Por una cultura de la vejez 

Rafael ÁLVAREZ CORDERO 

rafael alvarez cordero

Es necesario impulsar el “empoderamiento gris”.
Javier Robles

Querido viejo: aquí hemos comentado una y otra vez la importancia de que nuestros años viejos sean los más productivos, los más agradables, los más respetados, los más respetables, y de cómo, a pesar de todo, hoy ser viejo todavía se asocia con ser inútil, obsoleto o caduco.

Y si revisamos la historia, el ser humano ha pasado por muchas épocas antes de que se reconocieran los derechos de todos; tú recuerdas bien cómo en la misma Grecia y la Roma Imperial los esclavos eran algo normal, se compraban y se vendían y sus dueños los maltrataban o los mataban como si fueran animales sin que nadie dijera nada; eso continuó en los albores de la vida en América, en donde se traían esclavos de África para trabajar en las plantaciones yanquis, y aún en el siglo pasado, los negros (me opongo a llamarlos afroamericanos, porque entonces los de África, ¿son afroafricanos?, no, son orgullosamente negros de África) no tenían todos los derechos y los han conquistado con determinación y con firmeza.

¿Y qué me dices de las mujeres, querido viejo?, por siglos fueron consideradas personajes de segunda y aun hubieron grandes discusiones entre los filósofos y los religiosos para decidir si las mujeres tenían alma; por siglos a las mujeres se les negó la entrada a las escuelas y universidades, y poco a poco reclamaron y se reconocieron sus derechos; recuerda que las mujeres no podían votar en las elecciones hasta la mitad del siglo pasado, y ahora hay en el mundo presidentas y primeras ministras.

Hoy, tanto los negros como las mujeres viven y actúan con pleno derecho, y por eso pregunto, ¿y los viejos?, ¿sabemos cuáles son nuestros derechos y los hacemos respetar?.

No es un asunto, querido viejo, de ir a una manifestación al Zócalo y llenar de consignas las calles, es por el contrario, un asunto de actividad diaria, actividad “hormiga”, diría yo, en la que cada uno de nosotros, cada hora del día nos ubiquemos como personas con toda la dignidad y derechos que el resto de los seres humanos y que actuemos en consecuencia.

De entrada es necesario lograr a nivel personal eso que se llama “empoderamiento”, saber que tenemos derechos y poder por el simple hecho de ser viejos, porque nuestro trabajo nos ha costado, porque vivimos nuestra juventud y madurez entregados a nuestra familia, a nuestro trabajo o empleo, porque de una forma u otra contribuimos al crecimiento y desarrollo de este país y porque merecemos ser tratados dignamente.

Cuando te das cuenta de esto, querido viejo, tu actitud hacia el mundo cambia, porque no estás pidiendo que por caridad te hagan caso o que como limosna te den unos pesos cada mes, al “empoderarte” estás exigiendo que haya un programa coherente del gobierno para prevenir y resolver los problemas de más de 13 millones de viejos del país, estás demandando que las políticas para la vejez sean una realidad y no sólo promesas de gobernantes que después se olvidan; tu empoderamiento hará que solicites que haya más universidades de la tercera edad, de las que ya hablamos y seguiremos hablando; que haya oportunidades de trabajo reales, que puedas seguir siendo útil en lo que sabes y que aprendas cosas nuevas que te permitan ser más independiente y ganar dinero; exigirás con razón y con razones que haya atención oportuna para tus achaques y que cuentes con los medicamentos necesarios para hacer más placentero cada día; que haya oportunidades de esparcimiento y no solamente te lleven en un autobús “de la tercera edad” a dar una vuelta a la ciudad; éstas y otras demandas las podrás hacer y eso servirá para que haya una cultura de la vejez.

Hay mucho que hacer, querido viejo, pero lo más importante es que des el ejemplo de vejez saludable y exitosa con todos los actos de tu vida, que lleves siempre esa sonrisa de quien sabe que cada día es importante y merece vivirse plenamente, y ¡ claro que podemos lograrlo, querido viejo!, tu participación y la de miles, millones de queridos viejos harán que pronto en México haya una buena cultura de la vejez.

                Médico y escritor

                Facebook: Bien y de buenas – Rafael Álvarez Cordero