La vejez invisible en México

 

  • Una mujer persona mayor solicitaba estoica, en las escaleras del Metro Universidad, una dádiva que mitigue sus necesidades de alimentación, de existir

 

Foto: T E

 

El viernes 30 de agosto, en la víspera del primer informe del gobierno popular del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ha dispuesto apoyar con una pensión de 2 mil 550 pesos cada dos meses a más de ocho millones de personas mayores de 68 años, en uno de los escalones de la estación del Metro Universidad, al norte de la capital mexicana, una mujer persona mayor clamaba en silencio por una dádiva a una multitud que la ignora y desciende atropelladamente.

 

Esta mujer, por pena no dice su nombre. Apenas se cubre con un roído rebozo, solamente tiene una mano extendida que para las decenas de usuarios pasa desapercibido. Para ninguno de esos apresurados pasajeros esta mujer existe.

 

Es un hecho común que estas personas, sobre todo mujeres, en silencio, supliquen y soliciten una dádiva, pocos usuarios atienden esta desesperación de una sórdida miseria que no hace ruido, simplemente está presente en la vida de la capital mexicana.

 

Esta mujer en las escaleras del Metro Universidad carece de todo, de dignidad, de presencia, de ser visible, del ejercicio de sus derechos humanos; está ausente para los miles de pasos de esa multitud de usuario que desciende por las escaleras de esa estación del más importante sistema de transporte colectivo de la capital mexicana.

 

Foto: T E

 

El gobierno del presidente López Obrador ha ofrecido que a partir de este mes de septiembre ninguna persona de más de 68 años estará excluida de esa pensión de dos mil 550 pesos. Solamente en la Ciudad de México es de cerca de novecientos mil personas de distintas clases sociales, las personas mayores de más de esa edad, las registradas para recibir ese apoyo social.

 

Esta mujer de las escaleras del Metro, en cuyo rostro se manifiesta la adversidad de la miseria, es ajena, no existe en esa estadística, en ese discurso que este primero de septiembre pronunció en palacio nacional el presidente López Obrador, al jactarse de atender los más de ocho millones de personas de más de 68 años y las personas de los grupos étnicos, a partir de los 65 años, que recibirán puntualmente cada dos meses esa pensión con carácter universal. Por lo menos, según aseguró, el 94 por ciento de esas personas mayores ya tienen sus depósitos en sus tarjetas del Bienestar.

 

En el marco del pasado 28 de agosto, Día de las Personas Mayores, la Comisión Nacional de los Derechos humanos llamó al Estado, familias y sociedad a respetar y proteger sus derechos llamó a las autoridades de los tres órdenes de gobierno a generar las condiciones que permitan a las personas mayores un envejecimiento activo y con dignidad, ejercer plenamente sus derechos en condiciones de igualdad respecto de otros grupos sociales, y que sus opiniones se valoren y tomen en cuenta en la adopción de decisiones en los ámbitos público y privado.

 

Foto: T E

 

Sin embargo, al mismo tiempo expresó su preocupación por el envejecimiento de la población mexicana y los retos que representa para el cumplimiento de los derechos humanos, como lo demuestra el hecho de que en los últimos años esa población pasó de 6.8 millones a casi 13 millones de personas, que equivale al 10% de la población del país.

 

Con motivo de esa fecha conmemorativa, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos convocó a la sociedad en su conjunto a cambiar el panorama que se tiene sobre la vejez y el envejecimiento para que las personas mayores sean reconocidas por su aportación al desarrollo del país y puedan disfrutar de una vida plena.

 

Asimismo, invitó a los sectores público, social y privado a promover espacios para la convivencia intergeneracional para lograr la inclusión de las personas mayores en la vida laboral, educativa, social y cultural del país.

 

Foto: T E

 

Esta mujer persona mayor de las escaleras de la estación del Metro Universidad aún es invisible, a pesar de que ese discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien aseguró este primero de septiembre que en su gestión primero son los pobres.

 

Esta mujer, cuando se le menciona si ella está registrada para ese apoyo por la secretaría del Bienestar, su rostro no mueve un músculo en su avejentado rostro. Simplemente mantiene su mirada hacia esas decenas de personas que bajan compulsivamente de las escaleras, ella está en espera de una moneda que mitigue sus angustiosas necesidades, una de ellas, la del hambre. Está mujer está muy distante de la felicidad que dice procurar el gobierno del presidente López Obrador en su primer informe de gobierno de la IV transformación de la República, que no es un cambio de gobierno, será un cambio de régimen.

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