Canto de vida para Rina Lazo

 

Poesía Coral por Maysa Moya

Coyoacán, Enero de 2020

 

Rina Lazo (derecha) y Maysa Moya. Foto Archivo T E

 

Rina:

Te soñé niña, bajo el cielo de Cobán, navegando sobre un cayuco las aguas del Polochic maravillada por aquel eclipse de sol, un sol premonitorio de tu pasión por la vida, por el arte, por el ser humano, por el mundo mejor y más justo que siempre buscaste…

 

Mágicamente te transformaste en el ser luminoso que ya para siempre serías, y justo cuando la luna se interpuso se inició tu lucha; con tu arte te propusiste preservar la luz, la amorosa luz de la razón y la justicia, de la belleza, del trabajo, de la perseverancia, de la esperanza, de la amistad.

 

Fue entonces cuando venciste a la luna y te fundiste con el sol, que generoso, te regaló el genio y la energía, y puso a disposición de tus ojos y tus manos el arco iris y todos sus colores, para mostrarnos, a través de tus pinceles, otros caminos para vivir, para amar, para luchar.

 

Rina: dondequiera que estés… y sé que estás allá arriba, polvo cósmico entre los astros que pintaste y siempre te fascinaron, quiero que escuches y me contestes:

 

¿Qué vamos a hacer sin ti?

Sin tu sonrisa optimista, envolvente y amorosa

Sin tu entusiasmo permanente y contagioso

Sin tu convicción maravillosa de que el arte puede cambiar a los hombres y al mundo

Sin tu valor para enfrentarte al malvado, al corrupto y al estulto

Sin tu mano generosa, sin tu abrazo solidario

Hoy y siempre te extrañamos, háblanos de ti

 

(Voz femenina)

 

Mi nombre es Rina, quiere decir canto, alegría. Mi rostro: alegre, mejillas con hoyuelos, remolinos que se forman con la risa como un eco de alegría, ojos vivos, negros, brillantes en el enojo. Boca olmeca, cuello esbelto erguido, de venada nerviosa. Soy pintora. Amo la tierra donde nací, amo a México, admiro y aprendo del pueblo, del paisaje. Del arte antiguo, que es la mejor escuela.

 

Me interesa el arte público, la pintura mural, el arte grandioso, la obra que envuelve al espectador por sus dimensiones, que relata los grandes acontecimientos, la obra que puede ser disfrute y aprendizaje para todos en escuelas, teatros, edificios públicos, en el metro, en los museos.

 

Quise rescatar, para todos, para siempre, nuestro glorioso pasado mesoamericano al reproducir los frescos de Bonampak que hoy pueden verse en la Sala Maya de nuestro Museo Nacional de Antropología e Historia. Para hacerlo viví días y noches en la selva lacandona de Chiapas, entre las ruinas de aquellos templos de antiguo esplendor, trabajé entre el rugido de los ocelotes y jaguares, las guacamayas rojas, los tapires, monos araña y aulladores, pecaríes, tarántulas, víboras y alacranes, hasta encontrarme cara a cara con Chaan Muan II, príncipe que gobernó con gran magnificencia Bonampak y que hoy desde el Xibalbá, el inframundo, nos advierte de la fragilidad de la vida.

 

Amé la libertad, la dignidad de las mujeres, los hombres y los pueblos, su derecho a la felicidad, el ideal de un mundo mejor para todos, por eso siempre me opuse a la tiranía y a la injusticia.

 

Luché por Coyoacán: quise preservar la belleza de sus espacios, calles y callejones, plazas, parques y jardines para ésta y las siguientes generaciones;

 

Soy mesoamericana y mexicana: México tiene belleza, drama, encanto y tradiciones; un pueblo noble y luchador, gente auténtica y solidaria como ustedes, como todos mis amigos; grandes artistas como Arturo García Bustos, el amor de mi vida, mi compañero de siempre.

 

Diego Rivera me enseñó a pintar y a vivir

 

(Voz masculina)

En Rina tuve dos cabezas, cuatro manos y por poco me deja sin corazón.

