Jorge del Río: una vida dedicada al Teatro

 

  • Ha escrito, producido, dirigido y promovido numerosas obras de corte histórico
  • Con más de 30 años de actividad artística, fundó en 2005 el Taller de Teatro para Adultos Mayores de la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles en Coyoacán
  • Un espacio de convivencia creativa que muestra la fuerza, entusiasmo y energía de sus alumnos, su capacidad de compromiso y disposición para trabajar en equipo

 

Jorge del Río, dramaturgo y director de teatro. Foto: T E

 

 

 

Maysa MOYA PAYÁN.- Se cae el cielo a pedazos.

El Salón Morelos está repleto, los mojados asistentes reacomodan sus mejores galas, guardan toda clase de paraguas, gabardinas, impermeables: ni los potentes truenos con el lujo luminoso de sus rayos instantáneos, ni la abundante y pertinaz lluvia del clásico aguacero veraniego impidieron su llegada a la Casa de Cultura Jesús Reyes Heroles en Coyoacán; han venido con mucha anticipación para alcanzar lugares y disfrutar otra obra de Jorge del Río, actor, dramaturgo y maestro de Teatro.

 

Tercera llamada y la representación inicia: sobre la alfombra mágica del argumento escrito y dirigido por Jorge del Río, actores y público son transportados a otro lugar, a otro tiempo… durante poco más de una hora se escuchan brillantes diálogos, actores que van y vienen, que causan en el público exclamaciones de asombro y emociones diversas, risas y carcajadas y uno que otro nudo en la garganta, bordeando peligrosamente las lágrimas… una catarsis colectiva que culmina en verdaderos chaparrones, esta vez de aplausos fuertes y “bravos” muy sentidos.

 

Los actores reciben la ruidosa andanada de pie, rodeando a su maestro; impresionan su disciplina, profesionalismo y entrega; casi todos ellos son adultos mayores que exhiben con enorme alegría la satisfacción del reto cumplido y superado. La calidad de sus interpretaciones, sus expresiones y capacidades propician la curiosidad, el interés del Diario de la Tercera Edad que en la siguiente entrevista se propone conocer la trayectoria y el trabajo teatral del Maestro Jorge del Río, quien, con sencillez, cálidamente, contesta nuestras preguntas.

 

Maysa Moya, directora de T E, el Diario de la Tercera Edad, entrevista al dramaturgo y director de teatro Jorge del Río. Foto: T E

 

Diario T E: ¿Por qué un Taller de Teatro para Adultos Mayores?

 

Jorge del Río: Déjame presumirte que ya voy a cumplir 33 años en esta maravillosa Casa de Cultura Reyes Heroles; y bueno, al principio yo daba un solo curso de teatro para jóvenes, posteriormente hice otro taller de teatro para montaje de obras, que ahí fue donde comencé yo mi compañía teatral Viejo Coliseo, y a partir del 2005 para acá, que vienen siendo 14 años, abrí mi esperado Taller de Teatro para Adultos Mayores, porque los adultos mayores me parecen personas muy interesantes, enriquecidas en y por la vida y, por su misma experiencia, yo tenía muchos deseos de crear  este Taller, ya llevo 14 años impartiéndolo, y me ha dado muchas satisfacciones, quizá las mayores.

 

Diario T E: ¿Con base en toda esta experiencia docente qué diferencias encuentra entre los alumnos jóvenes y los alumnos adultos mayores?

 

Jorge del Río: El joven viene con muchas ilusiones, con demasiada energía, pero por su misma juventud muchas veces no tiene la suficiente disciplina, la perseverancia. El adulto mayor llega rico en experiencia, y por lo mismo es más generoso. En lo personal me gusta mucho trabajar con jóvenes pero me encanta trabajar con adultos mayores porque sus vivencias reales les permiten asumir a cualquier personaje con más facilidad; decía Stanislavsky, un teórico de teatro ruso, que todos tenemos un archivo personal de vivencias, y muchas veces ese archivo es el que nos va a ayudar a construir diferentes personajes.

También he descubierto que el adulto mayor (que hay sus excepciones), asume mucho más fácilmente las responsabilidades de aprendizaje, puntualidad y tantas otras que exige el trabajo teatral.

 

Diario T E: ¿Cuándo siente que nace en usted esta vocación por el teatro?

