Jacobo Zabludovsky: “El antisemitismo existe y se manifiesta en forma inesperada y violenta”

Foto: T E

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Recuerda el periodista y abogado sus reminiscencias en el barrio donde creció en el Centro Histórico de la Ciudad de México durante una reunión con miembros de la comunidad judía y mexicana de la capital. Recordó a sus amigos libaneses y mexicanos en una insólita charla “La Merced, mi barrio”,  en la más antigua sinagoga del Distrito Federal, el Templo Nidjei Israel,  la primera sinagoga ashkenazí, que fue refugio de  una población de judíos provenientes de Europa oriental que llegó a México en las primeras décadas del siglo XX.

Frente a una atenta comunidad de origen judío y de vecinos, el periodista y abogado mexicano, Jacobo Zabludovsky Kraveski, nacido en la capital  el 24 de mayo de 1928,   de ascendencia judeo polaca, uno de los dos mejores comunicadores de este país según lo reconoció una encuesta efectuada entre universitarios de hace unos meses, dijo con un cierto tono de preocupación, que  el “antisemitismo existe y se manifiesta de vez en cuando, en forma “inesperada y violenta”.

El sitio de esta reflexión fue una charla dentro del seminario de estudios sobre La Merced,  “La Merced, mi barrio”,  que conmovió a quienes escucharon al   periodista y abogado, muy cerca  de los 70 años en el oficio de informar, los que cumple el año próximo, tiene un popular programa de noticias en Radio Red, de la Cadena Radio Centro, de “Una a tres”, y publica “Bucareli”, una columna semanal de cada lunes en El Universal. Compartió remembranzas y su proverbial cariño a la Ciudad de México   en el Templo Nidjei Israel,  la primera sinagoga ashkenazí, que fue refugio de  una población de judíos provenientes de  la Europa oriental que llegó a México en las primeras décadas del siglo XX.

Uno de sus permanentes radioescuchas es el muralista, grabador, alumno de Frida Kahlo, y también como Jacobo, oriundo del Centro Histórico,  Arturo García Bustos. Cada inicio de la tarde, García Bustos es uno de sus numerosos oyentes, junto con taxistas, amas de casa, estudiantes, profesionistas, funcionarios. Los reporteros de Radio Red se jactan con orgullo al  transmitir sus noticias,  de que todo sucede  de “Una a tres”. Reporteros y corresponsales le dicen familiarmente  Jacobo.

Hace unas semanas, Jacobo fue víctima de una oleada antisemita a partir de un reconocimiento que él nunca pidió, al ser promovida una propuesta  por miembros de la Universidad Veracruzana  de que esa institución  le otorgara un Doctorado Honoris Causa.

El Templo Nidjei Israel, en las calles de Justo Sierra 71, cerca del Colegio de San Ildelfonso,  fue creado en 1941 por un grupo ashkenazí que salió de Europa huyendo  de la persecución desatada por los nazis. Este soberbio y hermoso edificio fue reabierto al público después de treinta años de permanecer cerrado, con el fin de que sea el recinto que albergue la cultura e historia del pueblo judío en la ciudad de México, hoy está abierto al público.

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El periodista y abogado, nacido en la colonia Doctores, es firme y permanente defensor del Centro Histórico de la capital, recordó sus vivencias, su cotidiana comunicación con sus amigos y  vecinos en ese entrañable barrio que colinda con la famosa Merced. Los padres de Jacobo fueron David Zabludovski y Raquel Kraveski quienes  dejaron Polonia en 1926 para residir en México.

“Nunca me sentí discriminado”, dijo  Jacobo al recordar su vida, su convivencia con árabes, mexicanos,  en ese  barrio, a unos pasos de la plaza del Estudiante y de un concurrido restaurant taurino,   “El Taquito” fundado en 1923. El abogado que se graduó en la UNAM el 21 de julio de 1967, habló del holocausto, de cómo se enteró cuando las tropas soviéticas y norteamericanas descubrieron los campos de concentración  en Polonia, donde los nazis asesinaron a más de seis millones de judíos.

Fechas importantes de la vida de Jacobo. ¿Cómo me enteré del holocausto? Fue uno de esos momentos… llegó como noticia, que “la ocultaron un poco para no asustarnos”, por alguna carta de algún pariente que se había quedado en Europa. “Lo fuimos descubriendo paso a paso, casi caminando con  los soldados soviéticos,  norteamericanos e ingleses que llegaron a los campos de exterminio y sacaron las primeras fotos y aquello que no queríamos creer que era, era, más allá de cualquier imaginación”, dijo Jacobo ante esa comunidad que se reunió durante unas horas en esa sinagoga, que fue el centro de la vida comunitaria durante un cuarto de siglo de los ashkenazi provenientes de Polonia, Rusia, Lituania, Hungría y Alemania.

