Comprender y controlar el gran poder de las emociones

El 80% del éxito depende de la inteligencia emocional

 

Elda MONTIEL

Cómo vivir con mayor satisfacción logrando el control de nuestras emociones fue la propuesta de la especialista en psicología integral Patricia Aguilar Sarmiento a los asistentes al “Segundo Encuentro de Personas Adultas Mayores” que se llevó a cabo en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM,

Durante el evento se manejaron cifras: “en términos estadísticos tenemos 27,500 días de existencia y a partir de los 60 años de edad tenemos 22 años de esperanza de vida, así como el incremento  de los millones de adultos mayores que la población mexicana alcanzará en el 2050”, Patricia Aguilar solicitó a los asistentes borrar de sus mentes las  cifras y propuso “pensar positivamente en los años de experiencia que fortalecerán  nuestro futuro, el que  construimos día con día.”

Aconsejó: No dejarse llevar por los impulsos; no prejuzgar sino  mantener un pensamiento positivo; valorar adecuadamente las fortalezas y las debilidades; desarrollar la confianza en uno mismo,  así como la confiabilidad, la integridad, la  adaptabilidad; cumplir siempre lo que se promete; integrarse, no excluirse; no dejar objetivos inconclusos; interesarse por los demás; desarrollar el liderazgo para apoyarnos y apoyar a otros; ser amigables, negociar y actuar con ética fueron las propuestas de la sicóloga para vivir con calidad y con mayor satisfacción.

La especialista en terapia integral abordó el tema de la inteligencia emocional en el adulto mayor para mejorar la calidad de vida. Señaló a los asistentes: es una gran motivación que  decidan salir de su área de confort, de sus casas y ser activos  y participantes, en grupos afines o actividades sociales, como esta conferencia,   ya que el 80 % del éxito depende de la inteligencia emocional que es la capacidad para  comprender el gran poder de las emociones sobre la mente de uno mismo y de los otros; la importancia de las emociones en las interrelaciones humanas y, sobre todo, la capacidad para resolver los conflictos, internos y externos, separando las emociones y los  sentimientos de  la razón.

Al abordar el tema de las emociones  habló del enojo, el miedo, la  alegría, la ira, y cómo cada una de estas emociones tiene su función si se aprende a controlarlas. Nos  enojamos muy fácilmente por cosas sin importancia como por ejemplo; el vecino que saca a su perro a hacer sus necesidades o el automovilista que va con  exceso de velocidad, etc., agregó que existe la falsa percepción de que una persona que se enoja y se deja llevar por la ira es una persona de carácter, lo cual es inexacto. La persona que sabe controlar su ira, su enojo, esa persona sí tiene carácter.

Puntualizó que las emociones son importantes para el ejercicio de la razón. Entre el sentir y el pensar, la emoción guía nuestras decisiones, trabajando con la mente racional y capacitando —o incapacitando— al pensamiento mismo.

Citó a  Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo  y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”

Acerca de las funciones de las emociones indicó que el miedo nos prepara para alejarnos del peligro; la ira se presenta en situaciones injustas y aunque  no es placentera nos ayuda a actuar pero sólo si somos objetivos y  reflexivos, las emociones no nos permiten ver con claridad los problemas para solucionarlos adecuadamente.

Como características principales de la emoción señaló que: 1) Es una respuesta a un acontecimiento externo e interno. 2) Tiene elevada intensidad y corta duración. 3) Genera modificaciones fisiológicas significativas. 4) Surge espontáneamente, nos predispone y, por ello, nuestra respuesta puede ser incorrecta. Sin embargo, cuando las emociones van acompañadas de procesos evaluativos cognitivos se convierten en sentimientos,  que al racionalizarse  se convierten en sentimientos que van a ser duraderos y perdurables.

La sicóloga Patricia Aguilar convocó a los asistentes a ser más reflexivos con sus emociones, ya que si bien nos ayudan a tomar decisiones hay que ser cautelosos y evitar los prejuicios;  los juicios anticipados, dijo, casi siempre son equivocados.

Señaló que la familia es el punto central de nuestras emociones, por eso  es el contexto de aprendizaje en el que podemos y debemos aprender y enseñar emociones positivas que permitan disfrutar la vida a todos, padres, hijos, hermanos,  etc.

Aguilar habló de la conciencia emocional y enfatizó la necesidad de desarrollar  competencias emocionales: la confianza en sí mismo, el autocontrol, la  tolerancia a la frustración que se facilita porque los adultos mayores tienen mucha experiencia y han aprendido más para gobernarse mejor. Es importante ser uno mismo porque imitar a otros  tiene sus riesgos. Asimismo dijo que  la motivación del logro y esforzarse por mejorar en lo que uno haga son actitudes  excelentes para el crecimiento emocional. Tener iniciativa, apremio para actuar cuando se presente la ocasión, aprovechar las oportunidades y lograr los objetivos positivos son actitudes que pueden ser aprendidas y enseñadas; en cambio hay que evitar la tensión emocional prolongada ya sea en la familia o en el trabajo, pues ésta  puede obstaculizar las facultades intelectuales y emocionales de las personas, desarrollar actitudes impulsivas, desorganizadas, problemáticas   y/o violentas.

Con una audiencia al 100% y las acertadas observaciones de la moderadora Victoria González García ésta fue la primera conferencia magistral del exitoso Segundo Encuentro de Personas Adultas Mayores de la Escuela Nacional de Trabajo Social, ENTS, de la UNAM.

 

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