La pandemia aumentó la desigualdad y la pobreza en las mujeres, escolares y personas mayores

 

  • Urgente en los países de la región reestructurar los sistemas de salud y educación, sostener las transferencias, universalizar un ingreso básico de emergencia, implementar bonos contra el hambre
  • En 2020, en toda América Latina y el Caribe aumentó la inseguridad alimentaria en un contexto de fuerte caída económica y elevación de los precios de los alimentos
  • Más de 1 millón 260 mil personas habían muerto a causa del coronavirus
  • Constituye la mayor crisis sanitaria de la historia reciente de la región

 

Foto: T E

 

Santiago de Chile.-La crisis derivada de la pandemia aumentó la desigualdad y la pobreza, afectando principalmente a las mujeres, escolares y personas mayores, advirtió la mexicana Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), quien en una conferencia de prensa virtual dio a conocer el documento titulado La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad.

 

Bárcena dijo que era urgente en los países de la región reestructurar los sistemas de salud y educación, sostener las transferencias, universalizar un ingreso básico de emergencia, implementar bonos contra el hambre.

 

Al mismo tiempo consideró prioritario asegurar el acceso a una canasta básica digital, fortalecer el apoyo a las micro, pequeña y mediana empresa e impulsar políticas transversales y sectoriales para avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo.

 

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Las brechas estructurales acentuaron los efectos negativos de la pandemia, cita el informe al señalar que la peor contracción económica en más de un siglo en la región. Al 28 de junio de 2021, más de 1 millón 260 mil personas habían muerto a causa de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en los países de América Latina y el Caribe, en lo que constituye la mayor crisis sanitaria de la historia reciente de la región.

 

En el documento dado a conocer por Bárcena se señala que “muchas mujeres que perdieron el empleo en 2020 no han vuelto a buscarlo debido a la sobrecarga de las demandas de cuidados en los hogares en un contexto de cierre de establecimientos educativos e importante reducción o carencia de servicios de cuidados”.

 

Las mujeres en la primera línea de la pandemia

 

“Las mujeres han estado en la primera línea de combate a la pandemia, ya que representan el 73% del total de quienes trabajan en el sector de la salud. Además, las medidas de contención, las cuarentenas, el cierre de escuelas y el aumento de personas enfermas profundizan las presiones sobre las mujeres respecto de los cuidados remunerados y no remunerados, en un contexto en el que las mujeres ya dedicaban tres veces más tiempo que los hombres a tareas de cuidado no remunerado”, cita el documento.

 

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Asimismo, el documento menciona que la pérdida del empleo y la reducción de los ingresos laborales en 2020 afectaron a amplios grupos de la población, especialmente a los estratos de menores ingresos. La tasa de pobreza extrema habría alcanzado el 12,5% y la de pobreza el 33,7%. Por tanto, el número de personas en situación de pobreza extrema alcanzaría los 78 millones (8 millones más que en 2019) y el número de personas en situación de pobreza llegaría a 209 millones (22 millones más que el año anterior). En este contexto, habría aumentado la desigualdad en la distribución del ingreso, con un incremento del 2,9% en el índice de Gini.

 

En 2020, en todas las subregiones de América Latina y el Caribe aumentó la inseguridad alimentaria, un fenómeno estrechamente ligado a la pobreza extrema, en un contexto de fuerte caída económica y aumento sostenido de los precios de los alimentos.

 

Pese a las políticas de apoyo a los ingresos y la alimentación, la incidencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó al 40,4% de la población en 2020, el documento destaca que esta situación representó un contingente adicional de 44 millones de personas que padecen inseguridad alimentaria moderada o grave en la región, de las cuales 21 millones pasaron a sufrir inseguridad alimentaria grave.

 

“Necesitamos políticas para una recuperación transformadora con énfasis en la inversión. Políticas industriales y tecnológicas para impulsar el crecimiento de sectores más intensivos en tecnología y generadores de empleos de calidad”, subrayó Bárcena.

 

Según las nuevas proyecciones de la CEPAL, en 2022 América Latina y el Caribe crecerá 2,9% en promedio, lo que implica una desaceleración respecto del rebote de 2021. Pero nada permite anticipar que la dinámica de bajo crecimiento previo a 2020 vaya a cambiar.

 

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Los problemas estructurales que limitaban el crecimiento de la región antes de la pandemia se agudizaron y repercutirán negativamente en la recuperación de la actividad económica y los mercados laborales más allá del repunte del crecimiento de 2021 y 2022. En términos de ingresos per cápita, la región continúa en una trayectoria que conduce a una década perdida, advierte el informe.

 

El documento explica que la tasa de crecimiento actual no es sostenible y existe un riesgo de retorno a trayectorias mediocres, con insuficiente inversión y empleo, y mayor deterioro ambiental. Además llegó en un momento donde la región estaba estancada, sin enfrentar la crisis de largo plazo de la inversión, el empleo y la diversificación productiva sostenible. Reconoce asimismo que las medidas fiscales adoptadas por los países han sido importantes, pero insuficientes en monto y duración.

 

Al 30 de junio, la región acumulaba más de 1.260.000 muertos por causa del COVID-19 (32% del total mundial, a pesar de que su población representa el 8,4% a nivel global) y presenta grandes brechas en la vacunación respecto a los países desarrollados. Para cerrarlas se requiere cooperación e integración.

 

En América Latina y el Caribe (30 países) el porcentaje de la población total con esquema de vacunación completo llega a solo 13,6%, mientras que en la Unión Europea es de 34,9% y en América del Norte 46,3%.

 

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En el último año, la tasa de pobreza extrema habría alcanzado el 12,5% y la de pobreza el 33,7%. Las transferencias de emergencia a los sectores más vulnerables permitieron atenuar el alza de la pobreza en la región en 2020 que pasó de 189 millones en 2019 a 209 millones pudiendo haber sido de 230 millones, y de 70 millones en 2019 a 78 millones pudiendo haber sido 98 millones en el caso de la pobreza extrema.

 

Estas transferencias beneficiaron a 326 millones de personas, el 49,4% de la población. Sin embargo, la desigualdad en la distribución del ingreso aumentó (2,9% del índice de Gini). En tanto, la inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó a 40,4% de la población en 2020, 6,5 puntos porcentuales más que en 2019. Esto significa que hubo 44 millones de personas más en inseguridad alimentaria moderada o grave en la región, y 21 millones pasaron a sufrir inseguridad alimentaria grave.

 

El informe indica que en el período enero-abril de 2021, 20 países anunciaron o extendieron transferencias de emergencia por 10 mil millones de dólares (0,26% del PIB de 2020). De mantenerse este nivel de gasto en los restantes ocho meses de 2021, el gasto en transferencias anual sería de solo 0,78% del PIB de 2020, es decir, la mitad del gasto de 2020: 1,55% del PIB. De esta forma la cobertura sería mucho menor y alcanzaría a 60 millones de hogares (231 millones de personas y 29% de la población, comparado con los 326 millones y 49,4% de la población alcanzada en 2020).

 

Por otro lado, la CEPAL destaca que la pandemia deja a 2021 en un peor estado ambiental que es difícil de revertir. Si bien hubo mejoras temporales en la calidad del aire y reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, las emisiones repuntarían 5% este año, mientras que en 11 países de la región se observó una caída de 35% en el presupuesto o gasto de protección ambiental en 2019-2020.

 

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