de Psicología, la Cátedra Nelson Mandela de Derechos Humanos en las Artes y el Conapred, con la presencia de expertos de Estados Unidos, Venezuela, Brasil, Nicaragua, Costa Rica, Honduras y México, así como representantes de grupos indígenas de Latinoamérica.