Bajo un terrorismo de Estado, Minerva, una de las 30 mil personas desaparecidas

 

  • “En México persiste la falta de memoria en la sociedad y la criminalización de las víctimas y sus familiares”

 

Foto: T E

 

José Luis Camacho López.- Se llama Minerva Vera Alvarado, desapareció el 29 de abril de 2006 sin dejar huella bajo lo que la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, Nashieli Ramírez Hernández, denominó “terrorismo de Estado”.

 

Su hermana Teresa Vera Alvarado, de 72 años, no ha dejado de buscarla. Minerva tenía 55 años ese oscuro 29 abril de 2006 en Matías Romero, un ayuntamiento del estado sureño mexicano de Oaxaca. Ahora su edad la calcula su hermana en 68 años, es ya una persona mayor. Minerva es una de las 40 mil personas desaparecidas en México.

 

En el salón Digna Ochoa, de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, Teresa enarbola un cartel con la imagen de su hermana desaparecida al salir de su casa a las diez de la mañana. Pasaron dos horas y no volvió. Ningún vecino se atrevió a decir algo. Nadie quería hablar. Matías Romero era en 2006 territorio de los Zetas, una de las organizaciones criminales más despiadadas en México. “Sigue igual”, dijo Teresa.

 

Observa la escena la Fundadora de las Abuelas de la Plaza de Mayo, Delia Giovanola, de 93 años, en un Conversatorio Niñez y desaparición forzada: Historias de lucha en México y Argentina, convocado por la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la capital mexicana. También se recuerda al primer desaparecido político en México que está documentado, del profesor Epifanio Avilés Rojas, ocurrido hace medio siglo en Guerrero, una desaparición que se atribuye al ejército.

 

Foto: T E

 

Delia Giovanola vino a México a hermanar el dolor de las familias de los desaparecidos en México con los desaparecidos y asesinados por la Junta Militar que se apoderó del poder político en Argentina en 1976.

 

Minerva no tenía motivo para desaparecer, dejó a sus dos hijas, una de trece años, la otra de 28 años con dos hijos. Pero desapareció y desde abril de 2006 su hermana no ha dejado de buscarla, ha pertenecido a cualquier movimiento, como el del poeta Javier Sicilia, Movimiento por la Paz y la Justicia, que se dedique a una de las tragedias más espantosas que le han ocurrido a la sociedad mexicana, la desaparición de personas, jóvenes, mujeres y hombres, infantes sin que se sepa su paradero.

 

Teresa ha recorrido sitios donde se entera que se encuentran tumbas clandestinas, sin resultados. A 13 años de la desaparición de Minerva mantiene la misma versión: salió a la calle y no regresó. Le dio dinero al comandante de la judicial para que la buscara porque en general la policía mexicana carece de recursos para emprender la búsqueda de desaparecidos y ahora es más raquítico con el nuevo gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, un mandatario que llegó al palacio nacional con una alianza de disímbolos partidos políticos y credos religiosos, como el de la Luz del Mundo.

 

El 24 de junio Teresa y otros parientes de desaparecidos tienen una entrevista con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Confía y tiene la esperanza de que no les den más vueltas como ha ocurrido con el caso de Minerva desde 2006 con los gobiernos de los partidos Acción Nacional y del Partido Revolucionario Institucional.

 

Para Teresa los sistemas médico forenses no tienen capacidad para albergar por tantos cuerpos que se descubren en las tumbas clandestinas. Ella ha recorrido todo el país en busca de su hermana al tener conocimiento de indicios de nuevos hallazgos de cuerpos sepultados en el clandestinaje.

 

Foto: T E

 

Teresa no se ha cansado, es una mujer bajita y menudita, no ha perdido la sonrisa, ver y escuchar a la fundadora de las Abuelas de Mayo la estimula, escucha su desgarradora historia de haberse quedado con su nieta con la desaparición de su hijo y su nuera tras el golpe militar en Argentina.

 

La narración de esta tragedia la hace la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México:

 

“Delia me compartió   que cuando fueron a levantar, como decimos aquí, a su hijo y a su nuera, su nieta tenía tres años; entonces, ella tuvo que asumir desde el principio la maternidad, y que le contaba cuentos en la noche, semanas, meses posteriores a lo que había pasado.

