Los estereotipos sobre las personas mayores en los medios estigmatizan la vejez

 

  • “Las personas viejas están creando un presente social, están cambiando la estructura de la sociedad”
  • “Un periodismo de calidad debe cambiar su mirada sobre la vejez”, sostenía Javier Darío Restrepo, el periodista colombiano que dirigió tres encuentros de informadores colombianos, chilenos y cubanos para analizar cómo se tratan las noticias sobre las personas de edad y el envejecimiento en periódicos, medios electrónicos y digitales

 

Foto: T E

 

Susana SÁNCHEZ.-“Piden viejitos a Walmart regresar ya a trabajar”, fue la cabeza de una de las notas de la edición de La Jornada del 21 de agosto de este año. No es la primera ocasión que este periódico reproduce uno de los calificativos con los cuales en la prensa mexicana se identifica y discrimina a las personas mayores, el término con el cual se les nombra a partir de 2015 la Convención Interamericana de Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, que hasta ahora no ha sido ni firmada ni ratificada por México de junio de 2015.

 

La cabeza de este periódico metropolitano, con parte de su personal de redacción y dirección integrada por periodistas personas mayores, se refería a una información sobre las personas mayores que el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) envía bajo convenios como “empacadoras” a las tiendas de autoservicio, sin ningún tipo de garantías laborales y solamente a expensas de dádivas, que con la pandemia fueron desplazados y ahora a empresas como Walmart les demandan su reincorporación.

 

En la agenda Setting de los medios de información mexicanos, el tema de la vejez solamente se atiende cuando se trata de noticias de personas mayores que sufren violencias físicas, despojos o abandonos, noticias que las convierten en espectáculos, materia de sus ratings. Es entonces cuando los medios se asoman con morbo a las condiciones de vida de las personas mayores, como ocurrió en el mes de febrero de 2021 en una colonia del sur de la Ciudad de México, por la paliza que recibió la señora Lorenza, de 95 años, de parte de uno de sus hijos, también una persona de más de 60 año, hecho que reseñamos en estas páginas de Diario T E.

 

Los reporteros de diarios, estaciones de radio y televisoras, arribaron hasta la casa de autoconstrucción de la señora Lorenza para difundir su rostro con moretones consumiendo una paleta y rodeada de hijas y nietas. El caso de esta persona mayor se colocó en las mesas de edición de los medios de información por el video de una vecina de la señora Lorenzo, quien grabó la escena del violento ataque que sufrió esta persona mayor y que obligó a la Fiscalía de la Ciudad de México a perseguir y detener al agresor, ya que la mayoría de estos casos quedan en la impunidad por la ausencia de denuncias.

 

Foto: T E

 

Para Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, quien fue director del Consultorio Ético de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano – FNPI, “solo un periodismo de calidad logra comunicar la realidad individual y social de las personas viejas”. Darío Restrepo era partidario de darles voz a las personas de edad “incluirlas como parte viva del mundo e integrarlas a las otras generaciones con sus aportes propios e irreemplazables”.

 

Para hacer un periodismo adecuado, justo con la vejez, es necesario reconocer a las personas de edad, sostenía este periodista colombiano.

 

“No solo con su pasado, sino con su presente y con su futuro, teniendo en cuenta su gran diversidad, porque constituyen el grupo etáreo más heterogéneo que existe”, afirmaba Darío Restrepo, quien llevó a cabo la memoria “La Vejez en las Noticias, que reúne los testimonios de tres encuentros-talleres en los años 2014,2015 y 2016 de periodistas colombianos, chilenos y cubanos que analizaron cómo se trata la vejez y el envejecimiento en los medios impresos, electrónicos y digitales.

 

Informaremos bien sobre la vejez el día en que, contrariando los cánones de la cultura de hoy, entendamos que un periodismo de calidad debe cambiar su mirada sobre la vejez, decía Restrepo, quien falleció en octubre de 2019. “Así que vale la pena reiterar: cuando informamos sobre las personas viejas reconociendo y mostrando su heterogeneidad y, además, en presente y en perspectiva, reconociendo sus posibilidades de aporte a partir de su experiencia, las convertimos en buena noticia”, destacaba Javier Darío Restrepo en esta memoria dada a conocer en diciembre de 2016.

