Tercera Edad en el mundo

La rebelión de los bastones

De El Mostrador, Chile,  27 de diciembre de 2014

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A muchos habrá llamado la atención la “Marcha de los bastones” que protagonizaron los adultos mayores el sábado 13 de diciembre, una asistencia que bordeó las mil personas, exigiendo una rebaja preferencial en las tarifas del transporte público.

Hemos sido mudos testigos también de la lucha que han dado por la eliminación del descuento de salud de sus pensiones y el cobro de impuestos en las mismas.

Hoy, cada vez se ven más jóvenes, se mantienen activos, hacen deporte, estudian y participan silenciosamente de todos los ámbitos de una sociedad que hace esfuerzos por ignorarlos; marcan presencia y se hacen oír.

No deja de llamar la atención que sean adultos mayores los que abren las cartas que los niños le envían al Viejito Pascuero para pedir un regalo, en el marco de la tradicional campaña de Correos de Chile.

Estos particulares ayudantes de Santa Claus realizan un trabajo ad honórem meticuloso, ordenado y con mucho cariño. Además, lo hacen sin la prisa de la mayoría de las personas más jóvenes, quienes podrían hacer esta tarea más rápida, pero, tal vez, sin la misma dedicación.

Según la Encuesta de Calidad de Vida de la Universidad Católica, realizada en 2010, un 53% de los adultos mayores, a pesar de haberse pensionado, desea continuar trabajando, mientras que sólo un 9% desea dejar de trabajar.

Son muchos los adultos mayores que, a pesar de estar en edad de un merecido descanso, optan por seguir trabajando y continuar siendo un aporte para la sociedad. Sin embargo, el problema está en lograr que el mercado laboral genere oportunidades para ellos y en vencer la resistencia a contratarlos por no confiar en su adaptabilidad y/o productividad.

El mercado laboral enfrenta una contradicción: por una parte busca perfiles para puestos que requieren gran especialización, pero por otra, “castiga” a las personas más experimentadas privilegiando la contratación y permanencia de personas más jóvenes, cuyo sueldo no implica una trayectoria. Además, existe una sobrevaloración de la juventud, lo que se suma a que muchas empresas no tienen una cultura organizacional preparada para aprovechar a personas de la tercera edad.

El número de adultos mayores ocupados entre 2010 y 2013 aumentó en un 35%, según datos del INE, lo que demuestra un avance en esta materia. Sin embargo, la presencia de éstos sigue siendo insuficiente considerando la tendencia demográfica de nuestro país. Hacia los años 2025 y 2050, la población adulta mayor del país aumentará a 16% y 23,5%, respectivamente.

Por estos días la Comisión Bravo prepara la reforma previsional, y es clave que en este análisis se tenga presente que el país necesita un mercado más flexible, que se adapte un poco más a las personas mayores de 60 años, y que considere la transición demográfica.

Según la Encuesta de Calidad de Vida de la Universidad Católica, realizada en 2010, un 53% de los adultos mayores, a pesar de haberse pensionado, desea continuar trabajando, mientras que sólo un 9% desea dejar de trabajar.

En este escenario, algunos supermercados, bancos y empresas de retail han incorporado a personas mayores en sus equipos laborales, en trabajos por temporada e incluso en jornada completa para ciertas áreas que requieren de una imagen al cliente que proyecte más experiencia, o en la entrega de servicios o productos en los que es clave la dedicación, buena atención e interés en aportar. Esto ha llevado a incrementar la presencia de la tercera edad en el mercado del trabajo.

En la última década, el porcentaje de personas que siguen trabajando –a pesar de estar en edad de hacer uso de su derecho a pensión– creció en un 65%, pero aún falta bastante camino por recorrer y no podemos seguir pasivos, es hoy cuando debemos comenzar a transitarlo.

La Habana, 29 de diciembre de 2014

Leticia Martínez Hernández | internet@granma.cu

Cuba: Nuevas medidas para la atención a los adultos mayores

 Como paso inicial de una estrategia in­tegral para atender la dinámica demográfica, el Consejo de Ministros aprobó una serie de medidas para mejorar el cuidado que se brinda en las Casas de Abuelos y los Hogares de Ancianos en todo el país

Foto: Efraín Cedeño

Foto: Efraín Cedeño

Es un hecho comprobado: Cuba está entre los países más envejecidos de Latinoamérica. El 18,3 % de su población, aproximadamente 2 millones 41mil 392 personas, suman en el calendario 60 años o más. En tanto, en algunas provincias, las cifras son superiores: Villa Clara, 22,1 %, Sancti Spíritus, 20 % y La Habana, 19,7 %. Tal situación, confirman los expertos, se acrecentará para el 2030, cuando los porcientos lleguen a 30,3, lo que significa 3 millones 304 685 adultos mayores.

Estos números ponen al Gobierno cubano frente a uno de los desafíos demográficos más difíciles, calificado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz como un “asunto serio, que de­be analizarse en detalle, profundizar en sus causas y buscar soluciones porque la atención a los ancianos es una prioridad”.

Ante esta situación, el Consejo de Ministros aprobó una serie de medidas con el fin de mejorar el cuidado que se brinda en las Casas de Abuelos y los Hogares de Ancianos en todo el país, como paso inicial de una estrategia in­tegral para atender la dinámica demográfica.