 

“Y un día se volteó su nieta y le preguntó una noche ‘¿Por qué no lloraste, abuela, en la mañana?’. Porque lo que paraba es que ella le leía los cuentos, y no pasaba de llorar, en el momento en que le leía el cuento a la nieta, no paraba de llorar. Y que en ese momento dijo ‘No. Tengo a mi nieta aquí, y no voy a llorar más. Yo voy a luchar. Y además lo voy a hacer recobrando y recogiendo alegría de dónde sea; de entrada, de la sonrisa de mi nieta’. Y que eso, el buen humor, el poder sobreponernos a esto también, teniendo una mirada de humos, teniendo y recuperando felicidad en otras pequeñas cosas, incluyendo una gran cosa que es la lucha del día a día, permite seguir en la lucha”.

 

Esta narración la termina Delia de 93 años, quien voló ocho horas desde Argentina, a ella la esperaba, lo dijo en tono de broma, una silla de ruedas en el aeropuerto de la Ciudad de México: Su nieta se quitó la vida a los 35 años al no encontrar a su hermano.

 

“Tengo 93 años y sufro todas las edades y traté de no quejarme. Perdí una nieta y uno va dejando algo en el camino”, les dijo a un estrujado auditorio formado por familiares de desaparecidos en el norte, centro y sur del país, quienes vinieron de todas las latitudes a escuchar a esta Abuela argentina, quien las exhortó a mantener la unidad ante cualquier obstáculo al señalar que a 43 años las Abuelas de Mayo argentinas “seguimos juzgando a los represores”.

 

¿Cómo le has hecho?, le preguntan. En el norte de México empezó la barbarie de los desaparecidos en el país, le dijeron Delia.

 

En la Sala Digna Ochoa se respira un insondable dolor: ¿Cuándo nos matan a un hijo? …No hay calificativos para describirlo…

 

“Nosotros tuvimos que inventarnos de la nada”, les dijo Delia. Si los hijos tuvieron alguna culpa, los represores los hubieran juzgado, agregó esta Abuela de Mayo que se convirtió en un símbolo de lucha de los familiares que no han dejado de buscar a sus desaparecidos, como Teresa que se toma una foto con Delia y logra sonreír al estar junto a esta recia Abuela argentina.

 

Foto: T E

 

La búsqueda de las Abuelas de Mayo-ya solamente quedan seis abuelas, citó lacónicamente Delia- empezó con los hijos e hijas desaparecidos y prosiguió con los nietos. No fueron secuestros fueron desapariciones. Para indagar sobre sus nietos y nietas recorrieron casas cunas, hospitales y tribunales de menores. Lograron rescatar 30 nietas y nietos pero después de 43 años aún les faltan 350 nietos.

 

“No tengo a mi nieta y no voy a llorar más, voy a recoger alegría”, dijo Delia con el ánimo de darle fuerzas a todos esos rostros de familiares de desaparecidos en México, que siguen esperando saber de sus paraderos mientras Nashieli Ramírez Hernández pidió una dispensa para terminar su discurso con una frase ya célebre: “Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

 

Sobre todo, en este colofón de una ceremonia de gran tristeza, Ramírez Hernández reprochó que en México se viva un terrorismo de Estado, que desgraciadamente, “persiste a la fecha”. “A los delitos de lesa humanidad documentados en México, van sumando cada vez más y se conocen como delitos continuados: no prescriben y se actualizan durante todo el tiempo en que no hay justicia”.

 

Y citó: Ante la grave omisión del Estado para investigar y sancionar los delitos de desaparición forzada, desde hace 50 años, las organizaciones han acumulado una experiencia invaluable en el tema. Lo han llevado a cabo, porque las personas no han tenido elección en ello: ¿qué se hace frente a la desaparición de nuestras parejas? ¿Qué no se hace ante la desaparición de nuestros hijos? La vida se detiene para todo y se acelera para encontrar a los nuestros, con las herramientas que sean.

 

Y reclamó que “en México persiste la falta de memoria en la sociedad y la criminalización de las víctimas y sus familiares”.

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