El jinete apocalíptico que recorre el mundo

 

  • El problema del hambre no se debe sólo a la disponibilidad de alimentos, sino a que la gente no tiene dinero para adquirirlos
  • El 30 por ciento de lo que se produce en el planeta no llega a la mesa del consumidor
  • Intervienen dos factores importantes: las pérdidas y el desperdicio

 

Foto: T E

 

El viernes pasado, en uno de los puestos callejeros de alimentos que se instalan en los accesos al Metro CU, al sur de la Ciudad de México, un hombre de avanzada edad alcanza desesperado uno de los panes y huye con su pequeño hurto entre los demás puestos de comida, discos piratas y otros productos. Las cocineras de ese puesto apenas reaccionan, el hombre en visible condición de calle, se pierde entre las centenas de usuarios que se dirigen a esa estación del Metro.

 

El hambre en la capital mexicana no es completamente visible, el gobierno local mantiene comedores comunitarios donde se ofrecen alimentos por diez pesos, la mitad de un dólar. Sin embargo no es una respuesta para las personas como este hombre que de repente es capaz de acercarse a uno de los puestos de comida callejeros de la ciudad y robar en su desesperación, un alimento para mitigar su hambre.

 

El pasado 16 de octubre se recordó el Día Mundial de la Alimentación, Hambre Cero. Desde 2012, durante la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20), se asumió el Reto del Hambre Cero con el objetivo de inspirar un movimiento global para conseguir un mundo libre de hambre en una generación, una iniciativa trascendente para que personas de mayor edad, como la que robó un pan en los puestos de viandas que rodean el Metro CU de la Ciudad de México tenga la oportunidad de no sufrir hambre.

 

En esa Cumbre se instó a luchar por las siguientes metas:

 

  • Poner fin al retraso en el crecimiento en niños y niñas menores de dos años;
  • Lograr que el 100% de las personas tenga acceso a una alimentación adecuada, durante todo el año;
  • Conseguir que todos los sistemas alimentarios sean sostenibles;
  • Aumentar un 100% la productividad y el ingreso de los pequeños agricultores;
  • Acabar con la pérdida post-cosecha y el despilfarro de alimentos.
  • La alimentación y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

Foto: T E

 

La Organización de las Naciones Unidas, de la que forma parte el Estado mexicano, se ha comprometido “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible” para 2030 lo que requerirá un cambio profundo del sistema alimentario y agrícola mundial. Estos son algunos de los componentes de este objetivo:

 

  • Poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas a una alimentación sana y nutritiva;
  • Poner fin a las formas de malnutrición;
  • Duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala;
  • Asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos;
  • Aumentar las inversiones en la investigación agrícola;
  • Corregir y prevenir las restricciones y distorsiones comerciales en los mercados agropecuarios mundiales;
  • Adoptar medidas para asegurar el buen funcionamiento de los mercados de productos básicos alimentarios.

 

Un experto mexicano, Carlos Labastida Villegas, coordinador del Programa de Alimentos de la Universidad Nacional Autónoma de México, dudó de que se cumplan esos objetivos. Para él difícilmente se alcanzará el objetivo de desarrollo sostenible de “hambre cero” para 2030, establecido por la Asamblea de las Naciones Unidas en 2015.

 

Sin embargo, opinó, es posible enfrentar la crisis alimentaria y lograr avances significativos si se toman las acciones necesarias.

 

Foto: T E

 

“Se pueden reducir los estragos del hambre si se modifica la estructura económica para que la gente tenga ingresos suficientes para adquirir más y mejores alimentos y, por otro lado, se revisan y mejoran las acciones relacionadas con la educación alimentaria y de consumo de alimentos para disminuir el sobrepeso y la obesidad”.

 

Este experto universitario dijo en una entrevista que el hambre existe desde tiempos inmemoriales y es una realidad en muchos países, como el nuestro.

 

Actualmente, en Asia hay 515 millones de personas en esa condición, 256 millones en África, y 42 millones más en América Latina y el Caribe, subrayó.

 

En México este problema se ubica sobre todo al sureste del territorio, y tiene menos incidencia en las entidades del norte, señaló. En contraste, siete de cada 10 adultos tienen sobrepeso u obesidad, lo mismo que tres de cada 10 niños y cuatro de cada 10 adolescentes, añadió el coordinador de ese programa universitario.

 

El mundo atraviesa por una crisis alimentaria con más de 820 millones de personas que padecen hambre, mientras cerca de 672 millones de adultos y 124 millones de niños son obesos.

 

Esta situación podría mejorar si se modifican el modelo económico, las conductas de consumo y la percepción de lo que es una alimentación adecuada, afirmó

 

El problema del hambre no se debe estrictamente a la producción o disponibilidad de alimentos, sino al acceso económico; es decir, que la gente tenga los recursos económicos suficientes para comprar comida, dijo en el marco del Día Mundial de la Alimentación, que este año lleva por lema “Dietas saludables para un mundo sin hambre”.

 

El universitario resaltó que 30 por ciento de la producción en el mundo no llega a la mesa del consumidor, lo que equivale a aproximadamente mil 300 millones de toneladas por año. Ahí intervienen dos factores importantes: las pérdidas y el desperdicio.

 

Los desperdicios

 

Las pérdidas de alimentos se consideran a partir de la producción, siembra, cosecha, transporte, almacenamiento y distribución a los centros de consumo. “Se almacenan cereales en lugares inadecuados, donde son presa de la humedad y hongos que los hacen inservibles para el consumo”, ejemplificó.

 

El desperdicio se refiere a alimentos que son desechados por elección, porque se estropearon o caducaron sus fechas para consumo óptimo. Esto se da principalmente en los centros de venta como mercados, supermercados o tiendas minoristas y, de una manera importante, en nuestros propios hogares.

 

Por ejemplo, al comprar más alimentos de lo que comúnmente se consume, éstos se rezagan, sufren deterioro físico y ya no son apetecibles. De igual manera, algunos productos envasados llegan a la fecha de caducidad o de consumo preferente y se tiran.

 

“Es aconsejable hacer una lista de lo que vamos a consumir en un cierto período y revisar las fechas de caducidad. Debemos ser mejores consumidores”.

 

Foto: T E

 

Labastida Villegas advirtió que los problemas del hambre, sobrepeso y obesidad no serán resueltos por alguien en particular, porque todos estamos involucrados: “los sectores público y privado, la sociedad y los individuos. Cada quien tiene un papel que cumplir y si no se emprenden acciones urgentes, integrales y en todos los niveles, difícilmente podremos modificar esta alarmante realidad”.

 

Finalmente, el universitario recomendó llevar una dieta equilibrada, que incluya los diferentes grupos. “Debemos pensar más en nuestra alimentación y no tomarla como un acto trivial. Además, se requieren campañas masivas para que este tipo de educación llegue a toda la población. Si cada uno hace lo que le corresponde, podemos mejorar la realidad actual”.

 

El Día Mundial de la Alimentación, proclamado en 1979 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), busca que la población sepa del problema alimentario y haya solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza. Esta efeméride coincide con la fecha de creación de la FAO, en 1945.

 

Sin embargo, este hombre de avanzada edad que arranca sorpresivamente un bolillo (un pan) de uno de los puestos de comida callejera del sur de la Ciudad de la Ciudad de México, ignora de que exista ese Día Mundial de la Alimentación y sus objetivos.

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