Chapulinear, el deporte preferido de los políticos mexicanos

 

  • Los inmortalizan en un Diccionario de los mexicanismos
  • Son expertos en el chapulinismo y el chapulineo

 

 

Chapulinismo, chapulineo y chapulinear son las palabras claves para los políticos mexicanos que se cambian de un partido a otro, se quitan las camisetas para no caer en el terror de estar fuera cada sexenio de los presupuestos públicos. Prevalece entre ellos la consigna de que un político pobre es un pobre político.

 

El Congreso mexicano está plagado de políticos chapulines.

 

Una de sus frases simbólicas más comunes de los políticos mexicanos chapulines es decir que estar fuera del presupuesto “es vivir en el error”, otros dicen que es “vivir en el terror”.

 

 

Los chapulines se encuentran en todos los partidos políticos. Ni siquiera digieren la doctrina de un partido cuando ya están en otro. Son expertos en la simulación y el disfraz ideológico. Sus saltos de un partido a otro son la clave de sus enriquecimientos.

 

Ese dogma que ha sido su símbolo de sobrevivencia que “un político pobre es un pobre político”, es frase que se le acredita a un político del Partido Revolucionario Institucional ya fallecido, Carlos Hank González, del partido que gobernó México durante 70 años antes de la alternancia en el año 2000.

 

Estos políticos mexicanos que no conocen otra moral que no sea más que el árbol que da moras, están bien identificados por la opinión pública mexicana como chapulines por ser dados a cambiar de partidos según sus intereses muy personales, ya no estarán en el Diccionario de la Real Academia Española, pero no se salvan, quedarán inmortalizados en el Diccionario de los Mexicanismos del 2020.

 

En el proceso electoral presidencial del año pasado fue común que políticos de diversos partidos de izquierda y derecha dieron saltos al Movimiento de Regeneración Nacional que triunfó en las elecciones presidenciales.

 

La palabra Chapulín desaparece del diccionario del español junto como pillastre y pilluelo. Estas palabras forman parte de las dos mil 793 palabras retiradas del diccionario de la Real Academia Española por estar supuestamente en desuso.

 

 

Pero en México aún son parte del lenguaje político periodístico para describir esos políticos mexicanos que practican los saltos de cambiarse de un partido a otro.

 

Los caricaturistas mexicanos los han llegado a describir como expertos en el salto con garrocha, saltos de altura, saltos sin red, aventarse clavados con tal de permanecer en los presupuestos públicos.

 

Abel Quezada y Rius fueron los caricaturistas mexicanos que más ironizaron y describían con sus obras de estos políticos mexicanos también conocidos también como trapecistas o maromeros.

 

En los últimos 100 años dos mil 793 palabras han sido excluidas de las ediciones de los diccionarios porque estaban en desuso o tenían poca o nula documentación, requisitos para permanecer, anunció recientemente la Real Academia Española (RAE).

 

Sin embargo, no estarán a salvo estos políticos mexicanos que circulan de la derecha a la izquierda o al centro de la política del país.

 

“En el Diccionario de Mexicanismos de 2010 se incluirá todo el campo semántico de los chapulines, pero no en referencia al insecto saltarín, sino a los actores políticos: chapulinismo, chapulineo, chapulinear, chapulín”, adelantó Concepción Company, investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de la UNAM e integrante de la Academia Mexicana de la Lengua (AML).

 

“Chapulín” era definido como un animalito saltador. Ahora se asoció connotativamente su acción de brincoteo con lo que hacen algunos políticos acomodaticios quienes se ajustan fácilmente a las circunstancias. Debe haber muchos casos, porque si no, no hubiéramos incluido esas palabras, comentó esta investigadora universitaria.

 

“Machín”, de macho también quedará inscrito en el Diccionario de Mexicanismos de 2020, adelantó Company.

 

 

Para ser conservadas, explicó Company, las palabras requieren de cierta cultura lingüística o literaria, pero si no tienen ninguna función, valor o son de poco uso, aunque tengan una o dos documentaciones son evaluadas por la comisión de lexicografía de una academia de la lengua, que determina mantenerla o desecharla.

 

Es el caso de “pilluelo” o “pillastre”, derivadas de pillo, fue eliminada por la RAE porque se trata de un derivativo (segmento o partícula que participa en la derivación de palabras) que puede crear cualquier persona y no requiere consulta al diccionario.

 

“Los derivativos no tienen por qué ponerse en un diccionario, como mesita o cajita, porque son una creación posible de cualquier hablante. Entonces, parte de esa lista de salida es porque son transparentes (de significado fácilmente deducible) respecto de su base léxica”, explicó Concepción Company, investigadora emérita e integrante de la Academia Mexicana de la Lengua.

 

Por ésta y otras circunstancias, otras perdieron su lugar en el diccionario, entre las que se encuentran: enseñorearse, escritorzuelo, cuñadez, durindaina (justicia), bajotraer (humillar) y cocodriz (cocodrilo hembra).

 

“Cocodriz me gusta, es un clásico, está en las crónicas del siglo XVIII, que es el siglo de las clasificaciones, de la botánica, de la zoología, de los grandes taxónomos de la historia de la humanidad; es la hembra del cocodrilo, documentada en textos periodísticos de ese periodo, pero aun así la RAE la sacó”, añadió Company.

 

Tras jornadas de discusión al interior de la AML, se acordó integrar machín al Diccionario de Mexicanismos. Esta palabra, derivada de macho, tiene una connotación muy particular: “cualquiera podría inferir que machín es macho en diminutivo, pero no lo es; en este caso es el intensivo”, aclaró.

 

En el momento que una palabra entra a un diccionario se le da su carta de naturalización, es decir, la academia respalda que esa forma, ese lema, junto con sus acepciones, tenga una convención entre los hablantes mexicanos.

 

Entonces, a partir de 2020 machín y chapulín serán palabras naturalizadas en México.

 

 

La universitaria subrayó que hay diccionarios integrales que pretenden dar cuenta del vocabulario de todos los países en los que se habla español, y hay otros diferenciales, como el Diccionario de Mexicanismos de la AML, cuya intención es dar cuenta del habla de una nación o una región.

 

“Un diccionario es el regalo que una institución le hace a la sociedad, porque usted puede haber no leído un libro en su vida, puede no haber visitado una biblioteca, pero estoy segura que tiene un diccionario en casa”, precisó.

 

Para sustraer una palabra del diccionario tienen que transcurrir alrededor de 50 años sin que haya referentes o documentación respecto a ésta.

 

“En resumidas cuentas, salen muy pocas palabras. Nosotros, por ejemplo, como AML, acabamos de sustraer ‘lejía’, porque creemos que ya nadie va a una tlapalería a comprar ese abrasivo sólido, incluso hicimos trabajo de campo”, indicó esta universitaria en una entrevista.

 

En tanto, la inclusión de una palabra al diccionario es un proceso complejo, expuso la también integrante de El Colegio Nacional. Primero tiene que ser de uso diario, sostenido y documentado, al menos por cinco años.

Finalmente, la vicepresidenta de la Asociación Internacional de Historia de la Lengua Española anunció que el nuevo Diccionario de Mexicanismos saldrá en el primer trimestre de 2020.

 

Caricaturas tomadas del libro La Caricatura Política en México del siglo XIX de Esther Acevedo, Conaculta, 2000.

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