El  perfecto animal político de Estado que pudo ser Presidente

  • Recibe Porfirio Muñoz Ledo un homenaje en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje.
  • Hoy los salarios promedio se han deteriorado en 65 por ciento y el salario mínimo en más del 80 por ciento, advirtió Muñoz Ledo

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Mediodía de elogios en el auditorio “Artículo 123” de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México. Porfirio Ñuñoz Ledo, a los 82 años, animal político de tempestades, recibió el tributo de ex colaboradores, entre ellos Emilio Chayffet Chemor, y  del gobierno de la Ciudad de México.

Fue un homenaje a Porfirio por su larga vida de “gran servidor público”, dijo el ciudadano Miguel Ángel Mancera, al referirse a este político mexicano que desde 1953, como auxiliar de la oficina de prensa en la desaparecida secretaría de Bienes Nacionales, inició una larga carrera política que lo llevó a ser secretario de Estado, diplomático, parlamentario, dirigente político y en su última etapa de invierno, impulsor de la nueva condición de la Ciudad de México como la entidad 32 de la República que tendrá su propia Constitución en enero de 2017, a un siglo de la Constitución General de la República de 1917.

En esa sala de esa Junta de Conciliación y Arbitraje, a unos pasos de donde se encontraba la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, en la colonia Doctores de la capital mexicana, Muñoz Ledo, capitalino por nacimiento en 1933, hijo de madre y padre dedicados al magisterio, recibió un largo cúmulo tributo de elogios: desde hombre de Estado, laborista, innovador, maestro, transformador, figura proteica, sucesor de José Vasconcelos, el hombre que acabó con el “Día del presidente”, firme opositor del sistema neoliberal, “hombre histórico”, teórico político, actor de la historia, un “hombre que prácticamente o ha sido todo” hasta por ser un excelente bailarín de salón.

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El homenaje a Muñoz Ledo osciló con más énfasis en su tarea como secretario del Trabajo y Previsión Social en el gobierno de Luis Echeverría (1972-1975), del diálogo social que impulsó, según el propio homenajeado, como creador de una serie de organismos para los trabajadores y alcanzar los más altos indicadores de aumentos hasta de un 23 por ciento en 1976,  tanto en los salarios mínimos como en los contractuales, “sin generar inflación”.

La masa salarial llegó al 33 por ciento del producto interno bruto en la época en que Muñoz Ledo fue titular de la Secretaría del Trabajo. Hoy apenas llega al 18 por ciento, dijo. Hoy los salarios promedio se han deteriorado en 65 por ciento y el salario mínimo en más del 80 por ciento, advirtió Muñoz Ledo al hacer un diagnóstico de la extendida crisis que afecta a la clase trabajadora mexicana.

Estas cifras dan cuenta, agregó Muñoz Ledo, de la pobreza  y de la extensión de la pobreza por decreto gubernamental en el país, aunado a los topes de salario y la causa de la salida de más de doce millones de mexicanos del territorio nacional hacia los Estados Unidos.

Muñoz Ledo reprochó a ese régimen neoliberal,  que se encumbró en el trono de la República a partir del gobierno de Miguel de la Madrid, de la situación social actual del país.

Ese amplio auditorio de esa Junta Local de Conciliación y Arbitraje se quedó chico para esa  lluvia interminable de adjetivos que desde una catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas, María López, alumna suya; Amalia García Medina, secretaria del Trabajo y Fomento al Empleo; Salomón Chertorivski Woldenberg, secretario de Economía; Margarita Darlene Rojas Olvera, la presidenta de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje de la Ciudad de México, hasta el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel ángel Mancera Espinosa, externaron en un homenaje al político mexicano que en 1976 fue uno de los tres que estaban en la agenda del presidente Luis Echeverría para ser presidentes de la República.

Muñoz Ledo, a pesar de su intachable vocación social, hermanado hasta ahora en las ideas de los Flores Magón, no lo fue porque según Echeverría en ese momento del país se requería un personaje ligado a las finanzas, como lo era José López Portillo, el secretario de Hacienda y Crédito Público, que llevaría a la nación a las grandes crisis de 1982 con la fuga de capitales y la frustración por el falso milagro petrolero.

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Fue el viraje de la República, el golpe de timón  que condujo al país al neoliberalismo que ahora Muñoz Ledo, con esa voz recia que lo ha caracterizado como tribuno, dueño de una oratoria impecable, con aquel tono de senador romano que interpeló al presidente Miguel de la Madrid, censura con la misma energía del parlamentario que era dueño del Senado cuando se volvió opositor al régimen del partido que fundó Plutarco Elías Calles en 1929.

No estaba la República presente, pero había voces suficientes para llenar de elogios al perfecto  animal político mexicano que modificó el paisaje de la  aún inacabada democracia mexicano al impulsar la fundación de la llamada “corriente democrática”,  que fundó con Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara. Fue el Porfirio que rompió al PRI en la década de los ochenta  del siglo XX al encabezar una corriente política que propició sacar al país de la modorra de un partido hegemónico al crear el Frente Democrático Nacional en 1988 con la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas.

Dos veces secretario de Estado, del Trabajo y Educación Pública, dirigente nacional del PRI; representante de México en las Naciones Unidas, senador de la República, diputado, embajador, autor de libros, articulista, Muñoz Ledo representa al clásico político mexicano que se le ha dado el título de “hombre de Estado”, debido a su sapiencia, la agudeza de un pensamiento mexicano sobre el rumbo social que debía tomar la nación.

Hace días, la titular de la Junta de Conciliación y Arbitraje escuchó decir que Porfirio lamentaba que su  generación había fracasado porque el neoliberalismo campea y el abismo de la desigualdad es más profundo,  porque la Reforma del Estado quedó maltrecha. Margarita Darlene Rojas Olvera le levantó el ánimo al decirle que su tarea había sido sobresaliente,  “con el político brillante que eres, la patria se salva” y decirle que fue él quien advirtió  la crisis de hoy, del aumento del dólar y baja de los precios del petróleo.

Porfirio se sintió honrado por la presencia de Emilio Chauyfett Chemor, quien se inició en el servicio público en la secretaría del Trabajo cuando él era el titular, y hasta hace unos meses  secretario  Educación Pública en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. El único y visiblemente ausente fue el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, a quien Porfirio impulsó como candidato presidencial en 1988 por el Frente Democrático Nacional.

Porfirio lamentó no haber alcanzado su viejo sueño de una Reforma del Estado Mexicano. “Tuvimos un sueño de fincar en México  un Estado de bienestar, justo, pacífico y productivo, congruente con el programa liberal de 1906 de Ricardo Flores Magón y con postulados fundamentales  de la Constitución de 1917, ahora olvidados y hasta pisoteados.

Porfirio sueña aún con reconstruir las instituciones para devolver su  dignidad y su función creadora  al trabajo  en México,  que los tiempos neoliberales arrasaron prácticamente todas, “ímpiamente clausuradas”, en un símil que hizo Porfirio al del  terremoto de 1985 que derribó los edificios de la Secretaria del Trabajo y Previsión social y de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, que estaban ubicadas a unos metros del Salón “Artículo 123”, un derrumbe simbólico, dijo,  que llevó a la catástrofe a la  política laboral y social emprendida” en México antes del régimen neoliberal.