La CNTE y Los Pinos (I)

Excélsior

Pascal BELTRÁN DEL RÍO  25/02/2015

Pascal Beltran del rio

Quizá porque volvió a la Presidencia cargando sobre los hombros —como uno de sus estigmas— el tema de la represión, el gobierno federal surgido del PRI ha sido excesivamente cuidadoso en su trato con las organizaciones sociales.

No me refiero, por supuesto, a aquellas que forman parte de su músculo electoral, sino a las que han hecho de la rebeldía contra el poder un modo de vida y fuente de cuantiosas sumas de dinero.

Entre éstas últimas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) es la non plus ultra.

De organización de lucha contra el caciquismo sindical en la época de Carlos Jonguitud Barrios y las malas condiciones de vida de los maestros en el sur del país, la Coordinadora se convirtió en un grupo de presión que negocia canonjías para su gremio, en detrimento de la enseñanza.

La CNTE surgió en diciembre de 1979, como resultado del I Foro de Trabajadores de la Educación y Organizaciones Democráticas del SNTE.

Dicho foro fue convocado por los Consejos Centrales de Lucha (CCL) de Chiapas, Morelos, Tabasco y La Laguna para apoyar la movilización de los maestros chiapanecos contra el retraso de pagos, la venta de plazas por parte de dirigentes sindicales y el alto costo de la vida en ese estado, derivado de la explotación de los yacimientos de hidrocarburos en la zona limítrofe de Tabasco y Chiapas.

En pocos meses, la inconformidad magisterial se extendió a otros estados. Y se iniciaron movilizaciones nacionales contra el SNTE, que dirigía Jonguitud Barrios, y contra la SEP.

Con motivo de la manifestación del Día del Trabajo de 1980, el magisterio oaxaqueño tomó las calles y pronto desconoció a la dirigencia de la Sección 22 del SNTE, que entonces encabezaba Fernando Maldonado Robles, quien era, a la vez, secretario general del PRI estatal.

Durante los meses de mayo y junio de 1980, los profesores de Oaxaca inventaron un nuevo método de lucha: el plantón. Durante semanas, 20 mil maestros se instalaron frente a las oficinas centrales de la SEP en la Ciudad de México.

Se había creado una fuerza disidente formidable en el interior del SNTE, que llegaría a controlar varias secciones sindicales y a aglutinar a una sexta parte de los profesores agremiados.

La respuesta de los intereses representados por Vanguardia Revolucionaria, la corriente jonguitudista que dominaba el SNTE, fue violenta. Se dio una cadena de asesinatos de maestros disidentes, comenzando con el del profesor hidalguense Misael Núñez Acosta, quien realizaba trabajo político en la Sección 36 (Valle de México), que en aquel año de 1981 era controlada por la diputada federal Elba Esther Gordillo.

Con la llegada a la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari se derrumbó Vanguardia. Menos de cinco meses después de la toma de posesión, Jonguitud y su alfil Refugio Araujo del Ángel fueron apartados del mando del sindicato por instrucción presidencial. Y comenzó así, con un dedazo, la era Gordillo.

En esos mismos días, la CNTE realizaba una asamblea y analizaba los efectos de su “paro indefinido de labores”, iniciado una semana antes, en demanda de un aumento salarial de 100% y la democratización del sindicato.

Su entonces dirigente, Teodoro Palomino, celebró la caída de Jonguitud como resultado de la presión de los “maestros democráticos” (así se les conocía entonces) y no de la decisión de Salinas.

Lo cierto es que con la era Gordillo vino también la transformación de la CNTE en un órgano de presión para la obtención de prestaciones. Si bien mantuvo su demanda de democratizar al sindicato, su principal actividad era torcer el brazo a las autoridades mediante acciones callejeras ensayadas y perfeccionadas con el tiempo.

La descentralización de la educación, en 1992, favoreció esa estrategia. Si bien la CNTE no tenía una fuerza nacional, sí logró tener peso en estados como Chiapas, Michoacán, Guerrero y Oaxaca.

En éste último, incluso, se convirtió en el grupo hegemónico, al punto de que Gordillo, en un intento de restarle fuerza, creó una sección rival.

A la CNTE le fue más fácil negociar con los gobernadores de esos estados que con el gobierno federal. Al de Oaxaca logró sacarle concesiones extraordinarias —durante el periodo del gobernador Heladio Ramírez—, como el control del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca.

De esa manera, los maestros oaxaqueños lograron imponer no sólo aumentos salariales y prestaciones que pocos trabajadores tienen fuera de ese sector —como 90 días de aguinaldo— sino determinar cuántas plazas de profesor existen.

La alternancia en la Presidencia de la República sólo logró fortalecerlos, pues la descoordinación entre las autoridades en Los Pinos y los gobiernos estatales fue un río revuelto del que la CNTE pudo obtener una abundante pesca.

Hoy los profesores de esa corriente están en lucha contra la Reforma Educativa, que —al menos en teoría— acaba con un estado de cosas que les permitía obtener beneficios cada año y aumentar su poder.

Como veremos mañana, el gobierno federal pudo concretar la Reforma Educativa en el Congreso, pero —sin duda por el estigma que carga el PRI desde hace años— no ha sabido contrarrestar los actos de violencia y delitos como el pillaje que la CNTE ha puesto en práctica para evitar que le arrebaten sus privilegios.