Ni cómplices ni pasivos espectadores deben ser las Comisiones de Derechos Humanos

 

  • Ante las afectaciones de la crisis sanitaria, el papel que deben tomar es claro: “ser mediadores, articuladores, concertadores, impulsores de la construcción de soluciones, guardianes de la centralidad de personas y su esfera de derechos”
  • “La promoción de derechos humanos no puede realizarse alejada de la construcción empírica de esta realidad, “pues si no salimos juntos de situaciones como ésta, no salimos”

 

Foto: T E

 

Al referirse a los saldos e impactos sociales de la crisis sanitaria, Nashieli Ramírez Hernández afirmó que en las Comisiones de Derechos Humanos “no podemos ser cómplices o pasivos espectadores de las afectaciones causadas por el impacto diferenciado que esta crisis sanitaria tiene en las personas, en función de muchos determinantes sociales”.

 

Al dar lectura a su informe anual como presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México dijo que para los Organismos de protección de estos Derechos Humanos el papel que deben tomar es claro: “ser mediadores, articuladores, concertadores, impulsores de la construcción de soluciones, guardianes de la centralidad de personas y su esfera de derechos”.

 

Advirtió que las Comisiones de Derechos Humanos tienen un papel fundamental que adoptar: la promoción de derechos humanos no puede realizarse alejada de la construcción empírica de esta realidad, “pues si no salimos juntos de situaciones como ésta, no salimos”.

 

En esta realidad, añadió, cobra aún más sentido nuestro papel como mediadores, y articuladores de la participación de todos los actores sociales necesarios: el Estado con sus instituciones, la academia y necesariamente las OSC, las organizaciones de base comunitaria, las colectivas y todo ese entramado que surge de la ciudadanía.

 

Los retos que tenemos por delante se multiplican., señaló al destacar la incorporación y la conciencia sobre la salud integral individual y comunitaria debe de estar en el centro.La perspectiva de justicia restaurativa, sus principios, su puesta en marcha en el día a día para la resolución de conflictos y su resolución, debe provenir de nosotros, agregó.

 

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“La emergencia nos ha hecho constatar lo que se ha dicho por años: la salud no puede entenderse solamente como la ausencia de enfermedad. No podemos escindir este concepto y, en ese sentido, la atención a la salud mental, como un aspecto base de la salud pública, debe traducirse en una transversalización de medidas en el sector salud, educación, deporte, cultura, por mencionar algunos”.

 

La defensora de los derechos humanos de la población de la capital mexicana hizo mención de otro reto: “los impactos de esta crisis sanitaria mundial aumentarán la conflictividad regional, social y familiar. Es preciso adoptar una estrategia, desde el enfoque de derechos humanos y con una necesaria perspectiva de género: nunca más sin las mujeres, pues hacerlo así provoca la violencia de género”.

 

Ramírez Hernández, con un sentido autocritico, dijo que el gran reto es dar pasos agigantados y apresurados para emparejar el piso y acortar las brechas que se profundizaron con esta pandemia. “La desigualdad mata”, destacó.

 

“Esto es una deuda y es un reto” manifestó en su informe 2020 seguido a distancia por la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo.

 

¿Qué herramientas usaremos para afrontar estos retos?, se preguntó Ramírez Hernández y respondió: “la primera y fundamental: la construcción colectiva, la reconstrucción de la colectividad como base mínima para afrontar las situaciones que nos afectan”.

 

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La pandemia es un fenómeno global, y es preciso sumarse a las soluciones desde la acción local comprometida y corresponsable manifestó ante funcionarios del gobierno capitalino y legisladores locales y la representación de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

 

A la Ciudad y sus habitantes les sirve una Comisión más fuerte y comprometida; y eso solo se consigue con el trabajo diario y cercano con las personas, subrayó además.

 

Esto no sería posible, resaltó, sin el esfuerzo cotidiano de quienes forman parte del equipo de esta Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, de sus casi 700 integrantes, quienes como muchos de los que habitamos y transitamos esta Ciudad, han atravesado un 2020 con partidas, pero que renuevan su esperanza en la convicción de su trabajo.

 

Mencionó en su informe las expresiones públicas que acompañó el personal de esta Comisión de Derechos Humanos durante 2020 relacionadas el 43 por ciento con el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, “lo que denota que esta causa de conflictividad social continuará, lo que debe llevarnos a una transformación de las estructuras que termine, de una vez por todas, con las violaciones sistémicas a los derechos de las mujeres”.

 

Dijo que a pesar de contar con vacunas que a la larga nos harán más fuertes contra el virus, aún n hay una deuda pendiente para desarrollar vacunas contra los impactos sociales y económicos que nos dejará y para la exacerbante desigualdad que la exponenció.

 

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“Nuestra labor como personas defensoras de derechos humanos no puede ser la de espectadores que se limiten a señalar lo que es evidente, y es que en el 2020 se vulneró el derecho a la salud e integridad de millones de personas alrededor del mundo”.

 

Destacó además que “la pandemia que inició el año pasado y que aún padecemos, se sostiene de un campo fértil que se alimenta de las limitaciones previas, como es el abatido sistema de seguridad social, la manipulación del medio ambiente y el consecuente impulso de las enfermedades zoonóticas, la toma de decisiones con criterios exclusivamente económicos y políticos que desdeñan el conocimiento científico y un marco bioético de referencia”.

 

Ante esto, añadió, la obligación de los Organismos Públicos de protección de Derechos Humanos es dar respuestas como Sistema No Jurisdiccional. El virus nos ha afectado en lo colectivo, y son respuestas de esa dimensión las que contribuirán al fortalecimiento que como sociedad tengamos hacia eventos de este calibre.

 

Dos mil veinte será recordado como un parteaguas en la historia de la humanidad, por su carácter global. Ni siquiera las Guerras Mundiales lo fueron en esa magnitud, manifestó la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la capital mexicana.

 

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