Tres centenarias en el zócalo capitalino

 

  • Fueron el centro de un festejo del Día de la Persona Mayor
  • Son representativas de un fenómeno social en la capital mexicana que se extiende en todo el país, el proceso de envejecimiento de la población que apenas empieza a ser atisbado

 

Foto: T E

 

Para celebrar El Día de la Persona Mayor, cuya fecha está marcada cada 28 de agosto, en el Zócalo de la capital mexicana, tres mujeres centenarias: María Josefina Salazar Cámara, de 101 años, Clementina Durán Ibarra, de 104 años y Concepción López Vega, de 101 años, fueron el centro de un festejo oficial al que acudieron varias centenas de personas mayores de 68 años receptoras de la Tarjeta del Bienestar, que sustituye a la Tarjeta Rosa de Pensión Alimentaria.

 

Estas tres mujeres centenarias son representativas de un fenómeno social en la capital mexicana que se extiende en todo el país, el proceso de envejecimiento de la población que apenas empieza a ser atisbado, ya que según cifras oficiales del Instituto Nacional de Elector unos 15 millones de personas de más de 60 años cuentan con su credencial de elector.

 

Las políticas públicas dedicadas al envejecimiento de la población se han ceñido a los apoyos sociales como estas tarjetas, sin observar que el fenómeno del envejecimiento de la población se empieza a manifestar en un conflicto social cuando el 72 por ciento de las personas mayores de 65 años carecen de una pensión distributiva.

 

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En las tiendas de autoservicio, personas mayores están dedicadas a servir como empacadoras de los productos en las cajas para recibir como percepción gratificaciones de los propios consumidores, no gozan de ninguna protección laboral y uno de los requisitos es que ya sean pensionados; otras más realizan diferentes tareas informales o deambulan solicitando dádivas las estaciones del Sistema de Transporte Colectivo de la capital mexicana.

 

La mayoría de las personas mayores depende de los apoyos como las de las Tarjetas de Bienestar que tiene ahora un carácter universal, sin discriminación de clase social. Pero es la pobreza la que asoma en la gran mayoría de los hogares de las personas mayores.

 

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, del Consejo Nacional de Población y del Instituto Nacional de Geriatría, al 2015 en México había un millón 700 mil adultos mayores que contaban con un empleo; de ellos, 969 mil no gozaban de aguinaldo, un millón 54 mil no tenían servicios médicos y un millón 173 mil no tenían derecho a incapacidades con goce de sueldo, siendo las mujeres las más afectadas.

 

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De este grupo poblacional, sólo dos millones 392 mil tenían una pensión; seis millones 220 mil tenían ingresos provenientes de diversos programas sociales; un millón 315 mil recibían apoyo económico por parte de familiares radicados en otros estados del país, y un millón 76 mil de familiares en el extranjero.

 

De acuerdo con los mismos indicadores del Consejo Nacional de Población, para el año 2050 habitarán en México cerca de 151 millones de personas, de las cuales 32.34 millones tendrán 60 años de edad o más. La mayor proporción de ese grupo serán mujeres (56.1%), en contraste con los hombres (43.9%), debido a que la esperanza de vida es más alta para ellas.

 

A partir del nuevo gobierno de la Ciudad de México esas Tarjetas rosas fueron federalizadas. Ahora la responsable de otorgar ese apoyo social de 2 mil 550 pesos cada dos meses será la secretaría del Bienestar del gobierno federal. Se les ha ofrecido a los receptores de ese beneficio, que el 13 de septiembre ya estarán sus depósitos después de una accidentada transición para federalizar esas tarjetas, ya que hubo quejas de personas mayores de 68 años que no recibían las nuevas tarjetas o que perdieron sus saldos depositados en las “rosas”.

 

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Guadalupe Quiróz, de 77 años, vecina de la Alcaldía de Álvaro Obregón, confía en esa fecha. Acudió a esa celebración invitada por la trabajadora social y dispuesta a participar en el Baile de Oro. Ella se encontraba en una de las largas filas de sillas instaladas bajo enorme domo. Con una compañera suya, vecina de la alcaldía Álvaro Obregón, era su pareja de un efímero baile.

 

Sin embargo, cuando después de las cinco de la tarde apareció una nube negra que amenazaba en convertirse en lluvia, Guadalupe y sus vecinas de esa alcaldía prefirieron abordar uno de los autobuses que las retornarían a su hogar al sur poniente de la capital mexicana.

 

Habían sido animadas este Baile de Oro por la entrega de las nuevas Tarjetas del Bienestar bajo ese enorme domo instalado casi frente a los edificios que ocupan las oficinas de la Jefatura de Gobierno.

 

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Poco después de las tres de la tarde, la secretaria Almudena Ocejo Rojo, secretaria de Inclusión y Bienestar Social, entregó reconocimientos a estas tres mujeres centenarias en el kiosko donde se ubicaron los músicos, como el de Edgard Flores, El Gato Volador, del lado norte hacia la Catedral, mientras en el otro lado se encontraban las numerosas personas mayores que apenas veían a los artistas en una enorme pantalla.

 

Unas tres bailarinas eran el goce lúdico de otro público que se apiñó en unas vallas frente al improvisado quiosco. “Arriba las manitas”, les pedían a las personas mayores que las alzaban tratando de atender los llamados de esos estridentes artistas de la cumbia, de la música tropical, cuando ya la mayoría de este público de más de 68 años denotaba cansancio después de disfrutar de un menú de picadillo, mole, papas y puntas de carne; esperar las largas de las filas de los sanitarios y como Guadalupe, que ya deseaban regresar a sus domicilios en la mayor parte de las 16 alcaldías de la capital mexicana.

 

Desde ese kiosko, Edgard les enviaba a todos “los abuelitos” un caluroso abrazo, mientras esas edecanes “triple A o doble A” seguían el show y ese Edgard, “El gato”, les enviaba saludos y abrazos a la gente de Xalostoc, Tecamac, Tlanepantla, poblaciones vecinas del estado de México, municipios vecinos al norte de la capital mexicana. Pero de paso Edgard se acordaba de esas bellas mujeres centenarias que ayudadas y en silla de ruedas, subieron a recibir sus reconocimientos por una rampa a ese kiosko instalado en la plancha de concreto de la más importante plaza llamada de la Constitución donde se encuentra el palacio nacional.

 

Foto: T E

 

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