En busca de la píldora para un envejecimiento saludable

  • Destacados gerocientíficos investigan sustancias para desacelerar el envejecimiento y el desarrollo de los males costosos y debilitantes
  • Ya que los procesos fundamentales de envejecimiento tienden a estar ligados, es válido buscar un medicamento común para todas las enfermedades crónicas relacionadas con la edad, afirman

Por Jane E. BRODY / The New York Times

Si le dieran a elegir, la mayoría de la gente optaría por una vida larga y saludable. Pocos se deleitan en la idea de pasar años, incluso décadas, incapacitados por enfermedades, dependiendo de cuidadores e incapaces de gozar de la gente, lugares y actividades que hacen que valga la pena vivir la vida.

En 1980, el Dr. James F. Fries, facultativo de la Universidad de Stanford que estudió enfermedades crónicas y envejecimiento, propuso que una mayor y mejor  comprensión de la  morbilidad y el envejecimiento  permitiría que la mayoría de la gente se mantuviera saludable hasta cierta edad, quizá 85 años, para morir después naturalmente o después de tan sólo una breve enfermedad.

El Dr. James F. Fries, facultativo de la Universidad de Stanford

El Dr. James F. Fries, facultativo de la Universidad de Stanford

Actualmente, un grupo de expertos en envejecimiento concibe una ruta para volver realidad la propuesta de Fries: uno o más fármacos que puedan desacelerar el paso del envejecimiento y el desarrollo de los males costosos, debilitantes y crónicos que típicamente lo acompañan. Si tiene éxito, su enfoque no solo volvería realidad una longevidad saludable para mucha más gente: también podría ahorrar dinero. Dicen que incluso una reducción de 20 % en la velocidad con que envejece la gente podría ahorrar más de 7 billones de dólares a lo largo del siguiente medio siglo, tan solo en Estados Unidos.

“El envejecimiento es por mucho el mejor pronosticador de si la gente desarrollará o no una enfermedad crónica como enfermedad de corazón aterosclerótico, embolia, cáncer, demencia u osteoartritis”, dijo James L. Kirkland, del Centro Robert y Arlene Kogod sobre envejecimiento en la Clínica Mayo. Él y otros “gerocientíficos” investigan sobre envejecimiento a fin de promover un nuevo enfoque hacia el envejecimiento saludable, lo cual podría – o no – ir acompañado de una vida más larga. Ellos planean probar una o más sustancias que han sido estudiadas en animales y que muestran cierta promesa en personas, con la esperanza de encontrar una que nos mantenga a más de nosotros más saludables  durante más tiempo.

El gerontólogo S. Jay Olshansky, en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Illinois en Chicago, dijo que a menudo era contraproducente atender una enfermedad a la vez. La prevención de la muerte cardiaca, por ejemplo, puede dejar a la persona vulnerable al cáncer o la demencia, explicó.

Un mejor enfoque, dijo Kirkland, sería apuntar a los procesos fundamentales del envejecimiento que subyacen a todas las enfermedades crónicas relacionadas con la edad: inflamación crónica de baja intensidad que no se relaciona con infecciones; degradación celular; daño a importantes moléculas como ADN, proteínas y azúcares; así como falla de células madre y otras células progenitoras para funcionar correctamente.

El gerontólogo S. Jay Olshansky, en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Illinois en Chicago

El gerontólogo S. Jay Olshansky, en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Illinois en Chicago

El equipo, que incluye a Nir Barzilai, director del Instituto de investigación sobre envejecimiento en la Facultad Albert Einstein de Medicina y Steven N. Austad, quien encabeza el departamento de biología en la Universidad de Alabama, planea estudiar un prometedor complejo, un fármaco genérico llamado metformina, que ya se emplea en personas con diabetes Tipo 2.

Ellos probarán el fármaco en un estudio controlado con placebos para ver si esto demora el desarrollo o progresión de una diversidad de males relacionados con la edad, incluida enfermedad cardiaca, cáncer y demencia.

Su tarea ahora consiste en reunir los aproximadamente 50 millones de dólares que se necesitan para conducir el estudio. El proyecto representa un radical distanciamiento de los estudios de medicamentos que prueban tratamientos para enfermedades únicas. Sin embargo, el grupo, encabezado por Barzilai, dijo que la Dependencia de Alimentos y Fármacos de EU ha aprobado su idea de probar una sola sustancia en busca de efectividad contra una gama de males.

“Si la metformina no funciona, hay varias sustancias más que se pudieran probar”, destacó Barzilai. “Bajo los auspicios del Instituto Nacional sobre Envejecimiento, tres centros de investigación han probado 16 sustancias en diferentes modelos animales y obtuvieron resultados increíbles con cuatro de ellos”. El té verde, uno de los que fue probado, no confirió beneficio alguno para la salud o longevidad, con todo y su popularidad. Sin embargo, el fármaco rapamicina, modulador inmune empleado después de trasplantes de órganos, fue el más eficaz entre los sometidos a pruebas, notó Barzilai.

El equipo está empezando con metformina porque es un barato fármaco oral – cuesta alrededor de 2 centavos por píldora – con seis décadas de uso seguro en personas a lo largo del mundo.

Entre quienes padecen diabetes Tipo 2 que lo han tomado durante años, existe evidencia indicando que, además de diabetes, protege en contra de enfermedad cardiovascular, cáncer y posiblemente daño cognitivo, dijo Kirkland, agregando que “esto apunta a los procesos fundamentales de envejecimiento, que tienden a estar ligados”.

Metformina

Barzilai dijo: “Nuestro objetivo consiste en establecer el principio de usar un medicamento, o dos en combinación, para extender la duración de la salud. Lo mejor que podemos esperar de la metformina es dos o tres años adicionales de envejecimiento saludable. Sin embargo, la próxima generación de fármacos será mucho más potente”.

Barzilai está llevando a cabo un estudio de centenarios, resultado del cual podrían identificar más fármacos para demorar enfermedades relacionadas con la edad. Él y colegas están aislando genes que al parecer mantienen saludables a estos hombres y mujeres de larga vida durante 20 a 30 años más que otras personas y acortan la duración de la enfermedad al final de la vida.

Varios estudios han arrojado que individuos con longevidad excepcional pasan un menor porcentaje de su vida estando enfermos, escribieron Barzilai y su colega Sofiya Milman, en el libro sobre “Envejecimiento”.

Al analizar la acción de genes que extienden la duración de la salud, “debería ser posible concebir fármacos que imiten los efectos de los genes”, dijo. Ya se están probando dos de esos medicamentos con base genética, los cuales revelan promesa en las primeras etapas contra enfermedades del envejecimiento.

Sin embargo, hasta que se completen estudios definitivos y se demuestre que las sustancias son tanto seguras como efectivas para prolongar la salud, Olshansky advirtió que no se debe recetar a uno mismo de manera prematura con sustancias ampliamente promovidas como el resveratrol o la hormona del crecimiento. De igual forma, hizo énfasis en que tomar un fármaco del que se descubrió que protege de enfermedades relacionadas con la edad no es una licencia para abandonar un estilo de vida saludable. Hacerlo así “podría negar completamente el beneficio de un complejo que desacelera el envejecimiento”, dijo.