Su plática, amena, fresca, espontánea,  en esa  bella arquitectura de la sinagoga, la más antigua de México, fue de reminiscencias, de su caminar por ese tradicional barrio de la capital, donde recordó a sus amigos, gente como Antonio Badú, a quien conoció vendiendo pan árabe en la calle de las Cruces, luego se hizo famoso como cantante y galán de cine;  de otro actor galán y cómico, Mauricio Garcés, quien fue su buen amigo,  vecino y compañero en la primaria; a los voceadores, los comerciantes, el trajín de una populosa zona de la ciudad que Jacobo ha estado siempre interesado en rescatar, “ese mundo nuestro que era la vecindad” con un  patio central y viviendas a los lados.

“A veces me preguntan si he sentido discriminación. Debo confesar que a lo largo de toda mi vida no he sentido ninguna discriminación, integrada u organizada con esos propósitos de discriminar. De vez en cuando algún grito con un fin ofensivo, pero lo mismo le dicen gachupín a un español, o le dicen árabe a un libanés, y no lo toman como un insulto como no lo tomé yo”.

Sin embargo, Jacobo reconoce que el antisemitismo existe y se manifiesta de vez en cuando, en forma “inesperada y violenta”.

Jacobo recordó su vida con sus amigos y vecinos, “por encima de las creencias religiosas, por encima de problemas económico que no lo sentíamos, por encima de las aspiraciones de cada quien, por encima de su origen geográfico de cada quien”, con sus amigos libaneses, a los que conserva hasta la fecha, quienes de vez en vez le hacen un homenaje, “homenaje que agradezco profundamente”; con sus  amigos católicos,  que lo enseñaron a  rezar una plegaria, (en el nombre del cielo…)  “antes de romper las piñatas”, plegaria que todavía la sabe Jacobo.

Este abogado y periodista celebró esa reunión “insólita e inesperada” con una comunidad que no perdía una sola de sus palabras, de su lúcida memoria al recordar desde su niñez,  cada casa, cada esquina, a los puestos de los voceadores, la vida de un barrio a cuya conservación ha contribuido para impedir la desaparición de su arquitectura, de una cultura  que forma parte de la historia de los pueblos que ha reunido de libaneses,  judíos, árabes, españoles y  mexicanos en esa zona de la capital mexicana.

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Jacobo habló de su matrimonio en 1954 con quien llama cariñosamente “Sarita”, Sarah Nerubay Lieberman, con quien tuvo tres hijos, Abraham, Jorge y Diana, de sus diez nietos y tres biznietos.

Ya  aproximándose el mediodía,  Jacobo se despidió de una cálida multitud reunida en la sinagoga Templo Nidjei Israel, porque tenía que salir, esperando llegar a tiempo,  a su programa  “De una a tres”, en Radio Red”, en el otro extremo de la ciudad, en la salida a la autopista a Toluca. “Disfruto mucho mi trabajo, cuando me preguntan a veces  qué se siente la fama, que se siente llegar a ese horario, que para usted si hay lugar”. Y la gente rió.

Y Jacobo se fue a su programa, a continuar una tarea periodística que inició en 1946 en la Cadena Radio Continental; fundador periodista de la televisión mexicana en 1950, una carrera periodística que hasta la fecha es parte de su vida cotidiana, además de  catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De acuerdo con su perfil biográfico que publica El Universal, Jacobo dirigió y presentó, durante 27 años,  el programa periodístico de televisión “24 HORAS” transmitido en red nacional por Televisa en la República Mexicana. Del 1º de septiembre de 2001 a la fecha conduce el programa “De una a tres” de Radio Red y que se retransmite por  “La 69” de Radio Centro.

Entre sus libros, los siguientes: En el aire, las 25 más célebres entrevistas de Jacobo Zabludovsky”; “La conquista del espacio” (1962), “Charlas con pintores”(1966), “La libertad y la responsabilidad en la radio y la televisión mexicanas”(1967), “En el aire”(1973), “Los grandes del siglo XX” (1998) y “1968-2008: los silencios de la democracia” (2008), éste último en coautoría con Eduardo Cruz Vázquez, entre otros.

Ha recibido dos premios Ondas y un premio Ondas de Oro, de Radio Barcelona; la Presea al Mérito de las Ciencias y Técnicas de la Comunicación Humana, del Instituto Mexicana de Cultura; es Comendador de la Orden de las Artes y las Letras, grado otorgado por el Ministerio de Asuntos Culturales de la República Francesa; Premio Nacional de Periodismo y de Información (por su entrevista a Fidel Castro), así como otros diez galardones anuales más del Certamen Nacional de Periodismo, entre otras muchas distinciones de que ha sido objeto en Estados Unidos, España, América Latina y por supuesto en nuestro país.

Recibió, dos grados doctorales “honoris causa”, por la Universidad De Bar Ilan, en Israel y la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Así es Jacobo, un extraordinario personaje para los adultos mayores de México y del mundo.

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