Pintora de gran talento, mi amiga dilecta, mi mano derecha como la mejor de mis ayudantes.

 

Frente a tu mural Venerable Abuelo Maíz Miguel León Portilla dijo:

 

(Voz masculina)

Como en Egipto y Mesopotamia, en tierras mexicanas floreció una de estas grandes culturas madre, la civilización mesoamericana, como un árbol frondoso se extendió y nos legó un gran conjunto de ramas, decenas de ciudades y monumentos extraordinarios. Rina Lazo a través del corazón y la mirada revive el florecimiento y desarrollo de la cultura maya, la trae a nuestro presente para afirmar nuestra identidad, enorgullecernos de nuestro valioso legado que siendo nuestro es también universal.

 

Contemplando este mural recuerdo aquel texto maravilloso que nos habla de que los mayas llamaban ah dsib, y los nahuas tlahcuilo, el que pinta, el que escribe, ya que para ellos pintar y escribir conllevan en el fondo la misma significación. Dice ese texto maravilloso que el tlahcuilo está dialogando con su corazón.

 

Mucho tuvo que dialogar Rina con su corazón, hasta convertirse, como lo expresa la palabra mesoamericana, en un corazón endiosado, en un yolteotl. Lo que en náhuatl se nos dice es aplicable al caso de los mayas, también mesoamericanos. Del diálogo con la realidad, la maravilla de la cultura maya, monumentos, textos, códices y hombres y mujeres de hoy, de ese diálogo logra Rina transformarse en yolteotl, corazón endiosado, ser entusiasmado. De allí pasa luego a ser tlayoltehuiani, endiosador de las cosas, que las recrea con los colores de todas las flores. Aquí lo vemos: lo que su corazón endiosado le ha dicho hace posible su obra.

 

Vemos en el mural de Rina Lazo el floripondio que todo lo acerca y lo conjuga en el transcurrir de un eclipse, augurio del tiempo, la vida de los mayas con toda riqueza, lo que México ha dado al mundo en materia de alimentación: el maíz, el guajolote, el cacao, los frijoles, el tomate, el aguacate, la calabaza, el chile y la vainilla; la farmacología y otras tantas realidades de arte, pensamiento y vida. Todo se nos torna aquí visible con la fuerza del color y el trazo magistral, y eso mismo nos aproxima al presente nuestro.

 

Tu obra, Rina, nos recuerda también, dolorosamente, la deuda de equidad y justicia que debemos a nuestros hermanos indígenas.

 

No, no estamos aquí para llorar tu partida, nos hemos reunido para celebrar tu vida, para admirarte como lo hizo Miguel Ángel Asturias desde el genio, la raíz maya y la vocación libertaria que ambos compartieron.

 

(Voz masculina)

Raíces con hondos ojos abiertos en el espacio de culturas que fueron todo esplendor, Rina Lazo vuelve de las más auténticas edades de nuestro mundo antiguo. Sabiduría de manos que aprendieron a deletrear las tierras de colores, los arbustos de sangres y tinieblas, los crustáceos dadores de tintes inefables, para trasladar del corazón de las selvas peteneras, al Museo Arqueológico de la Ciudad de México, una copia feliz de los frescos de Bonampak.

 

Rina Lazo vuelve también del dolor de nuestros pueblos con el testimonio y la protesta en sus dibujos de rostros y momentos, lo que la hace aún más legítimamente nuestra.

 

El trópico con su fuego y rescoldados frutales, los contrastes de ingenuidad y gracia, lo sencillo, lo directo, lo lúcido, dan carácter a la pintura de Rina Lazo.

 

Rina Lazo, raíces con hondos ojos abiertos en el espacio de culturas que fueron todo esplendor. Nada gratuito. Lo mágico del empezar donde termina un universo. El prodigio del hallazgo. El conjunto de la obra bajo una palpitación sostenida. Todo entre la luz y la sombra de la conciencia vigilante.

