¡Arriba ese ánimo!

 

  • Inesperada y sorpresivamente perdimos nuestra libertad de acción y movimiento; además y sobre todo, perdimos nuestra libertad para expresar cercanía y afecto
  • Tenemos fuertes incertidumbres en cuanto a nuestra salud y nuestra vida, nuestro futuro laboral y económico, por eso estamos en duelo
  • Aunque es temporal y pasajero es prudente reconocer qué es el duelo y cómo nos afecta; al reconocer nuestras emociones y sentimientos podremos manejarlos mejor

 

Foto: T E

 

Maysa MOYA PAYÁN.- Estamos tristes, estamos enojados, tenemos miedo o por lo menos nos sentimos desconcertados, pero es un hecho que vivimos un duelo colectivo. Del latín dolium, dolor, aflicción, el duelo es una reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o situación que necesitamos y consideramos naturalmente nuestra.  Con su amenaza y probada mortalidad la pandemia Covid 19 supone para todo el género humano una colosal pérdida de nuestra libertad de acción, de nuestra libertad de movimiento y es particularmente dolorosa porque toca el extremo más sensible de nuestra humanidad: la sana distancia que impide el acercamiento afectivo que producen nuestras emociones y nutre nuestro aparato psíquico, nuestros pensamientos y sentimientos, nuestros deseos, nuestra alma.

 

Aunque entendemos las medidas sanitarias impuestas por la autoridad la pandemia Covid 19 también ha puesto en riesgo la organización económica de los países, por no hablar de nuestras propias economías familiares y de las empresas de todo tamaño.

 

La pandemia Covid 19 también pone en entredicho a nuestras sociedades, las estructuras aparentemente sólidas en las que vivimos y nos desarrollamos: por eso agudiza los miedos, las dudas y las culpas internas de cada individuo potenciándolas socialmente con consecuencias que aún desconocemos.

 

Foto: T E

 

El duelo

La atmósfera de incertidumbre planteada por el Covid 19 nos lleva a sentir miedo, ira, frustración, tristeza, desconcierto, enojo, indignación, angustia, culpa, aburrimiento y otras muchas formas de sufrimiento y aflicción que se manifiestan en nuestros cuerpos y en nuestras conductas en las esferas físicas, psicológicas y sociales, este conjunto de confusos estados mentales y emocionales es el duelo.

 

Las ya conocidas y estudiadas etapas del duelo que en realidad son un conjunto de mecanismos de defensa o herramientas emocionales de nuestra estructura física y mental ante el cambio inesperado y sobre todo no deseado —la ruptura amorosa o afectiva, la ausencia temporal o permanente de quien (es) amamos, algún fenómeno natural como los terremotos, inundaciones, o las quiebras económicas y un largo etcétera, como la actual pandemia—  explican con diáfana claridad los sentimientos que ya mencionamos.

 

El reto es racionalizar los hechos, separarlos de las emociones sin suprimirlas o enmascararlas o reprimirlas, sino entendiéndolas; se trata efectivamente de transformar el evento traumático en un proceso de aprendizaje que pueda comprenderse y analizarse, es decir manejarse, para sobrellevar de mejor manera el fenómeno o hecho que nos afecta, en este caso la pandemia que nos ha tocado vivir.

 

Foto: Internet

 

Las etapas del Duelo

Negación

La primera etapa o de la negación inicia con nuestro conocimiento de un hecho o fenómeno, generalmente inesperado y sorpresivo que vivimos en un estado de choque o conmoción emocional: dudamos que el hecho o fenómeno haya ocurrido, el sentimiento de desconcierto e irrealidad está acompañado de una sensibilidad “como anestesiada”, lo que puede inicialmente amortiguar el golpe individual y social del evento.

 

Como mecanismo de defensa se trata de un ajuste con una duración más o menos corta, pues la nueva realidad termina por imponerse, pero al entrar en juego altas dosis de incredulidad y rechazo también surgen las muy humanas actitudes de resistencia o rebeldía individual y social contra las medidas implementadas por la autoridad sanitaria y los gobiernos. Esto explica, aunque no justifica algunas conductas irresponsables o de riesgo.

 

Enojo, Rabia, ira

Durante la segunda etapa o de la ira, predominan la frustración, la indignación, la rabia, el cuestionamiento al mundo, a la vida, a los que nos rodean, también la culpa. Es necesario subrayar el carácter “abstracto” de estos sentimientos que por cierto no los hace menos reales para el que los sufre y traslada a su ámbito más inmediato, la familia o el entorno social y laboral.

