¿El envejecimiento de la población es una amenaza?

 

  • México, entre los países con un envejecimiento moderado de su población
  • El siglo XXI es el del envejecimiento de la población de México y de las naciones de América Latina y el Caribe
  • No tiene por qué convertirse en una amenaza para la sostenibilidad del gasto público ni para la implementación de la Agenda 2030, si se toman las decisiones adecuadas antes de que el proceso se afiance
  • El envejecimiento puede constituirse en una oportunidad inexplorada para avanzar en el desarrollo sostenible

 

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Susana Sánchez.-México será una de las naciones con una sociedad envejecida. La fecha parece aún muy lejana. Sin embargo, los estudios sobre el envejecimiento de la población en México apenas se inician en la última década del siglo pasado y denotan cambios demográficos en el país. A la fecha datos del Instituto Nacional Electoral señalan una población de alrededor de 15 millones de personas con credencial de elector de más de 60 años, aunque es factible que otro número no verificado, sin registro en el INE, no se encuentre documentado.

 

En 2060 México se encontrará en dentro del mayoritario grupo de países con una sociedad envejecida. Actualmente se le clasifica con un envejecimiento moderado de su población. Por ejemplo, actualmente más del 15% de la población de seis alcaldías de la Ciudad de México tiene 60 años y más.

 

El enorme desafío para el Estado mexicano es organizar desde ahora una política pública integral que atienda el envejecimiento de su población, que es una de las más avanzadas en el continente.

 

De acuerdo a un acucioso y amplio estudio de la investigadora chilena Sandra Huebnchuan, Envejecimiento, Personas Mayores y Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, Perspectiva Regional y de Derechos Humanos, México se encuentra entre los países latinoamericanos y del Caribe en esa etapa de envejecimiento moderado junto Antigua y Barbuda, la Argentina, el Brasil, Colombia, El Salvador, Jamaica, Panamá, Perú, San Vicente y las Granadinas, Suriname y Santa Lucia.

 

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Por su parte, siete países de la región (Bahamas, Barbados, Chile, Costa Rica, Cuba, Trinidad y Tobago y Uruguay) se ubicarán en una etapa muy avanzada del envejecimiento: en todos ellos la proporción de personas mayores será superior al 20%.

 

En México, como en otros países de la región, dice este estudio, la prolongación de la vida por el descenso de la mortalidad aumentó la proporción de personas mayores (60 años y más), subió del 6% en 1965 al 11,8% en 2017. La población de 60 años y más en la región latinoamericana y del Caribe, formada por unos 76 millones de personas en la actualidad, tendrá un período de gran incremento que la llevará a sobrepasar en 2037 a la población de menores de 15 años, con 147 millones de personas, y a alcanzar los 264 millones en 2075.

 

El envejecimiento acelerado de la población pasará a ser la tendencia demográfica más relevante en la región. A partir de ese momento, los cambios en la estructura de edades estarán dominados por la dinámica de las generaciones de personas mayores, de manera que el envejecimiento y su incidencia sobre las demandas sociales será el fenómeno demográfico más significativo, dice este estudio editado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

 

En 2045 México se ubicará en la categoría de las economías envejecidas junto con el Brasil, Colombia, Costa Rica, Jamaica, México y el Uruguay. En 2060, 19 países de la región serán economías envejecidas, ya que a esa categoría se habrán incorporado la Argentina, el Ecuador, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Perú, la República Dominicana, Suriname y Venezuela (República Bolivariana de). En 2015, ningún país de la región se ubicaba en la categoría de economía envejecida; en 2030, dos países lo harán: Chile y Cuba.

 

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Huenchuan destaca en este trabajo de investigación que el envejecimiento de la población, no tiene por qué convertirse en una amenaza para la sostenibilidad del gasto público ni para la implementación de la Agenda 2030, si se toman las decisiones adecuadas antes de que el proceso se afiance.

 

Por ejemplo, dice esta investigadora, la experiencia de los países europeos deja entrever que el envejecimiento no siempre acarrea una supuesta falta de viabilidad económica para sus estados de bienestar. El envejecimiento, por lo tanto, puede constituirse en una oportunidad inexplorada para avanzar en el desarrollo sostenible.

 

Obviamente hay mucho que estudiar y hacer, pero las recientes publicaciones del Banco Mundial y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) avalan esta posición. Con respecto a la incorporación explícita de las personas mayores a los sistemas de protección social desde la perspectiva de la igualdad en este estudio, esta autora menciona que se fundamenta en que los cambios demográficos actúan como factores clave en la creación de oportunidades y establecen nuevas restricciones relacionadas con la redefinición de las funciones de la familia, el mercado y el Estado.

 

Por lo tanto, añade, es necesario replantear la protección social para que responda a las consecuencias de las transformaciones demográficas y, a su vez, anticipe las respuestas a las demandas de una población en proceso de cambio.

 

Empero, el escenario actual en la región para lograr la meta 1.3 sobre protección social universal, dice esta autora, no está exento de obstáculos. Como documenta una gran parte de las personas mayores no tiene acceso a pensiones de vejez que les garanticen protección frente a los riesgos de pérdida de ingresos en la edad avanzada. Además, la cobertura de seguridad social de la población ocupada es muy desigual, lo que aumenta las posibilidades de desprotección económica para las generaciones futuras.

 

El panorama del envejecimiento de la población en esta investigación destaca que si bien se han producido avances notables en lo referente a la expansión de las transferencias públicas, que ayudan a reducir parte de los riesgos económicos que surgen con la edad avanzada, es necesario continuar profundizando los mecanismos para incrementar la protección en la vejez, sobre todo en el caso de las mujeres mayores, los ancianos indígenas y la población rural.

 

Los países de América Latina y el Caribe están intentando lidiar con los problemas de cobertura de seguridad social de diferentes maneras, pero la tendencia es evidente y la política que parece estar teniendo mayor impacto es la extensión de las pensiones no contributivas, subraya Huenchuan.

 

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Además, señala, de sus efectos sobre la cobertura, este cambio de política puede tener consecuencias importantes a largo plazo en aquellos países donde la población está envejeciendo. Esto es especialmente relevante en los países donde la escasa cobertura de las jubilaciones por la vía contributiva se complementa con las pensiones no contributivas, en un contexto en que la población en edad de trabajar presenta bajos niveles de cotización, tanto en términos de cobertura como de densidad.

 

Asimismo, en relación a la cobertura de salud, se observa una adaptación lenta de los sistemas de salud a los cambios de la demanda surgidos a partir de las dinámicas demográfica, epidemiológica y tecnológica, lo que en el mediano y largo plazo puede dar lugar a un incremento de los costos y gastos de los servicios de atención de la salud y un acceso insuficiente de la población a servicios de salud adecuados y de calidad, si no se toman las decisiones adecuadas en el momento oportuno.

 

En esta investigación se puntualiza que la cobertura sanitaria es desigual y, aun si las personas mayores cuentan con seguros de salud, ello no quiere decir que puedan acudir a un centro médico cuando lo necesitan. La posibilidad de obtener medicamentos a un costo accesible y de recibir prestaciones sanitarias eficaces y adecuadas a sus necesidades, así como cuidados de largo plazo fiscalizados y en los que se respeten los derechos y libertades fundamentales al aumentar la dependencia, son asuntos que preocupan a la generación actual de personas mayores cuando su autonomía se ve afectada, dice esta autora Sandra Huenchuan.