A sus 91 años, una ilustre mujer mexicana propuso lograr un país más justo y democrático

 

  • La senadora Ifigenia Martínez demandó restituir facultades del Estado Mexicano para recuperar su rectoría de la economía
  • Los gobiernos neoliberales debilitaron al Estado mexicano
  • Propuso un nuevo Pacto político, económico y social
  • Aumentar los ingresos de las clases marginadas y separar el poder económico del poder político

 

Senadora Ifigenia Martínez.

 

Susana SÁNCHEZ.-A los 91 años, quien nació en la Ciudad de México el 16 de junio de 1930, la economista Ifigenia Martínez, senadora de la República, una de las estudiantes que participó en el movimiento estudiantil de 1968, permanente crítica de la concentración del ingreso nacional en pocas manos, demandó restituir facultades del Estado para recuperar la rectoría de la economía, que se perdió durante la etapa del país que se alineó al Consenso de Washington, por el cual se dictó las normas del modelo económico del neoliberalismo que propició el desmantelamiento del Estado mexicano.

 

La senadora Martínez habló de su presencia en esa colegisladora del Congreso Mexicano “para contribuir a consolidar la transformación de la vida pública, la cual, partiendo del combate a la corrupción y a la amplia protección a grupos sociales más desprotegidos, abarcará sustancialmente la solución de problemas estructurales para recuperar el crecimiento económico y lograr el bienestar social en un país más justo y democrático”.

 

En un largo discurso la senadora reconoció que aún queda un buen trecho del camino por recorrer, para lo cual “es vital la restitución al Estado democrático, de facultades para recuperar la rectoría económica, instrumentar las medidas para seguir el nuevo rumbo del país, volver a ampliar las acciones del Estado otorgando las disposiciones que actualmente limitan o perjudican a empresas productivas del país”.

 

Para la senadora Martínez “los argumentos de la libre concurrencia y la competitividad, heredadas de los gobiernos neoliberales que debilitaron al Estado, integraron un marco constitucional ilegal que es imperativo a actualizar y rectificar en cuestiones estratégicas, proceso que ya se ha iniciado con las iniciativas para fortalecer el carácter nacional y público del sector energético, sin perjuicio de la participación privada complementaria, adecuadamente regulada y justamente retribuida”.

 

La senadora por el Movimiento de Regeneración Nacional propuso la integración de un consejo económico y social, plural y democrático, en donde puedan escucharse todas las fuerzas económicas del país y su dirección y distribución de nuestro ingreso.

 

Un órgano plural, dijo, con representación de todos los sectores sociales del país: trabajadores, empresarios, académicos, servidores públicos, que cuantifique y analice las principales variables y económicas de nuestra realidad presente y las proyecte en un avance ordenado hacia un futuro que permita lograr, en forma democrática, el desarrollo económico y social de un país, de la población que ahora tiene y que seguramente va a aumentar.

 

Durante su discurso hizo una propuesta de diez puntos que incluyen un órgano plural con representación de toda la sociedad con la tarea fundamental en las que sobresalen:

 

* “Un nuevo pacto nacional político, económico y social sobre cada uno de los pilares de la cuarta transformación”.

 

*“Elaborar leyes para propiciar una mayor igualdad social, aumentando los ingresos de las clases marginadas y disminuyendo la concentración de la riqueza”.

 

*“La separación del poder económico del poder político debe significar la separación del gobierno de las oligarquías económicas y financieras, y un mayor acercamiento a las necesidades populares, utilizando toda la potencialidad económica del Estado”.

 

Senadora Ifigenia Martínez.

 

En su emotivo discurso, con numerosos aplausos del pleno senatorial, dijo que persistirá en “contribuir a la recuperación, rescate y renovación de nuestro sistema económico nacional, con el interés fundamental de contribuir al desarrollo económico y social del país, y al bienestar de todos los que estamos en este país, eliminando las enormes desigualdades que ocasiona la concentración de la riqueza y la dispersión de la pobreza, causantes también de la inmigración forzada de miles de mexicanos productivos”.

 

Ifigenia Martínez recibió, por el voto unánime de los senadores de todos los partidos, la Medalla Belisario Domínguez. Es una de las pocas mujeres mexicanos en recibir tan alta distinción del Congreso mexicano que lleva el nombre de un senador que fue asesinado cruelmente por condenar el cruento golpe militar que derrocó al presidente Francisco I,. Madero, durante la llamada decena trágica de febrero de 1913.

 

La actual senadora de la República fue directora de la ahora Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México, distinguida universitaria, maestra de generaciones de economistas mexicanos y quien desde su hogar recibió una educación ideológica y cultural de parte de su padre, oficinista, ferrocarrilero, de convicciones izquierdistas, y de su madre, el gran apoyo, para sus actividades académicas y sociales, y abandonó en la década de los ochenta el Partido Revolucionario Institucional (PRI) cuando ese partido cambió su ruta social y política por el neoliberalismo y se negó a cualquier intención de su democratización de su vida interna.

 

Ifigenia Martínez formó parte de la Corriente Democrática que junto con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo trató de democratizar al PRI cuando ya en el gobierno del entonces presidente Miguel de la Madrid (1982-1982) puso en marcha el desmantelamiento del Estado y colocar en la puerta de su gobierno la desnacionalización del petróleo, la minería y de la electricidad, su entrega empresas extranjeras y la privatización del ejido que llevaron a cabo los siguientes gobiernos del PRI y continuaron los gobiernos del conservador Acción Nacional.

 

Durante su discurso la economista Martínez, a sus 91 años ratificó su convencimiento de la necesidad de un cambio de rumbo ante el autoritarismo, el avance de la tecnocracia y el inicio del neoliberalismo”, que la llevaron a la lucha política, “ese anhelo significó el motor de cambio que nos impulsó en 1987, junto al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y al licenciado Porfirio Muñoz Ledo, entre otros distinguidos mexicanos de izquierda, a la creación de la corriente democrática que considero fue un parteaguas en la historia política de nuestro país”.

 

La senadora reiteró su convicción de militante política social, expresada durante el largo período de la globalización y el neoliberalismo en diversas legislaturas en las que ha participado, a seguir “luchando por un mundo más justo y equitativo en defensa de la soberanía económica en contra de la enajenación de riquezas y recursos nacionales, la privatización desmedida, la desregulación y liberalización económica en favor de una más justa distribución del ingreso y la riqueza entre todas las fuerzas productivas, especialmente de trabajadores de la ciudad y el campo”.

 

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