Las pérdidas de flora y fauna, aceleran pobreza y desigualdad

  • En la CDMX algunas de esas especies, como el conejo zacatuche, el gorrión serrano y el ajolote se encuentran en peligro de desaparecer
  • El escenario es apocalíptico y aterrador y hay que detenerlo, dijo el director del Instituto de Ecología de la UNAM
  • A escala mundial, el 74 por ciento de los pobres se ve directamente impactado por esa degradación
Cconejo zacatuche

Cconejo zacatuche

De continuar la tendencia actual de pérdida de flora y fauna, no sólo se homogenizará el ambiente, únicamente con la presencia de ciertas especies, sino que se perderán los servicios ambientales que nos proporciona la naturaleza; todo ello nos llevará a ambientes aún más degradados, afirmó Constantino Macías Garcia, director del Instituto de Ecología (IE) de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

 Con la pérdida de servicios ambientales en muchas zonas, entre ellas donde más se necesitan: en los países pobres, aceleran el ciclo perverso de pobreza-deterioro-desigualdad, cuyas consecuencias serían incalculables, abundó el experto en el Día Internacional de la Diversidad Biológica, que se conmemora  este 22 de mayo.

En la Ciudad de México, indica un reporte del gobierno de la CDMX,  cuenta con valiosos ecosistemas así como especies de fauna y flora que enriquecen el acervo natural de la capital. Además, varias instituciones llevan a cabo diferentes programas de conservación para que las presentes y futuras generaciones puedan disfrutar de estos atributos de la Ciudad con responsabilidad.

 Sin embargo, advirtió la secretaría del Medio Ambiente de la CDMX, debido al desarrollo económico que ha experimentado el Valle de México y su Zona Conurbada, algunas de esas especies, como el conejo zacatuche, el gorrión serrano y el ajolote se encuentran en peligro de desaparecer.

Gorrión serrano

Gorrión serrano

 Por su parte, el  director del Instituto de Ecología de la UNAM dijo que las crisis de migrantes-agregó el funcionario universitario- no sólo se relacionan con guerras políticas y religiosas, sino con la pobreza, y serán cada vez más intensas alrededor del mundo en la medida que perdamos a las especies y la capacidad de que el hábitat nos mantenga, pues al perturbarse las funciones ecológicas, muchas naciones no podrán salir de la pobreza y se generará mayor sufrimiento humano.

“El escenario es apocalíptico y debemos pararlo”, insistió el científico universitario mexicano.

 La efeméride, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, este año tiene por tema la “Incorporación de la diversidad biológica. Apoyar a la gente y a sus medios de subsistencia”. Según ese organismo, de la agricultura dependen directamente dos mil 600 millones de personas, pero 52 por ciento de la tierra empleada para ese fin se ha visto moderada o gravemente afectada por la degradación del suelo, lo que impacta a mil 500 millones de personas en el mundo.

 Se calcula que la pérdida de tierra cultivable ha ascendido a entre 30 y 35 veces la tasa histórica: cada año se pierden 12 millones de hectáreas (23 hectáreas por minuto) como consecuencia de la sequía y la desertificación, en las que podrían cultivarse 20 millones de toneladas de cereales. A escala mundial, el 74 por ciento de los pobres se ve directamente impactado por esa degradación.

desertificacion

 Macías García explicó que hay varias maneras de definir la diversidad biológica, una de ellas, mediante la riqueza genética, aunque la más común es a través del número de especies de plantas y animales existentes, que no se pueden cuantificar porque diariamente se descubren nuevas, y tan sólo de insectos estamos lejos de conocer el total.

 Lo que sí se sabe, dijo, es que ha habido cinco grandes periodos de extinción antes del actual, pero en éste la pérdida de especies es sumamente acelerada. La era que vivimos, y a la cual se ha dado en llamar Antropoceno, se caracteriza por la desaparición masiva de animales y plantas, causada por una sola especie: la humana. Así, “antes de conocer a todas las que hay, nos las estamos acabando”.

 Para hacerlo, los humanos hemos sido muy “creativos”. Una manera es la devastación de hábitats. Macías Garcia señaló que hay ejemplares endémicos que evolucionaron en un sitio particular y sólo ahí viven, como los teporingos de los volcanes del centro de México. Si se destruye su ecosistema, se registra la extinción local y definitiva de la especie.

 Otra es mediante la degradación de los ambientes. Cuando, por ejemplo, aún existen los ríos, pero con basura, aguas residuales y contaminación por químicos, se provoca la muerte de los organismos que los habitan.

 Una más, “terriblemente insidiosa porque la hacemos todo el tiempo”, es mover especies de un lado a otro. En nuestros jardines tenemos plantas que ni siquiera sabemos de dónde vienen, o pastos para alimentar ganado que ahora son una plaga y que afectan a los ejemplares nativos, como los mezquites. O en ríos y lagos habitan carpas de China o tilapias de África, que no sólo dañan a nuestros peces, sino que los pueden llevar a la desaparición.

Ajolote

Ajolote

 No hemos tomado conciencia de la importancia de la diversidad biológica para nuestra supervivencia. “Un hábitat, una comunidad biológica a la que le quitamos especies pierde funcionalidad. Por ejemplo, un cuerpo de agua donde habitan peces, invertebrados, anfibios y plantas tiene un balance que le permite permanecer limpio. Si retiramos un elemento, como los anfibios, se llenaría de mosquitos, capaces de transmitir infecciones a otros animales y a los humanos”.

 Además, la biodiversidad es una fuente potencial de conocimientos prácticos que podríamos perder. Los organismos evolucionan para contender con el ambiente. Así, las plantas, para evitar que se las coman los herbívoros, producen sustancias que podrían ser fuente de fármacos, refirió el universitario.

