Así era Emma

  • A 27 años de su fallecimiento se sigue rindiendo culto a una impulsora de la defensa de las Personas Adultas Mayores
  • Fundó el Instituto Nacional de la Senectud, antecedente del INAPAM
  • Fumadora empedernida, católica, antifeminista, protectora de ancianos, de presidiarios, animales y almas del purgatorio, platónica, desadaptada, emigrante del paleolítico, solterona feliz… 
Foto: T E

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Fue dibujada de cuerpo entero: Filántropa, escritora, filósofa, poeta, comunicadora,  mujer de la radio,  maestra, fundadora junto con Lidia Camarena del Instituto Nacional de la Senectud, el antecedente del actual Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores  (INAPAM), promotora cultural, amiga, psicóloga, historiadora, pedagoga, benefactora, artista, fumadora empedernida, católica, antifeminista (no antifemenina), protectora de ancianos, de presidiarios, animales y almas de purgatorio, platónica, desadaptada, emigrante del paleolítico, solterona feliz…multifacética Emma.

A 27 años de su fallecimiento por un cáncer de pulmón que le produjo su adicción al cigarro, la maestra Emma Godoy fue recordada en el Museo de la Ciudad de México, en el Centro Histórico de la capital mexicana. Emma, una mocha empedernida, oscurantista y medieval, “a mucha honra”, decía,  nació en Guanajuato en 1918, ahora tendría 98 años.

emma godoy

Emma, antes de morir y hacer su testamento decidió venderle a los inquilinos del edificio que poseía en Viaducto, una zona de la Ciudad de México, sus departamentos a precios módicos, decidió por consejo de Lidia Camarena, una ex diputada del PRI y militante irredenta de ese partido, que las regalías de sus numerosos libros se dedicaran a reproducir eternamente sus obras de literatura, filosofía, reflexiones y cuentos.

Emma es de las pocas autoras que en México es leída en un país con escasez de lectores y lectora. En el homenaje donde fue recordada por los 27 años de su fallecimiento se dieron lecturas a parte de sus obras filosóficas. Lidia Camarena recordó dos de sus cuentos. El de una trabajadora doméstica que terminó siendo la patrona de su empleadora y de una conductora que ser quedó atrapada al infinito en los ejes viales por el enorme número de ejes viales cuando uno de los alcaldes de la capital mexicana decidió en el siglo pasado construir los llamados ejes viales y estimular la compra de automóviles.

A Emma, quien tenía sus ahorros en Houston, viajó a esa ciudad texana a ver un médico. Le diagnosticaron cáncer de pulmón. Héctor Martínez Serrano, un popular locutor de la radio mexicana, la recuerda siempre con un cigarro tras otro. Salvarla fue imposible porque las 50 quimioterapias no las resistiría. A la primera de las quemaduras de la primera quimioterapia, no la aguantó y le habló a Lidia para decirle que se iba a  morir en tres meses, a pesar de que su médico le había predicho que viviría seis meses.

El día de su fallecimiento, Lidia, quien le llamaba todos los días, tomó el teléfono y trató de comunicarse con ella. No lo logró al primer intento hasta que Ema le contestó para decirle que el arzobispo le estaba dando los santos óleos y colgó. Meid hora después, volvió a llamar Lidia y le contestó una trabajadora doméstica, quien le dijo que la “señora Ema” había fallecido.

Foto: T E

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“Así era Emma”, dijo quien fuera diputada del PRI en el acto efectuado en ese antiguo Museo de la Ciudad de México ante unas dos centenas de admiradoras y admiradores de la profesora que repugnaba los puestos públicos y en su casa colocó un letrero que decía que no recibía perro ni gastos porque no tenía tiempo de atenderlos.

“Así era Emma”, dijo Lidia Camarena, quien cuando el presidente Vicente Fox le ofreció una chamba en su gobierno, Lidia le rechazó la oferta por ser completamente priista, pero le pidió que los restos de Emma fueran trasladados a la Rotonda de las antes “Hombres Ilustres” ahora “Rotonda en el Panteón de Dolores, al poniente de la Ciudad de México. A reposar junto con el ateo de David Alfaro Siqueiros, el comecuras Ignacio Altamirano, la poeta Rosario Castellanos, la primera  actriz Virginia Fábregas, el compositor Agustín Lara, el cardiólogo Ignacio Chávez, la jurista María Lavalle Urbina,  el socialista Vicente Lombardo Toledano, el periodista Francisco Martínez de la Vega,  Heberto Castillo, el músico José Pablo Moncayo, el autor de Huapango, el segundo himno nacional mexicano, el poeta Ramón López Velarde.

Camarena recordó que con el presidente José López Portillo, del sexenio 1976-1982, cuando se fundó el Instituto Nacional de la Senectud. Le reconoció a ese presidente esa gestión de iniciar la política de protección a las personas ancianas en el país.

“Así era Emma”, decía Lidia Camarena.

En el acto conducido por la arquitecta Rina García Lazo,  hablaron  Janet Arceo, conductora de radio y televisión; las maestras María del Pilar Galindo y López Portillo,  María de los Ángeles Juárez Téllez, Eva Reyes y la política mexicana Lidia Camarena, sobre una mexicana que construyó  las bases para una cultura sobre el envejecimiento en el país, fundadora en 1977 de la Asociación Civil “Dignificación de la Vejez” (Dive, A. C.) bajo el lema: “La ancianidad debe ser maestra, consejera y guía”.

Foto: T E

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“Así era Emma”, cuyos restos desde 2006 se encuentran en la Rotonda de ahora “Las Personas Ilustres”. Emma Godoy falleció el 20 de julio de 1989 en la Ciudad de México.

Godoy, “veló por la existencia de una ley que tuviera como columna vertebral el derecho de las personas de la tercera edad”, recordó, a 27 años de la partida de Emma,  Ricardo Breña Puyol, quien lamentó que a pesar de la creación de la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores en 2002, las personas adultas mayores siguen siendo poco valoradas.

Era Emma la del   ”Érase un hombre pentafásico”, obra inspirada por el mural “El Hombre en Llamas” de José Clemente Orozco, con la cual en 1961 obtuvo el Premio Nobel Iberoamericano, de la Fundación William Faulkner de la Universidad de Virginia, Estados Unidos, uno de los tantos que recibió la egresada de la Escuela Normal de Maestros y de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Cuando el doctor le dijo que le quedaban pocos meses de vida. Emma, en lugar de descansar, comenzó a arreglar su testamento e incluso contrató por sí misma el servicio funerario. “Esa era Emma, una mujer fuerte e imparable hasta el final”, dijo Lidia Camarena.

Pensaba que cada individuo debía prepararse para afrontar la ancianidad y  así continuar siendo una persona dinámica y productiva. A lo largo de su lucha por una vejez activa, recalcó que la vejez, lejos de ser un estado de decadencia, es una etapa en la que si el espíritu continúa vivo, la ancianidad se transforma en una promesa no en una amenaza, dijo Lidia Camarena.

“Así era Emma”.