 

Como sabemos en estas dos etapas aumentaron las cifras de violencia intrafamiliar: el temor a la pérdida del empleo y la inseguridad económica son grandes detonantes de la agresividad con base en los patrones de conducta machista predominantes en la sociedad mexicana. Agrava esta situación la enorme y vergonzosa desigualdad socioeconómica del país, en el que unos pocos detentan fortunas multimillonarias mientras el noventa por ciento restante vivimos al día. La rebeldía social se manifestó en el miedo a las carencias propiciando delitos como el saqueo masivo y la desobediencia a las recomendaciones de la autoridad sanitaria, el poco y a veces nulo acatamiento de las medidas de seguridad contra el contagio. Podemos imaginar todos la angustia planteada por el desempleo y consecuente pobreza.

 

Negociación

La tercera etapa o de la negociación inicia con el reconocimiento del hecho y la reorganización individual, familiar y social que éste, la pandemia, impone, la ponderación entre el tamaño del riesgo –la salud, la vida- y las medidas para evitarlo están presentes en todo momento junto con las muchas interrogantes que todos, personas e instituciones se plantean. Al no tener respuestas claras, inmediatas, porque en realidad no las hay, la incertidumbre se transforma en enojo, indignación, culpa, etc., ya matizadas por otros sentimientos, como el recuerdo de mejores tiempos, de problemas superados, la esperanza en soluciones…

 

Depresión

La mezcla de sentimientos encontrados de esta etapa se asemeja a una cuerda floja que inevitablemente se rompe, con lo que se inicia la cuarta etapa o de la depresión. Las etapas de la negociación y de la depresión constituyen el núcleo más pesado y difícil del duelo, pero no olvidemos que el sufrimiento del duelo es la expresión y consecuencia del trabajo psicológico de liberación que se opera necesariamente después de la pérdida; en este estado se intensifican la soledad social y sobre todo emocional. El cuestionamiento profundo que cada individuo se hace se acompaña de un nuevo “conocimiento”, resultado del intenso proceso de aprendizaje vivido.

 

El dolor profundo de la depresión se asemeja a un mar en el que el individuo se hunde, siente que se ahoga… y es entonces cuando empieza a nadar con desesperación, pero también con mucha energía. Las fuerzas psíquicas y emocionales de su instinto de supervivencia empiezan a funcionar y se inicia así la quinta etapa del duelo, o etapa de la aceptación.

 

Aceptación

Bajo pautas de conducta que ya no son enteramente emocionales sino racionales y organizadas, el individuo analiza la nueva realidad y pone en juego sus habilidades para adaptarse a ella o para transformar su entorno inmediato, su realidad más próxima, de acuerdo con sus necesidades. La etapa de aceptación es inevitablemente la de la recuperación y la sanación con base en la vivencia del difícil proceso de aprendizaje. Es un renacer y empezar de nuevo a partir de viejos y nuevos conocimientos y habilidades sociales y emocionales. Se experimenta y disfruta la capacidad de volver a hacer, a sentir, a pensar, a amar; la alegría de poder hacerlo a pesar de la terrible experiencia vivida.

 

Foto: projecthelping.org

 

No existen soluciones ni remedios mágicos para contender con algo tan complicado como la realidad de un fenómeno como la pandemia Covit 19, pero ahora conocemos algunos de los muchos procesos  y recursos de la mente humana para entender y sobrellevar estos eventos traumáticos; para comprender y aceptar  que ciertos fenómenos poderosos y terroríficos, como los terremotos o las pandemias están aún muy lejos de nuestra esfera de conocimientos y por lo tanto de nuestro control, que son ajenos a nuestros viejos códigos religiosos o de cualquier tipo. Aprendemos, con suerte, que aunque son fenómenos que nos sobrepasan no nos aniquilarán, en la medida en que los enfrentemos con las herramientas que a lo largo de la existencia de la humanidad han probado su mayor eficacia: el amor y la inteligencia.

 

Mientras tanto Quedémonos en casa, tranquilos al saber que muchas cosas que experimentamos, sentimos, tememos y pensamos no son necesariamente malignas sino sólo necesarias, parte de un proceso de aprendizaje, como las etapas del duelo.

 

 

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