Pensiones, vejez y ocaso de la política social

  • Somos 122 millones de mexicanos
  • 13.5 millones tienen 60 años y más
  • Sólo el 22 por ciento de adultos mayores cuenta con jubilación o pensión
  • Es indigno tener un salario mínimo de 80 pesos y jubilaciones de 4 mil pesos
  • Es deprimente observar cómo después de los 60 años las personas se convierten en rehenes de una economía salvaje (neoliberal) que las trata como parias

 

José Carlos García Ramírez*.-Cabalgan con holgura los jinetes del neoliberalismo a nivel mundial arrancando sueños de bienestar a los pueblos e imponiendo pesadillas financieras.

Hace 20 años, en julio de 1997, bajo la anuencia del entonces presidente mexicano Ernesto Zedillo, se puso en marcha un nuevo sistema de pensiones denominado fondo de ahorro para el retiro (afores), basado en que todos los trabajadores tuvieran una cuenta individual de ahorro para el retiro. Ese esquema sustituyó a las pensiones de reparto erogado por el gobierno federal. De ese mecanismo financiero de extracción de dinero (cuota por manejo de ahorros) se derivó el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR).

Existen al menos tres posturas disimiles en las formas de entender las afores: algunos sostienen que el manejo de las cuentas individuales son un negocio para los banqueros, las bolsas de cambio y para políticos enfocados en desmantelar la seguridad económica de trabajadores y jubilados, pues las ganancias que reditúan el manejo de las cuentas (48% por cada una de ellas) se van a las arcas de la bancocracia o administradoras bancarias (http://www.fusda.org/ Revista17%20y18/LAS% 20REFORMAS%20A%20LOS% 20SEGUROS.pdf).

Para otros, representa la modernización del sistema financiero mexicano pues se trata de una oportunidad que sirve para “fondear” o ayudar a la economía nacional, quitando responsabilidades sociales al Estado y hacer que el propio trabajador se haga responsable de sus ahorros para enfrentar su vejez (http://eleconomista.com.mx/ taxonomy/term/5784).

Y otros creen que las afores solamente deben ser considerados un mecanismo complementario a la seguridad económica, es decir, un individuo puede ahorrar y optar por elegir una cuenta privada, pero no debe ser la única opción de entrada de ingreso pues los ahorros del trabajador para el retiro pueden hacerse en cuentas colectivas e incluso en las instituciones de gobierno (obviamente pensando en la asertividad, honradez y transparencia del manejo del dinero) para que las ganancias vayan directamente al monto real que percibiría el trabajador retirado (http://eleconomista.com.mx/ finanzas-publicas/2017/04/26/ reforma-pensiones-compleja- necesaria-amafore).

Lamentablemente, los planificadores neoliberales del SAR, omitieron en sus estudios la variable del aumento de la esperanza de vida y, en consecuencia, del envejecimiento poblacional. Somos 122 millones de mexicanos. 13.5 millones tienen 60 años y más. Sólo el 22% de adultos mayores cuenta con jubilación o pensión. El bono demográfico de la población económicamente activa representa el 65% de la población total. Y el 80% de ese porcentaje último está inscrito en alguna afore.

Con los vaivenes demográficos van emergiendo otros problemas ligados a la vejez: reducción de cobertura en el sistema jubilatorio y pensionario, aumento de enfermedades crónico degenerativas y, por ende, mayor fragilidad y dependencia (http://garn-network.org/ documents/ LIBROBLANCOSOBREFRAGILIDADfina lversion.pdf); incremento de trastornos mentales como son depresiones y el “síndrome del corazón roto”; aumento de hogares con ancianos solos y hogares donde los cuidados primarios los absorbe la familia; debilitamiento de la estructura familiar ampliada (hogares donde la figura del abuelo es excluida); insuficiencia de los servicios públicos de atención a la población longeva; inseguridad social y riesgos de salud provocados por el medio ambiente o entornos no propicios; no reconocimiento y menosprecio social, económico y cultural; crisis patrimonial o de bienes construidos por generaciones de adultos mayores.

Si en los próximos años las tendencias continúan en esa dinámica, el umbral será catastrófico (en términos sociales y financieros) y la población joven-adulta actual será a quien le estalle la bomba si no se reforma el SAR y si no se construye una política nacional gerontológica o del envejecimiento sustentable.

