Discriminar a las personas mayores con la Guía Bioética, una arbitrariedad neoliberal

 

  • “Hacer vivir y dejar morir” paradigma de “biopolítica consecuente por completo con el modelo económico neoliberal”
  • El criterio no debe ser la edad, sino la posibilidad de que se recuperen, señala académico de la UAM
  • Parece que fue elaborado para otro planeta

 

Foto: T E

 

Al calificar de neoliberal y arbitrario el borrador de la Guía de Bioética de asignación de recursos en medicina crítica para ordenar la toma de decisiones médicas ante la pandemia del COVID19, el doctor Jorge Alberto Álvarez Díaz, investigador del Departamento de Atención a la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), advirtió que se discrimina por edad a las personas mayores.

 

“Me parece una arbitrariedad desde el punto de vista ético”, declaró Álvarez Díaz, quien es Premio a la Excelencia en Salud Interamericana en Bioética 2007 por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y a quien le pareció que esa Guía, cuyo borrador fue retirado de la página Web del Consejo de Salubridad General, “fue elaborado para otro planeta”.

 

En ese sentido, “si hacemos vivir a los jóvenes y dejamos morir a los viejos caeríamos en un paradigma de biopolítica consecuente por completo con el modelo económico neoliberal, porque resulta que el joven va a poder trabajar y producir, mientras que lo que ya produjo el viejo nadie lo toma en cuenta”, expuso el docente de la UAM en una entrevista.

 

El documento –no oficial, según dicho Consejo– tiene como propósito dictar “lineamientos bioéticos para la toma de decisiones de triage cuando una emergencia de salud pública genera la demanda en recursos de medicina crítica que no es posible satisfacer”, citó Álvarez Díaz.

 

El académico de la Unidad Xochimilco advirtió que el criterio general respecto de pacientes que ingresan a una unidad de cuidados intensivos “no está en la edad, sino en la posibilidad de salvar sus vidas después de la estancia” en dicha fase.

 

Doctor Jorge Alberto Álvarez Díaz, de la UAM Xochimilco

 

El escenario que implica la atención a enfermos de COVID-19 es complejo en esa especialidad, pero, señaló este académico, “resulta discriminatorio escoger a alguien por el hecho de no haber vivido un determinado número de años, además de que potencialmente una persona de 60 tal vez viva 25 más y muera a los 85 años”, mientras que alguien de 40 podría ser atropellado saliendo del hospital, es decir, “no sabemos qué va a ocurrir en el futuro como para poder tomar la edad como un criterio”.

 

El tema, recordó, fue tratado desde el punto de vista de la filosofía de Michel Foucault, quien sostenía que el biopoder “se ejerce directamente sobre los cuerpos en algo que llamó anatomopolítica” y “cuando se practica sobre la vida a nivel poblacional se denomina biopolítica”, lo que puede resumirse en la frase: “hacer vivir y dejar morir”.

 

Consideró que un escenario “completamente irreal e irrisorio de la Guía” es aquel en el que se compara la necesidad de un ventilador entre una persona de 80 años y otra de 20, porque sería “rarísimo que alguien de 20 años necesite una ventilación mecánica”, así que lo más común será tener dos de edades más próximas, por ejemplo, quinta y sexta década de la vida.

 

“Otro contexto es el de una persona de 50 años que todavía labora y es derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social y una de 70 que ya se jubiló: ¿por qué seleccionar a alguien que va a poder seguir produciendo sobre otra que ya cotizó toda su vida?, ¿le van a negar el respirador?

 

El asunto, afirmó Álvarez Díaz, no debe abordarse de manera dicotómica –o es A o es B– porque en el mundo real se trata de algo más complejo y la experiencia de galenos con pacientes en cuidados intensivos y condiciones de recursos escasos habla de grupos: los que recibirán toda la atención, los que, por alguna situación, se les limitará la reanimación cardiopulmonar, cuando es mayor de 80 años, con obesidad, diabetes e hipertensión, o porque el pronóstico sea muy malo y sólo se prolongaría la agonía.