 

No te puedes ir, como el quetzal encarnas la belleza y la libertad, la búsqueda de la justicia que te llevó a la cárcel en la negra noche del 68, “Año de la Paz y la Amistad”. Con David Alfaro Siqueiros, Clementina Batalla, Federico Canessi, Arturo García Bustos, Mario Orozco Rivera, Gustavo Sáinz, Carlos Monsiváis, Víctor Flores Olea y muchos más mexicanos pensantes firmaste el manifiesto Los estudiantes defienden los derechos de todo el pueblo.

 

Por esa firma, esa convicción, viviste en seis cárceles los 100 días más angustiosos de tu existencia, con tu hija, con tus padres, esperando en casa. Arturo y todos tus numerosos amigos del Partido Comunista, del mundo del arte y de las letras buscándote y buscando la forma de liberarte.

 

En tu cautiverio pintaste con ternura y destreza a tus compañeras de infortunio, las presas del 68, las tenebrosas crujías, las expresiones del dolor y la esperanza.

 

Ya en justa libertad fuiste parte fundamental de la exposición Las Mujeres en las Artes Plásticas de México, mujeres como tú, que sin llamarse feministas, se atrevieron a mostrar lo evidente: el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre, igualdad de dones y capacidades que a tu amiga Alaíde Foppa le costó la vida en Guatemala.

 

Te reencontraste con los amigos legendarios que amaron tu calidez y admiraron tu obra: Siqueiros, Juan de la Cabada, Renato Leduc, Carlos Pellicer, Eulalia Guzmán, Guillermo Monroy, Carmen de la Fuente, José Revueltas, Andrés Henestrosa, Javier Guerrero, Pablo O Higgins, y tantas y tantos más.

 

Efraín Huerta te dedicó este poema:

(Voz masculina)

Para Rina, debimos traer un ramo de chipilín colorado

un ramo de chipilín blanco, un ramo de chipilín amarillo

y llenar con ellos una jícara que pareciera un sol en descenso;

traerle diminutos relámpagos, truenos y rayos

iluminadores de un horizonte frutal

donde ella se ha roto el alma pintando;

traerle un poco de aire, un poco de río

de la espesura chiapaneca;

la sombra de una ceiba, de un algarrobo;

la preciosa sombra de un quetzal en plena vibración;

el humilde hecho de la fundación de un pueblo quiché

y el primer anillo labrado para el juego de pelota

 

Para Rina Lazo, es necesario pensar en tigres y gatos monteses,

en los esteros donde los cocodrilos solapan su total y absoluto

aburrimiento de milenios;

pensar un poco más en animales celestes, en redondas y olorosas

frutas bajadas del cielo a campanazo limpio;

pero también las germinadoras, germinantes, germíneas semillas que son sus manos

y en ese espejo huracanado que es su sonrisa.

 

Meditar humildemente en los cien días que la

estremecieron en silencio.

En su vuelta a la mariposa pincel, al aceite luciérnaga

y al dulce martirio de crear lo deslumbrante.

Pintar, como hacer poesía, es una

autoincineración.

El poeta es un coyote emplumado

– ¿o desplumado? -, aullador

a la orilla de los pantanos.

 

Rina Lazo le saca la espuma a las guanábanas y a los melones

y sabe penetrar en la roja noche de la sandía

Los poetas sólo miran cómo maduran los frutos

al lado de los sombríos helechos gigantes.

 

Vertical y espiritualmente la serpiente encantada del arte

naufraga en unos dedos marinos – y las semillas manos

esparcen olores – pelliceriano paisaje tropical –

y la pintura al óleo alcanza la perfección de la orquídea,

su silencio a gritos y su secreto a voces.

 

Rodean a Rina – Rina cristal de cristalina juventud –

la diosa de la lluvia, la diosa de las mieses,

la diosa del cacao – y ella invoca a Hunchevén y a Itzamná,

y los dioses acuden alumbrándose con pinos resinosos

y los milagros se suceden uno a uno

y caen de los cielos a la velocidad del antílope

y Rina Lazo los hace suyos y generosamente, más tarde

los entrega a la mirada asombrada del hombre.

