La vacuna para las personas mayores debe originarles una respuesta inmune suficiente

 

  • De lo contrario no resultarían protegidas
  • El fenómeno de la inmunosenescencia es un fenómeno natural por la edad
  • En México supera los quince millones y medio de personas de más de 60 años
  • La inmunosenescencia se refiere al deterioro gradual del sistema inmune provocado por el avance natural de la edad

 

Foto: T E

 

Debido a que los adultos mayores integran uno de los sectores vulnerables es necesario que la vacuna origine una respuesta suficientemente inmune, expuso el doctor Miguel Betancourt Cravioto en el XXV Simposio del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

 

De lo contrario no resultaría protegido, añadió tras señalar el fenómeno de inmunosenescencia que se da en ese segmento de esa población, que en México supera los quince millones y medio de personas de más de 60 años.

 

La inmunosenescencia se refiere al deterioro gradual del sistema inmune provocado por el avance natural de la edad.

 

Al dictar la conferencia magistral Desarrollo de vacunas contra COVID-19, ¿dónde estamos ahora?, Betancourt Cravioto –dijo que “estamos a punto de tener no sólo una, sino varias seguras y eficaces”.

 

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Mencionó que el proceso típico de desarrollo de una vacuna habría implicado tenerla hasta 2034. Sin embargo, añadió, el conocimiento previo sobre el virus y el uso de tecnologías innovadoras, entre otros factores, “permitirán que en menos de dos años “contemos con varias inoculaciones seguras y eficaces” contra el SARS CoV-2.

 

El también presidente de la Sociedad Mexicana de Salud Pública sostuvo que no obstante las medidas implementadas para tratar de controlar la pandemia, la única forma de dominarla de manera efectiva es con el acceso equitativo global a una inoculación que prevenga la infección.

 

El proceso es muy complejo, dijo, pero “la ventaja es que no estamos partiendo de cero”, pues se cuenta con los antecedentes de los síndromes respiratorios Agudo Grave y del Medio Oriente, SARS y MERS, por sus siglas en inglés, respectivamente.

 

El conocimiento creado, explicó además, “nos sirve como punto de inicio” contra la enfermedad. “Desde muy temprano se ha visto que la proteína al atacar a través de la respuesta inmune generada por la inoculación, es la spike de los coronavirus, con la idea de que no se lleve a cabo la liga con los receptores AC2 y se inhiba la infección de las células”.

 

Ese es el objetivo, señaló Betancourt Cravioto, de casi todas las vacunas que están en progreso. “Es desde donde se comenzará, por lo que su obtención enfrenta grandes retos, entre ellos la seguridad, es decir, no poner en riesgo la salud de quienes las reciben; la eficacia, y lograr una efectividad mayor o igual a 50 por ciento”.

 

En la actualidad ya no hay sólo mecanismos preventivos, incluidos los de la viruela o el sarampión, sino terapéuticos, cuyo propósito es reducir la gravedad y con ello el número de hospitalizaciones y de fallecimientos, subrayó el académico de la UAM.

 

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Otros retos de tipo sistémico u organizacional, mencionó Betancourt Cravioto, son los que están relacionados con la competencia de empresas desarrolladoras, porque al final se trata de un asunto comercial.

 

Sin embargo, citó que “la situación que enfrentamos ha propiciado una serie de alianzas entre las organizaciones Mundial de la Salud (OMS) y Panamericana de la Salud (OPS); la participación de instituciones académicas que contribuyen con los resultados de sus investigaciones, y de gobiernos y grupos financiadores y filantrópicos, entre otros”.

 

Estos lazos, confió, de cooperación debieran lograr, lo antes posible una vacuna fiable y “echar mano de tecnologías innovadoras” mucho más veloces, pero con la misma calidad y garantía, además de contar con los recursos requeridos para su obtención”.

 

Betancourt Cravioto explicó que el ciclo típico de producción de una vacuna, desde la indagación básica hasta la distribución en la sociedad habría significado tenerla lista en 2034 “lo que sería impensable, dadas las implicaciones sociales y económicas de la pandemia”.

 

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En esta situación, el académico de la UAM destacó que la comunidad global impulsó un procedimiento acelerado, acortándolo a menos de 12 meses y confió en que “si bien hay dudas y resistencias debido a este avance, no se están escatimando de manera alguna la seguridad ni la calidad”.

 

Betancourt Cravioto mencionó además que el New York Times y su rastreador de vacunas dice que existen 160 que están siendo probadas en animales y experimentos de laboratorio o ensayos preclínicos.

 

Añadió que en fase uno están 36, experimentada con pequeños grupos de gente joven y sana para avalar certeza y dosificación; 17 en fase dos, con conjuntos de mil o dos mil, incluyendo aquellos con ciertas vulnerabilidades, y 13 en la etapa tres, basadas en prácticas clínicas multicéntricas realizadas a grupos de más de 30 mil o 40 mil para probar el esquema.

 

El académico de la UAM mencionó también que se hace un seguimiento de individuos que se infectan naturalmente para saber cuáles resultaron protegidos, trabajando por lo general con un placebo.

 

El doctor Miguel Betancourt Cravioto es director de soluciones globales y coordinador de los proyectos en vacunología, genómica y enfermedades desatendidas en la Fundación Carlos Slim, desde 2010.

 

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