Crónica del absurdo

 

Para un 15 de septiembre cualquiera

 

 

Adolfo MORALES MONCADA. Escribo desde esta tarde que intenta ser fresca, desde una habitación que quiere ser íntima, desde unas teclas de plástico que no quieren dejar de ser cálidas, desde una ventana con cortinas de ramas y flores abierta lo mismo al cielo multicolor de los días que a las diferentes obscuridades de la noche, desde una música del clavecín de Bach que nace en otro tiempo, y con sus cerca de 300 años se derrama desde arriba de mis libros , y pasa por Cortázar y su Rayuela; Fuentes y su región más trasparente y Paz , y su poesía, y La memoria del Fuego de Galeano; Sabines y su poesía reunida y Poniatowska y su Noche de Tlatelolco y Borges y Benites y Cosío Villegas; por las sonatas de Beethoven, los discos de Silvio y Serrat, y Amaury y los Beatles , y por las caracolas que me regaló mi amigo Lino ( a quién la vida quedó debiéndole muchos, pero muchos años) hasta alcanzar la ventana con cortinas de ramas y flores que da al patio donde están enterradas las cenizas del Shadow, el pastor alemán blanco que vivió su vida enterita con nosotros.

 

Escribo desde un rincón de esto, que aprendí hace incontables años, sentado en un banco de madera cansada, que se llamaba La Patria, y que nos unía a todos y que comenzaba en el Bravo y el Colorado y terminaba en el Grijalba y el Suchiate y el este estaba el Golfo y al oeste el Pacífico, y resultaba que estábamos rodeados de agua y éramos y somos hijos del agua , y quizás por eso los hijos de esta Patria somos tanta lluvia, llanto, tormenta y aguacero, y no hacemos sino inundarnos de pena y ahogarnos de desolación, aunque pronto, alguna noche, aprendemos a sobrevivir empapados de la humedad prodigiosa que nos gotea el amor.

 

Escribo desde la esquinita de esta Patria, de la que aprendí en la banca de madera cansada y supe que éramos Veracruz, y Chihuahua y Tabasco y Jalisco, y Guerrero y Chiapas y el lago de Chapala y el Cofre de Perote, y éramos también los Huicholes que vivían en Nayarit, los Rarámuris en la Sierra de Chihuahua, los Choles y Tojolabales que viven en Chiapas, los Mixtecos que viven en Oaxaca. Y todo esto cabía en un cuaderno que siempre fue viejo, pero que llegaba puntual a las ocho de la mañana, al escritorio de madera cansada que estaba en una escuela que se llamaba José María Morelos y Pavón. Ahí supe y sabría que en la Patria cabían también los verdes de las misteriosas selvas, los azules de las insondables aguas que nos rodeaban, los cafés de las Sierras inagotables, los amarillos de los desiertos inauditos, los morados de los atardeceres y los negros de las noches inquietantes, el blanco de los vestidos de las Oaxaqueñas, el claroscuro de la piel de las veracruzanas, y en un rincón de mi patria, el rojo del beso de tu boca.

 

Escribo de un rincón de la Patria, desde esta ciudad parte mito, parte sueño y parte misterio, donde caben igual una invasión filibustera, un legendario casino, dos hipódromos, decenas de diluvios, una avenida hecha de leyendas, una frontera hecha de sueños, de muros de concreto y de oraciones perdidas.

 

 

Escribo desde el rincón de arriba y a la izquierda y trato de entender lo que sucede en las otras esquinas de mi Patria, y trato de entender la vida allá junto al Suchiate y la selva, los montes, la miseria, qué es ser Tzeltal o Tojolabal, su vida perseguida, el frío de todos los días , la lluvia, la enfermedad ,la muerte y miro lo que sucede en Oaxaca donde arrecia lo mismo furia de la naturaleza con el encono humano y la pobreza es más pobreza y la muerte es más muerte y la soledad es más soledad.

