Cada vez más en la familia mexicana la mujer asume el papel de “Jefas solas”

El grueso de las familias formadas por papá, mamá e hijos, sigue siendo notoriamente la mayoría en el país.

Foto: T E

Una tendencia constante  en las familias mexicanas del siglo XXI se encuentra en el segmento “Jefas solas y familia”. De acuerdo con el análisis de Fernando Pliego Carrasco, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)  cuando las parejas se separan, los hombres son poco propicios para encarar el cuidado de los hijos, aunque hay casos en que lo hacen.

 

Es muy notorio que la mujer asume el costo de los procesos del cuidado de los hijos y le toca la parte más difícil, comentó el investigador universitario en una entrevista.

 

La familia es el tema más relevante en la vida de las personas, reportó la Encuesta Mundial de Valores 2010-2014, un sondeo aplicado en 60 países de gobiernos democráticos y no democráticos. En este ejercicio, efectuado en México en 2012, 97.6 de la población consideró “muy importante” a la familia.

 

Para Pliego Carrasco  la figura familiar (papá, mamá e hijos) no está cambiando de manera significativa.  Lo que sucede, dijo, es que hay menos matrimonios y las parejas viven más en unión libre. Desde luego, también son importantes las familias encabezadas por mujeres sin pareja, aunque son mucho menos. En cuanto a otros tipos, son muy pocas en términos demográficos.

 

En este tono, abundó el experto del Instituto de Investigaciones Sociales, si se comparan los datos del Censo de Población de 2000 con los de 2010 y la Encuesta Intercensal de 2015, la más grande que se ha aplicado en la nación, en el año 2000 las parejas casadas que forman un hogar sumaron 60 por ciento.

 

En 2015 se situaron en 43 por ciento; pero las que viven en unión libre pasaron de 13 a 17 por ciento junto con las familias de jefas solas.

 

Aún más, si se considera el grueso de las formadas por papá, mamá e hijos, sigue siendo notoriamente la mayoría. Es decir, todavía en 2015 casi 65 por ciento eran familias encabezadas por parejas de hombre y mujer. De modo que hay dos cambios: más uniones libres y más familias con jefas solas.

 

Respecto de esta modificación, el autor de Estructuras de familia y bienestar de niños y adultos reflexionó que se debe a un número creciente de población, especialmente se da en la más joven –entre los 18 y 29 años de edad–, que vive en unión libre por la crítica de lo que perciben como institucional, producto de su propia experiencia familiar.

 

“Cuando valoran cómo vivían sus padres, si se llevaban mal, vivían separados o su relación no era particularmente positiva para ellos, al crecer no lo quieren repetir”, añadió.

 

Asimismo, dijo, ha aumentado el número de personas que viven solas aunque no se puede considerar familia. En el año 2000, 6.4 por ciento de la población habitaba en hogares solos. En 2015 aumentó a 10 por ciento. “Esos son los cambios notables”.

 

Desde la óptica de Pliego Carrasco, hay otras formas de vivir: personas solas, con padrastros o madrastras, hogares de parejas del mismo sexo, aunque si se analizan los datos censales su número es pequeño.

 

De cien por ciento de los hogares mexicanos, sólo 10 por ciento son unipersonales, no familiares. El otro 90 son familiares con excepción de lo que llamamos hogares de corresidentes, los estudiantes que rentan un departamento para vivir y bajar costos o personas que no tienen relación familiar de ningún tipo ni conyugal, pero viven en el mismo techo, ocupan menos de uno por ciento.

 

El sociólogo propuso que cuando se ventile en público el tema “familia”, se precise dónde está y cómo vive la mayoría, sin desatender que hay hogares de minoría, para entender dónde se ubican las dinámicas del cambio, y al mismo tiempo, el problema central de las mayorías: la solidaridad y equidad –o su ausencia– en la relación entre hombre y mujer.

 

“Las políticas públicas deberían privilegiar ese fenómeno, sin descuidar los otros tipos de hogar, porque en la solidaridad de la vida de pareja, entre hombre y mujer, es donde se determinan los indicadores de bienestar, relacionados con cuestiones como la delincuencia juvenil, deserción escolar, problemas de salud como depresión, ansiedad, el área personal de los miembros de la familia, concluyó.

 

 

 

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