 

Y uno cree en Rina Lazo, uno cree en que el corazón es también la semilla,

es una niña dura que es de seda,

es una sonrisa que sometió a los guerreros y sacerdotes de Bonampak,

en las líneas de la que fue mano derecha de Dieguito.

 

Creer, crear, y dejarse vencer por la admiración,

el valor, la amistad y el amor y todo aquello que nos hace

más llevadero este infierno paradisiaco llamado mundo.

 

No te puedes ir, no te has ido porque habitas la memoria de todos los que te amamos, de todos lo que vivimos el asombro de tu arte y el calor de tu presencia: Rina amiga, Rina maestra, Rina artista, Rina Mesoamericana, Rina oaxaqueña y mexicana, Rina luchadora social, Rina comunista, Rina viajera del mundo, Rina viajera del tiempo, Rina feminista, Rina vecina, amiga y protectora de Coyoacán.

 

No te has ido, te busco y te encuentro en la vitalidad de nuestro Jardín Hidalgo, en la Sala de Cabildos, en el Hugo Argüelles, en la Casa de Cultura Reyes Heroles, en las calles y callejones de La Conchita, te encuentro en el Jardín Frida Kahlo conseguido y recuperado por ti, te miro recargada, en feliz contemplación de los dos ahuehuetes milenarios que salvaste, como tantos otros árboles que en Coyoacán te deben la vida para seguir dándonos vida.

 

No te puedes ir, te busco y te encuentro en el campesino que siembra mis alimentos, en el médico que cura, en el niño que contempla la magia de su primer lápiz, en los estudiantes que sueñan y se preparan, en las mujeres que crean vida, aman y cuidan, en los hombres que las acompañan, que caminan con ellas, siempre al lado de ellas, construyendo juntos la maravilla de este mundo.

 

No te has ido, te busco y siempre te encuentro porque tu aliento de vida está en todos los que tocaste con tu magia y tu genio, tu calor y tu risa.

 

Nos encontraremos en el Xibalbá y al lado del Abuelo Maíz, de Diego, de Arturo tu amor, tu esposo, tu compañero, escucharás el poema que te escribí en el que sería tu último cumpleaños.

 

Rina: hoy es tu último cumpleaños y yo he venido con mis manos vacías,

Pues, ¿Qué se puede regalar a quien lo tiene todo?

En tus manos sabias tienes el poder y la belleza

La construcción de mundos antiguos y arcanos misteriosos

Que algunos ni imaginar pudimos.

En el genio de tu mente habitan y conviven los dioses y los astros, los poetas, los guerreros, los héroes los chamanes y los sabios

Tus pinceles son nobles caballos a veces desbocados, a veces delicados

Pero siempre corceles obedientes al genio de tus manos

Nos enseñaste, como tu Maestro Diego, a reír, a sentir, a vivir y a luchar

Nos hiciste parte de tu aventura y para todos tus amigos esa generosidad tan tuya

Es, ha sido y será nuestra gran ventura.

Y no paraste ahí: Nos compartiste a nuestro inolvidable Arturo

Tu más grande amor y nuestro más querido amigo

A Rina Alegría, su bondad y su dulzura

Y a tus nietos, sus bellos hijos

¿Sera posible que dejemos de llamarlos con profundo cariñito: Damarita, Armandito?

A tus vecinos, admiradores y amigos nos enseñaste a compartirnos todos, a amistarnos alrededor de tu cariño

En tu casa legendaria encontramos alegría, inspiración, mucho tequila y cobijo

Todas las cosas buenas que saben darse los amigos

Por todo esto y tantísimo más…

Mis manos están vacías

Pero mi corazón, por siempre, ha sido y será tuyo.

 

RinaLazo, MaysaMoya y Nacha Rodríguez. Foto Archivo T E

 

 

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