 

Desde muy pequeño; recuerdo que mis primeros juegos tenían que ver con el teatro, a mi me tocó el famoso Teatro Fantástico de Enrique Alonso, Cachirulo, lo veía el domingo y al día siguiente -según yo- montaba el cuento que había visto el día anterior; mi mamá me prestaba cortinas, toallas, lo que fuera para hacer mis capas;  luego yo compraba cartoncillo, pegamento, diamantina y yo mismo hacía mis coronas.Era el juego que más me gustaba de niño, y curiosamente comenzó por la televisión.

Reflexionando tu pregunta, aunque mi gusto por el teatro comenzó por la TV, esos cuentos eran más bien teleteatro; por cierto que los miércoles no me perdía tampoco los teleteatros para adultos, con Lorenzo de Rodas, con María Idalia, con Carmen Molina, que eran sensacionales; ya sentía esa fascinación, ese misterio que no compartía con mis hermanos, ellos preferían salir o jugar.

 

Posteriormente mi mamá me llevó mucho al teatro, a todo tipo de teatro, drama y teatro de revista. El teatro de revista me fue muy útil, porque conocí una cantidad impresionante de artistas. Mi tía Angelina, la hermana mayor de mi mamá, que le llevaba 23 años, era soprano e incluso llegó a cantar con el doctor Ortiz Tirado, y estudió con el maestro, famosísimo, José Riestra, maestro también de José Mojica, Pedro Vargas; medio mundo estudió con ese maestro.

Ella percibió que a a pesar de ser yo un niño, ya era muy artista por lo que me adoraba, fui su sobrino consentido; aparte del festejo que por mi cumpleaños me hacían en casa, ella me festejaba otra vez, me mandaba el pastelote, las serpentinas, los globos, me encantaba estas celebraciones.

 

Mi madre no se veía a sí misma como una artista, pero en realidad lo era, pues ¿qué es un artista? Alguien que vive y ama el arte: ella cantaba, bailaba… toda mi infancia me la pasé en conciertos, en ballets, en la ópera, en el teatro de revista, de comedia o musical. En mi casa ella escuchaba música todo el día… era una artista, pero no quería ser conocida.

 

Foto: T E

 

Lo que sobra en este país es talento, lo que falta son oportunidades

 

Cuando -en serio- yo quise ser artista, a los 21 años, ella tenía muchas reservas y también mi papá; y yo ahora los comprendo: tenían mucho miedo del medio artístico porque son pocas las personas que sobresalen, y no porque no haya talento, porque si algo sobra en este país es talento, lo que falta son oportunidades.

Les preocupaba mucho mi porvenir económico, y esto continúa a pesar del tiempo, siguen siendo muy bajos los salarios de los artistas en general, y esto es una pena porque el arte es muy importante en una sociedad: cuestiona situaciones, sentimientos y conductas que propician la reflexión y los cambios…

 

Diario T E: Coincidimos totalmente: el arte es también un alimento necesario, de primerísima necesidad para la sociedad y la participación de las personas adultas mayores en esta actividad es muy importante como ejercicio didáctico y catártico. ¿Cuáles son, desde su punto de vista, los beneficios que proporciona a los alumnos?

 

Jorge del Río:

En primer lugar, descubren un espacio de convivencia creativa que no fácilmente encuentran allá afuera en la sociedad. Un espacio para ellos, su expresión, su realización. Los lunes a mí me gusta mucho comenzar mis clases con una breve plática, preguntándoles cómo ha sido su fin de semana, porque algunas de estas personas no tienen a quien platicarle o con quien compartir; construimos así una especie de familia extendida, con fuertes vínculos de sincero interés y afecto. En este proceso también encuentran un cauce emocional para expresar sus experiencias, sus anhelos, incluso sus temores, pero también sus deseos.

 

El teatro se debe insertar programáticamente en los planes de estudio de todas las escuelas

 

Y luego encuentran la técnica, la técnica nos va a ayudar en todo. Yo siempre he dicho que el teatro se debe insertar programáticamente en los planes de estudio de todas las escuelas, vayan a ser o no las personas actores o actrices. ¿Por qué? Porque lo que te enseña el teatro son cosas tan prácticas, por ejemplo, aprender a relajarte, a respirar correctamente, a concentrarte, a relacionarte, a manejar la atención, a manejar nuestras emociones, a convivir con armonía, tolerancia, respeto…

 

Todo esto ayuda a las personas, sin importar a qué se dedican; yo creo que hay muchos beneficios para el adulto mayor al entrar a un taller aquí. En mi taller hay personas que vienen nada más a escuchar, a ver qué es esto del teatro y por supuesto se vale. Pero hay otras que llegan con un gran anhelo de encontrar un lugar de sentido para ellas. Y a mí me da tanto gusto transmitir este saber a mujeres y hombres, amas de casa, esposas, madres, jubilados, profesionistas…

 

Algunos integrantes de la Compañía teatral Viejo Coliseo. Foto: T E

 

Como maestro también encuentras un sentido de vida en una alumna que cuando entró conmigo recién había muerto su esposo y sus hijos ya estaban grandes; ella estaba muy dotada para la pintura, pero desgraciadamente los químicos le causaron un problema de visión. Me ha dicho: “Bendito sea Dios que encontré el teatro, porque aquí también soy muy feliz”.