 

Un tercer caso es cuando se evalúa si el enfermo tiene falla en uno o más órganos y si su condición es muy deteriorada forma parte del cuarto conjunto, en el que se indica retirar el soporte vital brindado para evitar la “obstinación terapéutica”, reconocida jurídicamente en la Ley General de Salud y que implica sufrimiento.

 

Foto: T E

 

Este amplio abanico de posibilidades, señaló, revela que se trata de un asunto “mucho más difícil que decir A o B”, por lo que el documento debe ser eliminado para reunir la opinión de la Comisión Nacional de Bioética (Conbioética) y sus similares estatales, así como de académicos que propongan la intervención de los mil 67 comités en la materia que ya existen en el país, en lugar de los equipos de triage planteados en la Guía, con el fin de que participen de manera directa con otro tipo de criterios que no se reduzcan a la edad.

 

En España, mencionó, varias asociaciones médicas hablaron de un concepto similar al de la edad llamado “utilidad social”, al que el Comité Español de Bioética respondió que la propuesta era discriminatoria y atentaba contra los derechos humanos.

 

Álvarez Díaz consideró importante que la infraestructura con que ya cuenta el país –junto con la Comisión nacional, la academia y la sociedad civil– impulsen un trabajo con los razonamientos con que ya cuentan para no tomar una decisión dicotómica.

 

No es transparente el Consejo de Salubridad

 

También, dijo, debería contarse con un documento que oriente a los profesionales en medicina crítica, aun cuando la actuación del Consejo de Salubridad General no es trasparente respecto de “quién y por qué integra el comité de ética de dicho consejo”, en particular “por qué una asociación civil como el Colegio de Bioética se toma esas atribuciones o se las otorgan”, ya que todos los firmantes pertenecen a dicha agrupación.

 

“La Conbioética, con el respaldo de su consejo consultivo, manifestó diversas deficiencias argumentativas en la redacción y exhortó a realizar una versión incluyente y consensada de la Guía, mientras que la Universidad Nacional Autónoma de México “se deslindó de los términos y el contenido del documento, pues cuando las cosas se hacen bien no pasa esto”.

 

Estimó que legalmente correspondería proponer al Secretario de Salud las políticas vinculadas con la materia, así como coadyuvar en la implementación de las mismas y fungir como instancia nacional sobre temas específicos en este rubro.

 

Con estos dos puntos es suficiente para ver que la instancia que debe elaborar la Guía de Bioética es la comisión y no una asociación civil como el Colegio de Bioética, aseguró el Presidente del Comité de Ética en Investigación de la Unidad Xochimilco y miembro del Consejo de Bioética de la Ciudad de México.

 

 

En todo esto “existen conflictos de interés”, porque hay documentos elaborados por la comisión a propósito de COVID-19, dijo y le pareció “raro que el comité no los haya tomado en cuenta y haya quedado este borrador de Guía”.

 

Más allá del tema de la edad de los pacientes, en medicina crítica, este experto de la UNAM le “parece que aquél fue elaborado como para otro planeta”, porque en uno de sus puntos señalaba, por ejemplo, la creación de grupos de triage y propone que los forme un médico intensivista, un profesional de enfermería intensiva o urgencias médicas y un personal de administración.

 

El primer cuestionamiento es, preguntó este académico: “¿de dónde van a contar con este personal, si hay una convocatoria del Instituto Nacional de Salud para el Bienestar porque no contamos con el número suficiente de profesionales para que se hagan cargo de esta situación?”.

 

“También es un absurdo no considerar un trabajo de la Conbioética en el que invita a participar a los directivos de los establecimientos de salud a una instancia que jurídicamente existe desde 2011, que son los Comités Hospitalarios de Bioética.

 

“Tendría que haberse pensado en la situación real del sector, porque la limitación de recursos no tiene que ver sólo con la cama, el ventilador u otros insumos, sino también con personal, por lo que hacer una Guía que pide lo que no existe es ilógico”, concluyó Álvarez Díaz.

 

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