Edadismo, un mal actual

Envejecer es parte de la vida y a medida que la longevidad humana aumenta, crecen también las demandas sociales y humanas que esta proporción cada vez más importante de mayores de 65 años le plantea a las sociedades.

Laila TOMAS

El envejecimiento de la población es una de las tendencias más significativas en el siglo XXI. Si en la actualidad una de cada nueve personas tiene 60 o más años, en 2050 la proporción será de una de cada cinco.

En su libro, “La vejez”, Simone de Beauvoir, escribe: “No sabemos quiénes somos si ignoramos lo que seremos: reconozcámonos en ese viejo, en esa vieja. Así tiene que ser si queremos asumir en su totalidad la condición humana”.

Esta frase esconde una referencia a cómo luchar contra el prejuicio hacia los viejos, si pudiéramos reconocernos como protagonistas envejecientes desde el mismo momento en que nacemos. Nos cuesta vivir pensando que alguna vez vamos a envejecer. Inconscientemente evitamos pensar que el fenómeno del envejecimiento es universal.

La lucha contra los prejuicios implica en primer lugar reconocerlos, mientras se los naturaliza y no se los discute persisten, y en muchos casos se piensa que el trato condescendiente no es discriminatorio cuando en realidad es una forma de disimular el prejuicio -es lo que ha sucedido con el sexismo o el racismo- donde a los diferentes se los trata como niños infradotados.

En el caso de los adultos mayores –y de otros segregados- muchas veces dejan pasar malos tratos o actitudes discriminatorias debido a diversos motivos, la dependencia, o la evitación de conflictos, son algunos de ellos. Pero, como cambiarían las cosas si ellos mismos tomaran conciencia de que son discriminados y no aceptaran maltrato o menoscabo de su persona por el simple hecho de tener años.

Párrafo aparte merece la publicidad, que contribuye a la generación y mantenimiento de prejuicios, eligiendo sistemáticamente como modelos de campañas a personas jóvenes, y con ciertos parámetros estéticos tanto mujeres como hombres, haciendo invisible a una gran proporción de la población.

Existen datos de estadísticas que plantean que hoy, la discriminación por edad está tanto o más arraigada que el machismo o el racismo.

Ahora bien, los prejuicios existentes, ¿Están acordes al modelo de adultos mayores actuales?. Podemos decir que tanto social como históricamente, fuimos transmitiendo como comunidad las experiencias acumuladas de generación en generación, y así obligatoriamente se cristalizan creencias y estereotipos.

Somos presos de nuestros estereotipos sociales, tanto los que promueven como los que degradan. Tal como decir que todos los viejos son sabios, o todos los jóvenes son tontos. Afirmar esto es continuar brechas generacionales.

Hoy, aún a pesar de los cambios en la realidad actual de los adultos mayores, no conseguimos flexibilizar prejuicios. El grupo de “los viejos”, actualmente ha sufrido un importante cambio cualitativo en sus condiciones físicas, económicas y sociales, y muchas de las percepciones que se posee en relación a la vejez, no asimilan las modificaciones integrales acontecidas.

Son más activos, están presentes en proyectos sociales, se interesan sobre el buen envejecer, pueden decir un poco más que “no”, hacen amigos en la vejez, frecuentan espacios educativos, recreativos, culturales, mucho más que en décadas anteriores.

Tienen tatuajes, se hacen pearcings, van de paseo por el mundo. Se jubilan y arrancan de cero con proyectos osados.

Se divorcian, se casan, tienen una pareja. Gozan de una vida sexual activa.

Se reciben estudiando de grandes.

Y nosotros, aún los vemos encorvados, en una silla, viendo televisión, solos y esperando morir.

Hay algo que nos estamos perdiendo… ¿no seremos nosotros quienes “envejecemos intelectualmente” al no flexibilizar esquemas?

Nota del autor: Edadismo o edaísmo son los términos que se utilizan para hacer referencia a la discriminación hacia las personas de edad.

Laila Tomas es psicóloga, experta en temas de adultez, Mediana y Tercera Edad.