“En Cuba, alrededor de 130 000 personas padecen de Alzheimer, cifra que irá en aumento”

Las primeras medidas quedan ahora im­plementadas a través de siete resoluciones de los ministerios de Salud Pública, Finanzas y Precios, Trabajo y Seguridad Social, así como el Banco Popular de Ahorro, que se publican esta mañana en la Gaceta Oficial Extraor­di­naria 54.

En entrevista con Granma, el doctor Alber­to Fernández Seco, jefe del Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Salud Men­tal del Ministerio de Salud Pública, informó que en estos momentos se desarrolla en las Ca­sas de Abuelos y los hogares de ancianos un programa para completar el mobiliario, así como otro de reparación y mantenimiento cons­tructivo que permita recuperar y ampliar capacidades, el cual incluye la eliminación de barreras arquitectónicas para que más ancianos puedan acceder.

Para contribuir al aumento y mejoría de las capacidades fue asignado adicionalmente un presupuesto de 66 millones de pesos, comentó.

Estos recursos, dijo, se están destinando pa­ra resolver problemas en la carpintería, las re­des hi­dro­sanitarias, la albañilería e impermeabilizaci­ón, entre otros. Además, respaldan la entrega, por ejemplo, de equipos para cocinar los alimentos, lavar la ropa, calentar o enfriar el agua, así como medios audiovisuales, todo ello sumado a la entrega de muebles, tanto clínicos co­mo para la vida diaria.

Recordó, además, que en este año se abrió de manera experimental una Casa de Abuelos en el municipio habanero de Playa, destinada a los adultos mayores con deterioro cognitivo y demencia. “En Cuba, alrededor de 130 000 personas padecen de Alzheimer, cifra que irá en aumento”. De ahí que estos centros se ex­tien­dan luego a todo el país.

Análisis personalizados, caso a caso, para que ningún anciano quede sin amparo.

“El objetivo es mejorar la atención a nuestros ancianos, al tiempo que contribuimos a que ninguna persona con plena capacidad para trabajar tenga que abandonar su empleo para cuidar a un adulto mayor”.

Por otra parte, informó Fernández Seco, a medida que paulatinamente se optimice el bienestar, las condiciones de vida y la calidad de la atención en estas instituciones disminuirá el subsidio del Estado a través del incremento del pago por el servicio. En tal sentido, la Resolución 548 del Ministerio de Finanzas y Precios establece que en las Casas de Abuelos el pago ascenderá a 180 pesos mensuales y en los Hogares de Ancianos a 400; en tanto los se­minternos en los Hogares pagarán 180 pesos también.

Para ello, y según la Resolución 867 del Mi­nisterio de Salud Pública, “se hace necesario establecer requisitos, facilidades constructivas y estándares asistenciales que certifiquen es­tas instalaciones”. De tal manera, para que se puedan cobrar las nuevas tarifas, los directores provinciales de Salud de cada territorio ava­larán que cumplan los requisitos establecidos.

En el caso de los Hogares de Ancianos de­berán tener un estado constructivo que asegure el confort, habitaciones que cumplan con el índice de no hacinamiento, agua caliente para los baños y cobertura adecuada de muebles. En cuanto a los servicios a ofertar habrá mayor satisfacción con la atención médica integral, de enfermería y psicología, un departamento de rehabilitación, el asesoramiento de un dietista, un local para peluquería o barbería, una lavandería, entre otros servicios.

En tanto, las Casas de Abuelos, además, mantendrán un buen estado constructivo y de mobiliario. Se les garantizarán programas re­creativos, actividades deportivas, servicios de alimentación, así como rehabilitación biológica, psicológica y social.

Aclaró el entrevistado que “los adultos ma­yores que necesiten acudir a estas instituciones y se demuestre en la investigación socioeconómica realizada por los trabajadores so­cia­les la carencia de ingresos o que reciben pensiones mínimas de la Seguridad Social, y no cuenten con familiares en condiciones de prestarles ayuda, el pago total o parcial del servicio lo asumirá la Asistencia Social. Se harán análisis personalizados, caso a caso, para que ningún anciano quede sin amparo. Esto que­da bien precisado en la Resolución 46 del Mi­nis­terio de Trabajo y Seguridad Social”.

Igualmente, acotó, la Asistencial Social en­tregará 60 pesos mensuales a los abuelos sin ingresos que se encuentran en los Hogares de Ancianos, para sus gastos de bolsillo.

Por último, se elimina la entrega de tabacos y cigarros a los residentes en los Hogares de An­cianos por las afectaciones a la salud que produce este hábito en los adultos mayores y por el alto costo que ocasiona para el presu­puesto del Estado.

Fernández Seco consideró que “si bien las medidas ahora aprobadas contribuyen a la disminución de los subsidios estatales para la prestación de los servicios, el comportamiento de la dinámica demográfica exige el incremento sistemático de las capacidades y la calidad de la atención que se brinda en las Casas de Abuelos y los Hogares de Ancianos. De ahí que el presupuesto del Estado que se destina a estos fines continúe incrementándose.

Estas normas jurídicas, que aún no son su­fi­cientes y que conllevarán un seguimiento opor­tuno de las autoridades implicadas en su feliz aplicación, comienzan a desbrozar el ca­mi­­­no hacia una mayor atención de nuestros abuelos, ese tesoro acumulado en canas por una Revolución que puso en el centro de su que­hacer al ser humano. A la prioridad dada por el Gobierno cubano deberá sumarse también la sensibilidad de quienes tienen en sus manos el trato a los ancianos, dígase la sociedad toda, las familias, las instituciones, Cuba entera.