 

Escribo desde una frontera y pienso en estas tierras olvidadas por la ley, tierras convertidas en camposantos y entonces Juárez y sus incontables muertas con y sin rostro, con sin nombre, con y sin sepultura, todas sin justicia. Pero parece que Juárez, es otro nombre de Chiapas, de Tijuana, de Veracruz, de Tamaulipas, de Oaxaca, de Hermosillo, de Acteal donde vivimos y morimos sin rostro, sin nombre, sin sepultura.

 

Escribo y trato de desentrañar el tiempo que viene y escucho los clamores por reducir el dolor, por acabar con la desvergüenza, la impunidad y establecer un breve pero cierto y legítimo espacio donde el respeto y la tolerancia, y la ley y la nobleza, y la lealtad y la Paz. Para que en esta patria haya un rincón, un rinconcito, un pedacito, chiquito como la palma de mi mano donde se siembre la breve semilla de la felicidad y la querencia.

 

En esta patria de la que aprendí que era la mía, en aquel banco de madera cansada en un saloncito obscuro y de ventanas sin vidrios de una escuela con nombre de prócer, pero que tenía un patio de tierra, muy chiquito, sin árboles ni pastito para tirarse a ver las nubes reflejando nuestros sueños.

 

Escribo desde el fondo de mi esperanza desde los atisbos de mis sueños y de mi piel , desde la música de Bach que sigue subiendo y bajando por los libreros y tocan las denuncias de Bartolomé de las Casas, contra el maltrato a los indígenas las historias de poder de Don Juan, las imágenes amorosas de Jaime Sabines y de Neruda , las dos biografías del “Che” Guevara, la de de Taibo II y la de Castañeda , las aventuras de Gandalf y de Frodo descritas por Tolkien en los tres tomos de El Señor de los anillos, los comunicados y cuentos del subcomandante Marcos, y los diez tomos de la “ Historia Moderna de México” de Cosío Villegas.

 

Foto: vanguardia.com.mx

 

Escribo ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, tras, mi patria ,esa donde Cuauhtémoc fue el último emperador Azteca, Sor Juana, lo mejor del Barroco Novohispano ( que siguió siendo la mejor cuando era lo mexicano), donde Taxco y su plata, Tres Marías y sus quesadillas de queso, y de hongos, y de sesos, y sus pambazos de chorizo , y su champurrado, Veracruz y su café de “La Parroquia” cualquier noche después de pasear por el malecón, desde donde mira el nacimiento de la luna roja y el embarcadero, donde Monterrey y sus Troles, Puebla y su mole y sus chalupas , Ensenada y sus tacos de pescado, Yucatán y su Cochinita Pibil , Mexicali y su comida China, Tijuana, sus burritos del bol corona y el café del Das Cortez, de la esquina de la Brasil y Durango en la Cacho.

 

Escribo desde un país inconcluso. Tenemos demasiados pendientes.

 

Demasiadas deudas con la justicia, demasiada sangre derramada, demasiada miseria, sobre demasiada gente. Tenemos pendientes trabajos, escuelas, caminos, casas, libertades. En incontables rincones de la patria no llegan ni el agua, ni el pan, ni la justicia porque todas están en manos del mismo hombre. Está secuestrada la educación, la historia cotidiana, la libertad. El país está en manos de unos cuantos apátridas, mientras nuestra esperanza es una velita cuyo fuego cuidamos contra ventiscas imprevistas.

 

 

Escribo en medio de la noche que me mira y abraza. Escribo mirando los recuerdos pintados en el cuaderno que llevo dentro desde hace años, y que era viejo el mismo día en que lo compré, igual que el banco de madera cansada, en medio el saloncito obscuro, con ventanas sin vidrios y que tenía en la pared el mapa que atestiguaba que estábamos rodeados por agua, en la escuela con nombre de prócer y el patio pequeño sin árboles ni pastito.

 

Escribo desde el inicio de mi país, desde este rincón que, para escribir, finalmente ha de ser tan bueno como cualquier otro rincón.

 

Escribo y son palabras, imágenes, sueños y recuerdos lo que arrojo al agua como otros arrojan las semillas al surco.

 

Escribo y espero una lluvia que nos limpie y un cielo que escampe.

 

Fotos: Internet

 

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