Curiosamente, algunas veces he encontrado más juventud en mi taller de adultos mayores, que en mis talleres para jóvenes.

 

Diario T E: ¿En qué sentido, Maestro?

 

Jorge del Río: En el sentido de su entusiasmo y como ya tienen más maneras de hacer las cosas, colaboran en todo; tienen una visión de equipo, ven el todo, cosas que no siempre las ven los jóvenes, con sus excepciones también.

Debido a la mayor expectativa de vida la sociedad ha cambiado mucho: tengo en mi salón a una alumna de 82 años, y está hecha un roble y en perfectas condiciones, y tengo a otra de 78 y lo mismo puedo decir de ella; varias más de 60 y tantos, y no das crédito a la fuerza, entusiasmo y energía que tienen, su capacidad de compromiso y su disposición para trabajar en equipo.

 

Diario T E: Es notoria la vertiente histórica de sus obras, se percibe en ellas un trabajo de investigación muy formal, gran sentido de identidad y pertenencia; ¿por qué esta preferencia por los temas históricos?

 

Jorge del Río: Pues mira, yo hice la primaria en una escuela de gobierno, mi adorada escuela Doctor Mariano Azuela, en Narvarte, estaba a dos cuadras de mi casa. Y desde allí se me enseñó la historia como un cuento, de una forma amena. Me acuerdo cuando aprendimos los nombres de los emperadores aztecas, al maestro se le ocurrió hacer una carrera de relevos, y cuando llegábamos cada uno nombraba al emperador que seguía… ¡Era todo tan lúdico, tan ameno, tan padre, y no se te olvidaban los nombres! Y luego lo principal: nos enseñaban lo que hizo cada uno, por ejemplo.

 

Yo creo que un buen principio para cualquier ciudadano es comenzar por amar a su país. Y lo empiezas a amar conociendo su historia

 

Entonces yo aprendí la historia de México de una forma muy bonita. Luego tuve la misma suerte en preparatoria, aunque desde secundaria tuve buenos maestros de historia. Cuando hice mi carrera en la UNAM, donde estudié Relaciones Internacionales, también leímos mucha historia. Todo eso me ayudó mucho, pero hay algo que me ayudó más: mis papás leían, y como mis papás leían, pues yo también leía. Y tuve un primo, mucho más grande que yo, que fue como una especie de mentor mío, ¡ le decíamos el “chaparro” porque era altísimo! Yo le caía muy bien, me decía “Prieto” porque según esto yo fui el único moreno de mi casa, y entonces me hablaba por teléfono: “Prieto, vámonos al centro”, allí me platicaba todo, y me compraba libros.

 

Jorge del Río, dramaturgo y director de teatro. Foto: T E

 

Otras veces me decía “toma, te traje este libro, ya sabes que tienes que hacer el comentario después”. Entonces se lo comentaba y cuando veía que lo había leído, me compraba otro y luego otro y luego otro. Yo desde niño supe de Guillermo Prieto, por ejemplo, de García Cubas o cosas así, que muchos compañeros míos no tenían ni idea. Entonces, como que me llegaba de muchos lados el amor a la historia, y en mi casa se respetaban mucho todas las tradiciones. En septiembre todos cantábamos el himno parados, saludando a la bandera y todo.

 

Diario T E: ¿Y usted siente que eso hace falta actualmente, Maestro? ¿Se han perdido estas tradiciones?

 

Jorge del Río: Como tantas cosas que se han perdido, May. Yo creo que un buen principio para cualquier ciudadano es comenzar por amar a su país. Y lo empiezas a amar conociéndolo. Tienes que conocer su historia que es también la tuya, eso es algo elemental.

Y yo ahora veo a tantos jóvenes que no saben de historia. No sé cómo pasan las materias, no sé qué clase de maestros tendrán. Y algo peor, esta oleada de nuevos dizque historiadores quieren decir ahora que todo fue mentira antes, y entonces ya no validan nada de nuestra historia, y ya no hubo Niños Héroes, no hubo nada.

