Poesía para Dieter: sorpresivo viaje espiritual, catártico y gozoso

 

  • Canto poderoso a la vida, al arte, a la alegría, a la amistad, simbolizadas por la flor Edelweiss
  • Escrito y dirigido por el Maestro Jorge del Río se escenificó el 7 de diciembre en el Salón Morelos de la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles de la Alcaldía Coyoacán

 

Foto: T E

 

Maysa MOYA PAYÁN* No lo sabíamos, nadie se lo esperaba; Poesía para Dieter, la más reciente creación del dramaturgo Jorge del Río no fue una obra teatral, fue –en realidad- un sorpresivo viaje espiritual, desde el dolor y la oscuridad de la pérdida del amigo, del ser querido, hasta la luz, la trascendencia de su vida en otras vidas, el reconocimiento de todo lo que ese amigo significó, su permanencia en la memoria y el sentimiento de quienes le conocieron.

 

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La representación de Poesía para Dieter, un poderoso canto a la vida, al arte, a la alegría, a la amistad, escrito y dirigido por el dramaturgo Jorge del Río, se escenificó el 7 de diciembre en el Salón Morelos de la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles de la Alcaldía Coyoacán y contó con la participación de los alumnos del Taller de Teatro para Adultos Mayores Columba Dominga, May Moya, Gustavo Gil, Araceli Santacruz, Zoila Fagoaga, Eloísa Hernández, Lola d’ Carcer, Miriam Ferrer, Vicky Velasco, Guadalupe Mendoza, Ofelia De Cabo, Beatriz Juárez, Silvia Pillado y Lisl Pleshette en la lectura de poemas.

 

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Los textos selectos de Jorge Guillén, Jacinto Benavente, Alberto Cortéz, Rodolfo Tallón, Nicolette J. Profitt, Antonio Machado, Jaime Sabines, Vicente Manzano Blázquez, Pablo Neruda, Mario Benedetti, David Harkins, Nicolás Guillén, Carmen Natalia Martínez, Elías Nandino, Eva Tutor, José Zorrilla, Juana de Ibarbourou, T. S. Eliot, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Shakespeare, Bezzus, Idea Vilariño, Félix Tiera, Raven, constituyen un verdadero banquete literario, musicalizado, como toda la obra por el Maestro Jorge del Río, quien contó con el soporte técnico de su asistente, Claudio Rivera; el tema principal fue la canción popular alemana Edelweiss.

 

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Poesía para Dieter fue una conmemoración emotiva que provocó lágrimas en el público al tocar el dolor, parte inevitable de la experiencia humana, recordándonos a Becket: Yo, que no sé nada, sé que mis ojos están abiertos, (a la maravilla y a la miseria del mundo), porque las lágrimas no dejan de caer; y fue a la vez, una celebración festiva de la vida del actor y la persona que fue Dieter Koll Giffenig.

 

El director teatral Jorge del Río inició la representación con un poema de su autoría en el que destacó las diferentes facetas de Dieter: su vocación artística, su esmerada educación, su militancia y entrega a las causas más justas, su activismo ciudadano, su generosidad y gran don de anfitrionía.

 

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Siguió la lectura de algunas reflexiones sobre la amistad, la pérdida, la esperanza, la vida y los recuerdos por miembros del Taller de Teatro de Adultos Mayores, en donde se hizo patente que el hilo de la vida se aflojaría si no fuera mojado con algunas lágrimas, (según Pitágoras).

 

A continuación Goretti Lipkies interpretó bellamente la melodía Qué Bonito, qué bonito., cambio amable y cadencioso para el público.

 

Judith Castellanos, por su parte, electrizó y conmovió a los asistentes con el poema El dulce Milagro.

 

Fue entonces que Alma Zúñiga, cantante contralto, cautivó al público con su interpretación de Alfonsina y el mar.

 

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La destacada bailarina de Ballet Clásico Maricarmen Victoria asombró y sedujo al público con su interpretación dancística del “Ave María” de Schubert,

 

Goretti Lipkies propició el momento reflexivo con la lectura del inmortal poema de Nicolás Guillén, tan a propósito de los tiempos que vivimos.

 

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500 AÑOS DE TRISTEZA.

Vinieron por el litio y el gas en Bolivia.

Antes por el oro del Perú y la plata de Potosí.

Las bananas de Centroamérica.

El caucho del Amazonas, el petróleo de Venezuela

El azúcar y el tabaco de Cuba.

El café de Colombia.

El cobre de Chile

Los peces de la plataforma.

Las ovejas de la Patagonia trágica.

Los lagos y el paraíso del sur con un millón de hectáreas.

Vinieron por los aztecas, los mayas, los incas, los mapuches, los guaraníes, los quechua y aymaraes.

Por los negros de piel esclavizada, por los brazos de los blancos de un suburbio industrial de Latinoamérica.

Quieren el agua de la Antártida y del acuífero guaraní.

Se llevaron la tierra, el agua, los lagos, los ríos, los mares, los árboles y TANTAS VIDAS.

Trajeron infiernos, explotación, llanto y hambre.

Explicadas por las posverdades de un mundo de pocos, los mefistofélicos, exultantes de odio y vanidad, de armas y poder.

500 años de tristeza para un pueblo alegre, pleno de trabajo, deseo y esperanza. Perseguido, asesinado, humillado, desocupado, mal comido.

Temo por la condición humana. Por la identidad de nosotros. Por la persistencia del odio como sistema.

Están transformando a la tierra en un campo de exterminio violento y con armas a veces, y sutil siempre sin pan para muchos.

“Este es el pueblo de all right, / donde todo se encuentra muy mal; / éste es el pueblo del very well, donde no todos están bien”.

 

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En el colmo de la emoción y el embeleso del público y de los participantes en esta extraordinaria poesía coral, el gran tenor mexicano Alfredo Maass, egresado del Conservatorio Nacional de Música, la Escuela Nacional de Música de la UNAM y la Escuela Superior de Música de Freiburg im Breisgau, Alemania, interpretó en alemán “Dank sei dir herr” de Haendel y Edelweiss, canción popular alemana como el origen del actor Dieter Koll Giffenig, motivo de este tributo de amistad.

 

En un sorpresivo final los actores volvieron la espalda al público para mirar la fotografía de Dieter y dedicarle un minuto de aplausos, al que el público entusiastamente se sumó; posteriormente retomaron la interpretación de Edelweiss, la blanca flor de los Alpes que por su fortaleza y su resistencia ante la adversidad del entorno simboliza de gran manera el carácter y la personalidad del actor homenajeado, Dieter Koll Giffenig.

 

*(Dedico este artículo a mi Maestro Jorge del Río, por su sabiduría y paciencia; a mis compañeros del Taller de Teatro para Adultos Mayores, por su gran calidez y a José Luis, Hugo, Eric, Félix, Palomita y Vicky por su permanente solidaridad y apoyo).

 

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