 Según la ONU, de las más de 80 mil especies forestales, menos del uno por ciento ha sido estudiado para su posible uso. “Las soluciones de vida que esos organismos han encontrado nos pueden ser útiles, pero nunca sabremos cuáles son si no los conservamos”, puntualizó.

 Cuando las comunidades biológicas funcionan bien, a los seres humanos les hace bien. Pero aún hay mucho que no se ha caracterizado, por lo que no sabemos de cuántas maneras nos puede afectar maltratar los ambientes y perder la diversidad, afirmó el experto.

 Por último, indicó que el mayor impacto para las especies del planeta lo generamos los habitantes de las ciudades: comemos más carne y para producirla se talan bosques y selvas. Una alta proporción de los plásticos que tiramos se va al mar, donde matan a los mamíferos y peces que los tragan. De hecho, “todas las poblaciones de aves marinas del mundo van a la baja por ese motivo”.

 Es momento no sólo de procesar la basura que generamos, sino de producir menos y consumir de manera sensata, finalizó Constantino Macías García.

Otros factores que ponen en riesgo la diversidad biológica de la Ciudad de México son la pérdida de ecosistemas debido a la explotación desmesurada de sus recursos, los procesos no regulados de urbanización, el tráfico ilegal de especies (animales y vegetales) tanto para consumo como para cautiverio, las prácticas no sustentables de ganadería y agricultura, el cambio climático y la contaminación ambiental generada por automóviles, industrias y por los mismos habitantes y visitantes de la ciudad.

 En la CDMX, política de preservación de especies

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La Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX destacó que los Zoológicos de la Ciudad de México juegan un papel primordial en la preservación de especies endémicas del Valle de México y de otras latitudes. Estos recintos no sólo cumplen una función educativa, lúdica y recreativa en la sociedad, sino que colaboran de manera activa en la preservación de diferentes especies de animales, lo que contribuye al mantenimiento y supervivencia de la diversidad biológica no sólo de una ciudad, sino de todo el planeta.

“En el Zoológico de Chapultepec, de Aragón y el Zoológico Los Coyotes, se han preocupado por mantener, mejorar y establecer nuevos programas de conservación de vida silvestre. Algunos de ellos, como el Programa de Reproducción y Conservación del Cóndor Californiano, incluso cuentan con el apoyo técnico y científico de organismos y entidades internacionales”.

 Estos programas de conservación están enfocados en desarrollar métodos eficaces para la reproducción, crianza y conservación de especies en peligro de extinción, y en los casos que se consideren pertinentes, previa valoración realizada por especialistas en la materia, los programas también contemplan la liberación y reinserción  de las crías en sus hábitats naturales, asegura esa dependencia de la CDMX.

 Recordó esa dependencia que “uno de los primeros esfuerzos de la actual administración en materia de conservación de biodiversidad y vida silvestre en la Ciudad de México se dio en 2012, cuando se inició un programa interinstitucional para instalar la primera colonia en cautiverio a nivel mundial del gorrión serrano y reforzar los esfuerzos de conservación en el sitio de distribución natural de esta especie endémica en grave peligro de extinción”.

 Otro esfuerzo importante para la conservación de la biodiversidad es el Programa Binacional de Reproducción y Conservación del Cóndor Californiano, aseguró la secretaría del Medio Ambiente de la CDMX.

 Otro caso es el del lobo mexicano, considerado como la subespecie de lobo gris en mayor riesgo en el mundo: se encuentra clasificado en peligro de extinción desde 1973. El Proyecto Biológico de Recuperación del Lobo Mexicano fue creado en 1987 y tres parejas se transfirieron de Estados Unidos a México. Desde la recepción de esas primeras parejas en el Zoológico de San Juan de Aragón, en el de Chapultepec y en el Zoológico Los Coyotes, se ha registrado el nacimiento de un total de 150 crías.

 El conejo de los volcanes, zacatuche o teporingo es otro animal exclusivo de nuestro país que se encuentra en grave peligro de extinción debido al desarrollo de actividades humanas no sustentables como el cambio de uso de suelo, las prácticas agrícolas y ganaderas en la región, la tala ilegal y la cacería.

 El Zoológico de Chapultepec inició los esfuerzos de recuperación y conservación de esta especie en 1984, con el establecimiento de una colonia para su manejo y reproducción en cautiverio. En 2003, se estableció una segunda colonia en cautiverio en Los Coyotes y en 2014 en el Zoológico de San Juan de Aragón. Aunque se han realizado esfuerzos en otros países como el Reino Unido, Bélgica y Japón para reproducir y aumentar la cantidad de ejemplares, las únicas colonias en cautiverio viables a largo plazo son las establecidas en el Zoológico de Chapultepec y en el de Los Coyotes.

Otras dos especies emblemáticas de la conservación silvestre a nivel mundial también son protegidas en los zoológicos de la Ciudad de México: el ajolote de Xochimilco y el panda gigante.

 El panda gigante, una de las especies de fauna silvestre más carismáticas que existen en nuestro planeta, es también una de las más amenazadas. El Programa de Reproducción en Cautiverio del Panda Gigante en el Zoológico de Chapultepec se inició en 1975, fecha en la que nuestro país recibió una pareja de ejemplares de esta especie como símbolo de amistad y buena voluntad por parte del gobierno de la República Popular China.

 Los Zoológicos de Chapultepec, San Juan de Aragón y Los Coyotes, constituyen importantes centros para promover una cultura para el cuidado y protección ecológica, buscando así mejorar las relaciones sostenibles entre los seres humanos y la naturaleza, subrayó en un comunicado la Secretaría del Medio Ambiente capitalina.

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