Estoy de acuerdo con que se les enseñe que los héroes fueron hombres de carne y hueso, con sus debilidades y errores; creo que así se les admira más. Esto es un poco como los dioses griegos, que tenían sus defectos, pero por eso admirabas tanto sus cualidades. Si decimos que un dios es perfecto pues ya no hay que moverle nada, pero los héroes de la historia siguen siendo lo que fueron: seres humanos que con sus cualidades y defectos marcaron, hicieron y escribieron nuestra historia.

 

Una cosa es ser nacionalista y otra cosa (fea) es ser chovinista

 

Todo esto falta ahora, no puedes decir que eres nacionalista porque te lo toman a mal. Yo lo que digo es que una cosa es ser nacionalista y otra cosa ser chovinista, cosa muy fea. Pero sí es necesario un nacionalismo razonado, informado, uno debe empezar por amar a su país, amar a tu país no significa que no ames a otros países o a otras culturas, se complementa todo.

 

Diario T E: Y es por esta inquietud que usted empieza a escribir estas obras de corte histórico que conllevan largos procesos de investigación…

 

Jorge del Río: Así es, ayuda mucho mi pasión por la historia de México; creo que me gusta más la investigación que cuando escribo la obra. Al investigar, ¿sabes cómo lo veo? Como esos barcos, esas carabelas de antes, en medio del mar. Entre más lees, dices: me falta un montón, y eso te da motivo para hacer y para seguir investigando, lo que me hace muy feliz, pero llega un momento en el que debo parar. Porque dices: “Paro aquí, o ya no va a haber mi obra”. Eso me pasó con el tema de Maximiliano y Carlota, he leído tanto. Pero entre más leo, más me doy cuenta de lo que me falta por leer, y tengo pendiente escribir la obra sobre Maximiliano. La de Carlota ya la escribí, pero la de Maximiliano no la he podido escribir, porque no he sabido parar, es tan fascinante el tema, lees y lees y lees.

 

Además, entre más investigas te vuelves más responsable, y no puedo escribir una obra habiendo tanto material que todavía tengo que leer. Allí es donde me cuesta trabajo, un trabajo que disfruto.

 

Diario T E: Hay una responsabilidad entonces….

 

Jorge del Río: Mucha responsabilidad, la siento al escribir mis obras históricas, tras un largo proceso de lectura, de síntesis, de interpretación, porque no me gusta mentir. Me gusta que todo sea verdad, claro, hasta donde podemos saber. Al no ser la historia una ciencia exacta hay que considerar también la historia según cómo y quién la cuenta.

Una vez completa la investigación viene algo durísimo, situarse en la época, en la situación y en la piel de cada personaje: cómo hablaban – es muy importante para escribir los parlamentos- la nacionalidad, el género, la profesión, la edad, el estado de ánimo, el lugar.

 

Porque si Maximiliano está hablando en una reunión ministerial, no puede hablar igual que cuando está hablando con su secretario particular o personal, que era José Luis Blasio. También con quién está hablando – todo esto tienes que tomar en cuenta a la hora de escribir los parlamentos.

También practico una especie de justicia personalísima porque digo: cómo es posible que -por ejemplo- a las Insurgentas nadie las conoce a pesar de su relevante participación en la lucha por la Independencia y esto me lleva a investigar y escribir sobre el tema.

 

Para mí la cúspide de la perfección de la naturaleza es la mujer

 

Diario T E: Hay una pregunta que para mí es muy importante, para el momento de reivindicaciones que vivimos, la reivindicación de la tercera edad, y también de la mujer. ¿Es usted feminista?

 

Jorge del Río: Yo no sé cómo se le llame, pero para mí la cúspide de la perfección de la naturaleza es la mujer. Yo veo a la mujer, como un ser privilegiado. El sólo hecho de que en su ser se geste una nueva vida me parece extraordinario, un milagro.

 

Alegoría bailable de la República Española. Foto: T E

 

Ahora yo, en mi experiencia como maestro, te lo digo así: las mujeres son mucho más capaces de asumir responsabilidades que los hombres, y tienen una capacidad de organización y una visión de equipo y de grupo impresionante.

 

Casi todos mis personajes son femeninos, los principales. Por ejemplo, en “Las Adoradas de Villa” o en “Insurgentas” Me llegan más mujeres que hombres al taller, casi siempre son más.

 

Diario T E: Nos despedimos del Maestro Jorge del Río, agradecemos su tiempo y la generosa promesa de brindarnos otra entrevista.

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