 

En las páginas de los periódicos mexicanos, impresos o digitales, es común leer en sus ediciones términos despectivos que estigmatizan a la vejez y en la forma cómo las utilizan: viejitos, rucos, viejitos, rucos, abuelitos, decrépitos, vetarros, incapaces, discapacitados.

 

Foto: T E

 

Esta forma de tratar por escrito a las personas mayores fomenta escenarios de exclusión, discriminación, distintas fobias que alimentan los prejuicios y la permanencia de estereotipos que agravan las condiciones de vulnerabilidad de las personas mayores en nuestro país.

 

Con el objetivo de plantear cómo atender las informaciones referentes al envejecimiento de la población, unos 70 periodistas, quienes laboraban en medios impresos, digitales, de radio y televisión, fueron convocados por la Red Latinoamericana de Gerontología y la Fundación “Gabriel García Márquez” para el Nuevo Periodismo. Las ciudades que fueron las sedes de estos encuentros en forma de talleres fueron las capitales de Bogotá, en octubre de 2014; de Santiago de Chile en 2015 y La Habana, en 2016.

 

Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, como director del Consultorio Ético de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, fue quien condujo estos encuentros-talleres de los más de 70 periodistas que dedicaron sus tiempos a tratar las formas de dar coberturas a los hechos e informaciones relacionadas con las personas de más de 60 años y sobre los procesos de envejecimientos y sus edades.

 

De acuerdo con Darío Restrepo, en su memoria de estos encuentros “La Vejez en las Noticias”, los periodistas colombianos, chilenos y cubanos debieron responder, de entrada, una pregunta: ¿Qué retos implica para el periodismo una creciente población cada vez más longeva?

 

Para empezar, de acuerdo con el relato de Darío Restrepo, tras analizar los procesos de envejecimiento de las poblaciones de sus tres países, se encontraron con los desafíos que plantea el aumento de la esperanza de vida que en 1900 era de 29 años en la región y que en el año 2000 era de 74 años.

 

Además, revisar el trato que se da en las notas de los medios sobre el maltrato, la violencia física y psicológica que sufren las personas mayores por violencias físicas y psicológicas por parte de sus familiares cercanos, este grupo de periodistas latinoamericanos se asomaron a conocer las precarias pensiones de este cada vez numeroso grupo de población en la región.

 

Foto: T E

 

Por ejemplo, señalaron que en Colombia quienes tienen más de 60 años reciben una pensión del 27,8 por ciento de lo que cotizaron en sus salarios, una situación más drástica en México cuando solamente un 26 por ciento de las personas mayores de 60 años cuentan con una pensión contributiva. La mayoría mexicana pensionada recibe cantidades precarias que las obliga a continuar efectuando diversos trabajos en el mercado informal o como empacadoras en las tiendas de autoservicio.

 

Los periodistas pasaron y repasaron “el inesperado dato que se concretaba en esas filas, largas y fatigantes de personas viejas que buscaban empleo porque no habían alcanzado a cotizar 1300 semanas de trabajo, o sea 25 años de ocupación y que, en condiciones de total desigualdad, compitieron en el mercado de trabajo. Ahora, cuando obtienen un trabajo, el 85% lo hace en condiciones informales y con una muy baja remuneración. Así lo evidenció un estudio de la Universidad Externado de Colombia (2016)”.

 

Para este grupo de periodistas latinoamericanos en sus deliberaciones “las personas viejas deberían poder trabajar en forma remunerada, si es que lo desean. En ningún caso debieran verse obligadas a seguir trabajando porque carecen de una pensión, o si es que la tienen, porque ésta es tan insuficiente que no les permita cubrir sus necesidades básicas”.

