La belleza imperfecta, contrariando los mandatos del Marketing y el Photoshop

La pintora que retrata a las musas de la Tercera Edad

Aleah Chapin desafía los cánones impuestos por la industria cultural, reproduce la belleza de los cuerpos reales de mujeres que pasan de los 60

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Alba MUÑOZ Tiene 28 años y se ha pasado los dos últimos estudiando las arrugas, las manchas de la dermis, la piel flácida; la artista estadounidense Aleah Chapines famosa por sus pinturas realistas de mujeres desnudas. Pero lo que más caracteriza su trabajo es que sus modelos son féminas maduras que muestran sin tapujos lo que ahora se entiende por “cuerpos reales”: pechos caídos, canas, las señales de un cuerpo vivido,  la vejez en todo su esplendor, y la belleza imperfecta contrariando los mandatos del Photoshop y el Márketing.

La juventud mito y meta del consumo

Básicamente, Chapin fuerza al espectador a mirar los cuerpos de los que la sociedad huye: en la actualidad, la juventud es un valor supremo, las mujeres maduras se vuelven invisibles para la industria cultural y los medios de comunicación. La maternidad no debe, preferiblemente, dejar ningún rastro en el abdomen y la cirugía es el sueño al que sólo unas pocas pueden encomendarse en una desesperante cuenta atrás. El mensaje es claro y duro para las mujeres: a medida que envejeces, tu imagen se diluye, deja de representarse. No eres referente de nada más que de la vejez y de tus posibles parentescos: madre, tía, abuela.

“La mayoría de las mujeres tienen problemas y no soy inmune a eso”, comentaba Chapin a The Telegraph. “Se nos dice que nuestros cuerpos tienen que tener cierta altura, cierto tamaño y un peso determinado. Pero las imágenes que vemos son completamente irreales. Lo sabemos cuando nos fijamos en ellas en las revistas y, sin embargo, todavía las comparamos”. Por ese motivo, esta joven se ha propuesto producir imágenes de todo tipo de cuerpos que, opina, necesitamos ver: “Debemos poder aceptar cada tamaño y forma, sobre todo cuando nos están mostrando la realidad”.

La trayectoria de Chapin, que empezó con una serie de desnudos gigantes de las amigas de su madre, ha sido ampliamente reconocida, las críticas escudadas en el miedo y la negación a lo que es natural  y real  también se han hecho oír. En 2012, año en que ganó el BP Portrait Award de Londres, el crítico Brian Sewell calificó de “repelente y grotesca” su obra, algo que muchas personas piensan y pocas se atreven a decir, porque hacerlo es un verdadero suicidio ético y estético.

También algunas de las musas de la artista se sintieron afectadas al ver sus cuerpos, habitualmente ocultos o disimulados, en grandes dimensiones. El miedo a la vejez, implantado culturalmente, que convierte a las mujeres en objeto de consumo con una fecha de caducidad muy severa, permea en la sociedad. Pese a que hay espectadoras que agradecen el trabajo de Chapin porque las hace sentirse plenas en su natural imperfección, otras se sienten deprimidas: “Es triste que tengamos que llegar a esos extremos para llamar la atención de mi generación. Para mí es simplemente demasiado. Me resulta muy difícil de mirar”, explicaba una visitante anclada en estereotipos y temores,  de una exposición a The Telegraph.

Aleah Chapin no se ha dejado intimidar y su obra ha recorrido grandes museos de Estados Unidos, Alemania y Holanda. En sus cuadros siguen apareciendo mujeres mayores jugando, tocándose, amándose, comportándose de una forma liberadora que los estereotipos no permiten, que  no se espera “para su edad”. Después de haber visto centenares de ellos, esta joven artista opina como muchos de los grandes artistas de la historia: “El cuerpo femenino es, de principio a fin algo increíble para habitar, para mirar, para pintar”.

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