Ante una injusta política salarial en México (80 pesos 4 centavos -2017-) y frente a la inequitativa distribución de las pensiones (pensando en los Magistrados de la Suprema Corte de Justicia, ejecutivos de Petróleos Mexicanos y expresidentes del país, en comparación con los 4500 pesos que gana la base gruesa de jubilados del IMSS y del ISSSTE mensualmente), están brotando otros predicamentos que vulneran las expectativas del envejecimiento nacional:

El International Monetary Found (FMI por sus siglas en español), organismo financiero mundial recomienda que los Estados nacionales dejen de atender la seguridad social y se olviden de responsabilizarse por la vejez de sus ciudadanos. Ese organismo cree que la longevidad es un costo o carga financiera. Por eso debe haber recortes a las jubilaciones o imponerse impuestos a ellas (http://www.imf.org/external/ pubs/ft/fandd/2017/03/lee.htm).

De acuerdo a la Ley del Impuesto Sobre la Renta (artículo 93, fracción IV), sólo pagarán impuesto los pensionados que reciban este beneficio por arriba de 15 salarios mínimos y sólo en la parte que exceda dicha cantidad (http://pensionjusta.com/ pensiones-issste/pensionados- pagan-impuestos-por-su- pension/). El objetivo a mediano plazo es que toda jubilación o pensión (aunque sea mínima) se le aplique un impuesto diferido.

Recientemente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), propuso ante la Cámara de Diputados que los trabajadores que ahorran para su vejez, puedan elegir, al momento de jubilarse, sus ahorros o bien, una vivienda (http://eleconomista.com.mx/ finanzas-publicas/2017/04/26/ reforma-pensiones-compleja- necesaria-amafore).

También la SHCP trae en manos la propuesta de la “Hipoteca inversa”, la cual consiste en que el propietario adulto mayor reciba una pensión vitalicia a cambio de entregar las escrituras del bien inmueble que será enajenado por la institución bancaria elegida una vez de que fallezca. Si los hijos o nietos deciden rescatar el inmueble, entonces tendrán que pagar el adeudo más los intereses acumulados (http://www.jornada.unam.mx/ 2017/05/20/opinion/020a2pol).

Ante esos predicamentos, hace falta una conciencia crítica que interprete esos problemas y proponga líneas de acción contundentes. Por ejemplo, el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), los institutos de investigaciones en materia de envejecimiento, las organizaciones sociales de personas de edad y la sociedad civil en general, tienen que afrontar los problemas presentes que afectarán el futuro inmediato.

Es inmerecido para el pueblo mexicano no contar con una política laboral estable que asegure la productividad de los jóvenes; es indigno tener un salario mínimo de 80 pesos y jubilaciones de 4 mil pesos; es deprimente observar cómo después de los 60 años las personas se convierten en rehenes de una economía salvaje (neoliberal) que las trata como parias; es inadmisible que la voracidad de los banqueros arrebaten dinero (activos) y especulen con el dinero ahorrado por los trabajadores al momento de pensionarse; es inverosímil que los gobiernos en turnos sean irresponsables en proponer impuestos a las pensiones del pueblo trabajador y, peor aún, seducirlos para despojarlos de sus bienes a través del mecanismo de la hipoteca inversa; es un suicidio colectivo permitir la imposición de una sociedad sin derechos.

Sería una traición a la vida dejar de perder los derechos a la salud, a una jubilación digna, a un empleo bien remunerado, a una vivienda decorosa como patrimonio familiar inalienable, a un espacio óptimo para vivir en acompañamiento solidario o en ciudades amigables (http://www.elvigia.net/ columnas/mirada-mujer/2017/5/ 3/adultos-mayores-migracion- ciudades-amigables-270733.html ), a dejar que la violencia y la inseguridad rompan los pocos hilos que sostienen las redes de la convivencia intergeneracional. Un pueblo maltratado puede perder la confianza en muchas cosas, pero nunca debe perder la confianza en sí mismo.

*Doctor en Humanidades y con estudios de posdoctorado en política pública. Investigador en el área de ciencias del envejecimiento. Autor de libros y artículos dedicados a la temática de adultos mayores, política pública y justicia restaurativa. Pertenece a redes de investigación de Alemania, Estados Unidos y al Sistema Nacional de Investigadores (Conacyt).