 

En una revisión de catorce recortes periodísticos, en nueve, estos periodistas se encontraron con que “las personas viejas desfilan como un problema que la sociedad tiene que resolver. Es lo que en las familias sucede cuando se alarman los hijos y preguntan: ¿y ahora qué hacemos con los abuelos?”

 

“Otros tres artículos- que analizaron los periodistas- se aproximaban a la vejez como otra de las curiosidades que recogen los Records Guinness y que los medios registran de acuerdo con uno de los más anacrónicos criterios sobre noticia, que es ‘lo raro’, lo que por extraño e inesperado, merece reportarse”.

 

Solo en dos de los artículos revisados por los periodistas “la vejez es promesa, solución y una buena noticia. Estos viejos ‘problema’ y estos viejos ‘rareza’ que suelen predominar en el imaginario de los medios, no son la realidad de las personas viejas. Sentimos que allí aparece una realidad incompleta por lo superficial y porque prescinde de una visión amplia, no limitada por la fascinación que produce en la prensa el hecho caliente, o el suceso espectacular”.

 

Este grupo de periodistas sintieron que ser persona vieja es más que eso. En otro de sus ejercicios se propuso, “a través de una experiencia concreta, el planteamiento del problema de la imagen de la vejez que ofrece la prensa diaria”. Distribuidos en grupos pequeños, “los periodistas acometieron la búsqueda del mejor enfoque para noticias tales como el suicidio de dos ancianos en un mismo día”.

 

Según las estadísticas de violencia doméstica, mencionados en esos encuentros- talleres, crecía el número de agresiones de los hijos contra sus padres viejos” advirtieron que “los avances de la medicina permiten anunciar que uno de cada dos bebés llegará a los cien años”.

 

Por ejemplo, mencionaron que “el 19,4% de los cubanos tienen 60 años o más”. Cada una de estas noticias u otras parecidas, tenía tres posibles enfoques y cada grupo debía escoger uno entre ellos, u otro distinto y explicar la razón de su elección”.

 

Foto: T E

 

Fue una oportunidad, narró Darío Restrepo, que los periodistas aprovecharon para examinar y someter a crítica el tratamiento que el tema de la vejez recibe en los medios. “El periodista comprometido, claramente en esta tarea la ejerce investido de su importancia, lejos de lo rutinario o lo mediocre; por el contrario, se siente bajo el apremio de una misión que se le renueva todos los días”.

 

Para Darío Restrepo el periodismo no podía ser una profesión vulgar, ni un ejercicio corriente cuando se lo entiende como creador de un presente social, es decir, renovador cotidiano de un compromiso con la historia.

 

“La imagen que sobre la vejez tenemos los periodistas y la que proyectamos desde los medios, es la de mujeres y hombres viejos que ya vivieron, trabajaron, que hicieron todo lo que tenían que hacer -verbos en pasado, agotados por el pasado-. La persona vieja, tal como aparece en los medios, que es como con frecuencia la vemos, es una persona absorbida por el pasado”.

 

Sin embargo, sostenía Darío Restrepo, para quienes son personas viejas el presente está ahí, con toda la contundencia de lo que está ahí. Si algo les frustra e inutiliza es que las invisibilicen, que las hagan sentir que no están ahí, que no cuentan.

 

Pienso, llegó a subrayar este ilustre periodista colombiano, que la exploración sobre las posibilidades de las personas viejas puede ser tan importante para el “las personas viejas están creando un presente social, están cambiando la estructura de la sociedad”.

 

Sobre todo, subrayó Darío Restrepo, cuando la demografía nos ha demostrado que el cambio hacia envejecimiento de la población es un proceso irreversible, hay quienes lo interpretan erróneamente como si se tratase de superpoblación de mayores de 60 y 65 años”.

 

“Hace daño el periodismo sobre la vejez que se limita a compadecer a las personas viejas, o a convertirlas en espectáculo, o que las trata como niños, como incapaces o como ignorantes”, sostenía este ilustre periodista que coordinó los tres encuentros de periodistas latinoamericanos sobre la vejez y el envejecimiento, que creemos oportuno recordar en estas páginas digitales de Diario T E.

 

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